La mirada desde Vilnius- Por Viktor Denisenko

Los conservadores recuperan el poder en Lituania

 

Después de la segunda de las elecciones en las circunscripciones de un sólo representante, quedó clara la composición final del parlamento lituano. Tras ocho años de gobierno por una coalición de centro-izquierda, los conservadores han vuelto al poder, y lo harán en coalición con las fuerzas de derecha (el acuerdo pertinente ya ha sido firmado).

Los conservadores ya ocupan 80 asientos de los 141 del nuevo parlamento, después de haberse unido el Partido de la Resurreción Nacional (Tautos prisikėlimo partija) y dos fuerzas políticas tradicionales, la Unión Liberal y de Centro (Liberalų ir centro sąjunga) y el Movimiento Liberal de la República de Lituania (Lietuvos Respublikos liberalų sąjūdis). Se espera  que algunos candidatos independientes tambien se unan a la mayoría gobernante. La orientación de la nueva coalición puede ser descrita como de centro-derecha.

El responsable de formar el nuevo gobierno es el líder de la Unión Patriótica (Tėvinės sąjunga), Andrius Kubilius. A la vez, algunos esperan que el puesto de Presidente del Parlamento será ocupado por el antiguo showman Arünas Valinskas.

Los resultados han mostrado que los electores estaban decepcionados con los Socialdemócratas (Lietuvos socialdemokratų partija) y sus socios, que han permanecido en el poder durante los últimos ocho años. A pesar de que el Gobierno dimisionario del socialdemócrata Gediminas Kirkilas asegura que ha cumplido todos sus compromisos y planes, los lituanos no están de acuerdo. Es llamativo que, hace ocho años, los conservadores perdieron el poder de la misma manera, alienándose el apoyo popular.

El presidente, Valdas Adamkus, espera que la nueva coalición logre poner en marcha las reformas necearias, pero no siempre muy populares. Los expertos aseguran que el primer desafío para la coalición gobernante será el debate sobre los presupuestos del año que viene.

Todavía es difícil adivinar la fortaleza de la nueva coalición. Por un lado, tiene muchas posibilidades de tener éxito. La mayoría estable el parlamento debería permitir una toma de decisiones fluida. Sin embargo, algunos analistas políticos argumentan que pueden surgir problemas muy serios que pueden erosionar la coalición. Apuntan que la nueva coalición no está unida por afinidades ideológicas (la ideología del Partido de la Resurrección es todavía un gran puzle), sino por esferas de influencia política. En este momento, buena parte de la guerra de las ambiciones está presente, y la oposición puede utilizarlo en el futuro.

De todas formas, un cierto periodo de “espera expectante” ha comenzado. Sólo hay una cosa de lo que estar seguros: la eficacia de la nueva coalición quedará reflejada en el traajo de los nuevos parlamento y Gobierno.

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La mirada desde Vilnius- Por Viktor Denisenko

Perspectivas arco iris

 

A medida que se acercan las elecciones legislativas del próximo 12 de octubre, surgen más y más predicciones acerca de qué fuerza política puede ganar y dominar en el parlamento. Sin embargo, predecir es una tarea ingrata porque ya está claro que ningún partido obtendrá una victoria absoluta. Por tanto, varias fuerzas políticas tendrán que acordar una coalición una vez más, lo que no es tan fácil. La historia ha demostrado que incluso los acuerdos de coalición no garantizan estabilidad bajo ciertas condiciones. Por ejemplo, el llamado “gobierno en minoría” que rige Lituania hoy en día se formó tras la crisis gubernamental de 2006, con la coalición de el Partido Socialdemócrata de Lituania y la Unión Popular de Campesinos Lituanos (junto a otras fuerzas políticas), con cierto apoyo del opositor Unión Patriótica (conservadores lituanos).

Aparentemente, el complejo proceso de formación de una nueva coalición es inevitable en estas circunstancias. La pregunta es qué aspecto tendrá. Dos partidos de ideologías opuestas son los más populares en Lituania, los ya mencionados Partido Socialdemócrata y la Unión Patriótica. Superan la barrera del 5%, la Unión Popular de Campesinos y algunos partidos de derecha (las uniones Liberal y de Centro y otros) suelen alcanzar el parlamento también. Además, algunos partidos populistas que se presentan “por el poder” no obtienen malos resultados. Sus eslóganes brillantes pero irrealizables suelen atraer a los sectores más decepcionados de la sociedad.

A comienzos de esta semana, durante una rueda de prensa por Internet organizada por el mayor portal informativo, Delfi, el presidente Valdas Adamkus dijo algunas palabras sobre el aspecto que podría tener la próxima coalición gobernante. Dijo preferir una coalición de aquellos partidos ya curtidos en procesos democráticos. Adamkus no descartó la posibilidad de la llamada “coalición de arco iris”, que puede ser formada por partidos de ideologías opuestas.

Podemos sugerir que los partidos tradicionales deberían tomar las palabras del presidente como una exhortación. La coalición y cooperación entre partidos expertos (aunque contemos la experiencia en los menos de 20 años tras las restauración de la independencia) es necesaria para oponerse a las crecientes listas populistas, ya que su acceso al poder es indeseable por razones evidentes.

Una coalición arco iris eficaz podría ser un signo de madurez del sistema político. Desafortunadamente, es bastante frecuente que los partidos no sean capaces de resolver sus diferencias ideológicas por el bien común. De hecho, si aparece esta coalición tras la elecciones, difícilmente será estable y eficaz. Para una colaboración productiva entre políticos, tendrán que renunciar a sus ambiciones y prejuicios personales, lo que puede parecerles muy duro.

La mirada desde Vilnius- Por Viktor Denisenko

Los nacionalistas se envalentonan más y más

 

En esta última ocasión, el problema del nacionalismo se ha hecho más visible en Lituania. Para ser precisos, el problema no es tan serio ni está tan extendido como en otros países europeos, pero a veces se hace notar entre los lituanos.

El primer debate público serio sobre el problema tuvo lugar después del 11 de marzo de este año. Ese día, en el que celebramos el Día del Acta de Restauración de la Independencia de Lituania, jovenes nacionalistas marcharon por la avenida principal de Vilnius. Los asistentes gritaron consignas contra las minorías nacionales que viven en Lituania. La manifestación fue condenada por los principales políticos del país y provocó un intenso debate en la sociedad.

El pasado 23 de agosto, en el aniversario del pacto Molotov-Ribbentrop que selló el destino de los estados bálticos antes de la Segunda Guerra Mundial, los nacionalistas convocaron una nueva manifestación. Fue una ironía del destino, pero se congregaron en torno al monumento al famoso poeta polaco Adam Mickiewich (1798-1855), que vivió en Lituania por unos años. Lo fue porque se guiaron por una analogía histórica: aquel fue el punto exacto donde comenzaron a reunirse los primeros manifestantes que protestaron contra la tragedia de Lituania, Letonia y Estonia, cuyo comienzo marcaron los protocolos secretos de aquel pacto.

A pesar de que los nacionalistas son minoría en la vida pública y politica de Lituania, existe preocupación porque cada vez defienden sus ideas más activamente y en público. Su ideología no es distinta a la de otros movimientos similares en otros países: intolerancia hacia otras naciones, odio racial, homofobia, hostilidad hacia los inmigrantes  por trabajo, etc.

Después de la marcha del 11 de marzo, el presidente Valdas Adamkus afirmó que aquellas consignas eran inadmisibles en un país libre y democrático. Los otros miembros del gobierno le secundaron. Pero no todos los actores políticos rechazaron tener lgo que ver con los jóvenes nacionalistas. Por ejemplo, Romunaldas Ozolas, famoso por sus posturas polémicas en muchos temas y uno de los que firmaron el Acta de Independencia de Lituania en 1990, no sólo estaba presente el pasado 23 de agosto, sino que también pronunció palabras de apoyo a la ideología nacionalista. Sin embargo, resulta ser una excepción entre la clase política.