¿Por qué sigue cayendo el rublo bielorruso?- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

El tema principal en Bielorrusia desde el 2 de enero es el tipo de cambio y la estabilidad del rublo bielorruso. Ese día, muchos ciudadanos fueron sorprendidos por una devaluación inesperada del 20,5% de la divisa nacional ¿Por qué sólo muchos y no todos? Como la mayoría no tiene acceso a medios de comunicación independientes, y los canales nacionales no le dieron mucha importancia a la noticia, se encontraron con la devaluación varios días después.

banconacionaldebielorrusia2La operación financiera resultó ser extremadamente cínica. Sin el análisis de expertos o cobertura informativa hasta el 5 de enero. Tan sólo una breve mención noticiosa, como si nada hubiera ocurrido. El informativo de la noche en el principal canal nacional ni siquiera mencionaba la devaluación. La apertura consistía en la inauguración del torneo de hockey de Navidad con premios otorgados por Lukashenko.

Entre tanto, los ciudadanos de Bielorrusia perdían hasta 1.000 millones de dólares en una sola noche. Esta suma es el 20,5% de los ahorros que la gente tiene depositados en rublos bielorrusos en los bancos del país. Una quinta parte de los ahorros de los ciudadanos ha sido sacrificada por un error económico del Gobierno. 

Lukashenko había asegurado a los ciudadanos que no habría devaluaciones importantes de la divisa nacional. El 23 de diciembre pasado respondía así a un periodista: “A día de hoy, lo más importante es mantener la estabilidad. La estabilidad del rublo y la de todo el el sistema financiero. Hemos alcanzado los 2.200 (rublos por dólar) ¡Ya basta! Hasta aquí hemos llegado. Se lo hemos prometido a nuestro pueblo. Y se lo he dicho al director del Banco Nacional… ténganlo presente y Dios no lo quiera que rompa mi promesa. El año que viene, un 5% menos… mantenga este 5% de 2.200”.

El objetivo principal de la devaluación es reducir la pérdida en las reservas de oro y divisas del país. En otras palabras, impedir que la gente venda rublos por dólares, euros o rublos rusos. Muchos expertos señalan una devaluación del 20% no es suficiente para mejorar una situación con una balanza de pagos muy negativa. Sin embargo, puede haber sido bastante para hacer perder crédito a la divisa nacional. La historia muestra los ejemplos de Rusia y Ucrania en el pasado: basta que un 30% de los ciudadanos retire sus ahorros del banco para que el sistema bancario se desplome. Esto explica las apariciones de representantes del Banco Nacional en la televisión pública asegurando a los bielorrusos que no habrá más devaluaciones.

‘Renominalización’

El jefe del Departamento de Seguridad Informativa del Banco Nacional, A. Drozdov, desmintió como falsos rumores las informaciones acerca de una posible renominalización [reforormulación de la moneda a partir de su valor anterior, dando como resultado una nueva unidad por valor de varias de la anterior] de la divisa. Sin embargo, el pueblo tiene una memoria reciente muy vívida para dejar de creer en las autoridades, ya que Lukashenko les aseguró a lo largo de diciembre que la variación de la tasa de cambio no pasaría del 5%, para aprobar posteriormente una devaluación del 20,5%. De modo que muchos no creen ya y los rumores acerca de una posible y cercana renominalización se extienden con rapidez.

Renominalización es término familiar para muchos bielorrusos. Ya ha ocurrido dos veces desde la independencia: una en 1992 y la otra en 2000. Lo interesante esta vez es la posibilidad de la paridad entre los rublos ruso y bielorruso. Como 29 rublos rusos y 2.700 bielorrusos equivalen en este momento a un dólar, la paridad requeriría una mayor devaluación del rublo bielorruso y una renominalización de dos “ceros” para hacerlo similares a la divisa rusa.

Hace un par de meses, Putin expresó su creencia en que el rublo ruso se convertiría en la moneda regional. Más aún, el nuevo precio del gas ruso para Bielorrusia en 2009 no ha sido anunciado todavía ni por Minsk ni por Moscú. Las negociaciones están todavía en proceso y deben estar siendo bastante tensas. El lado ruso puedo aprovechar esta situación para presionar a Lukashenko a que admita al rublo ruso como moneda común de la llamada Unión de la Federación Rusa con Bielorrusia.

Imagen: Edificio del Banco Central de Bielorrusia en Minsk (Banco Nacional de Bielorrusia)

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Lukashenko, obligado a dar un paso atrás- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

Acostumbrado a jugar entre Occidente y Rusia y a obtener considerables beneficios económicos de ésta asegurando ser su principal aliado, Lukashenko ha limitado extremadamente sus opciones. Sus relaciones con la elite rusa comenzaron a decaer a partir del conflicto petrolífero de finales de 2006.

lukashenjo-medvedevDurante la cumbre informal de San Petersburgo, Medvedev [el presidente ruso] encontro tiempo para reunirse personalmente con todos los líderes de la CIS, salvo Lukashenko. Él, por su parte, siguió comportándose de modo desafiante. En diciembre, su visita a Moscú, planeada de antemano, para la reunión del Consejo Superior de la llamada Unión [entre Rusia y Bielorrusia] fue pospuesta. La prensa rusa anunció que la cancelación del encuentro se debió a que la parte bielorrusa decidió incluir de pronto el asunto del gas en la agenda. Hace unos días, abandonó una sesión de la Asamblea Parlamentaria Ruso-Bielorrusa para irse a un pueblecito en Bielorrusia. Hay que destacar la presencia de los presidentes de los parlamentos de Osetia del Sur y Abjazia en aquella reunión. Al aprecer, Rusia espera que el parlamento bielorruso controlado por Lukashenko reconozca la independencia de estos estados autoproclamados.

Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba y enero, el plazo para concretar un nuevo precio para el gas, se acercaba, Lukashenko tuvo que coger el teléfono, llamar a Medvedev y proponer una visita para ayer.

El presupuesto de Bielorrusia para 2009 estaba calculado contando con un recio de 140 dólares (unos 100 euros) por cada mil metros cúbicos de gas, lo que resulta bastante sorprendente e incongruente si tenemos en cuenta que, según los cuerdos firmados por ambas partes, el precio a partir de enero de 2009, debería rondar los 200 dólares (unos 140 euros). Varios expertos aseguran que este precio resulta catastrófico para la economía. Y, en la medida en que el precio del gas es más bien un asunto político más que económico en las relaciones bielorruso-rusas, en el sentido de que alimenta la fidelidad política, las autoridades de Minsk esperan acordar un precio menor a cambio de ciertos acuerdos en las relaciones.

Situación delicada

Por un lado, el precio del gas podría mantenerse al mismo nivel o crecer al margen de la la tercera caída consecutiva del precio del petróleo. Por el otro, los directivos de Gazprom han anunciado que no ven razones para venderle el gas a Bielorrusia por menos de 200 dólares.

El martes pasado, las declaraciones de Lukashenko acerca del gas fueron eliminadas o tuvieron una presencia marginal en las agencias de noticias oficiales. Había dicho que las negociaciones son duras cada año y que este no iba a ser distinto. La omisión de estas fechas puede entenderse si uno piensa que este conflicto, a diferencia del de 2006, supone una amenaza mucho mayor para Lukashenko dada la situación económica actual.

Hace dos años, el intento de hacer que Rusia mantuviera un precio bajo desato el pánico en la sociedad acerca de la posible devaluación de la moneda bielorrusa. Los ciudadanos vendieron mucha moneda cambio de divisas extranjeras, pero esto apenas supuso un problema. Causar problemas en las negociaciones supone un alto riesgo en un momento en que Bielorrusia está perdiendo 500 millones de dólares (unos 358 millones de euros) mensuales en reservas de oro y divisas, siendo estas de tan sólo 2.000 millones de dólares (unos 1.433 millones de euros) por el momento. Cualquier afirmación fuera de tono puede tener consecuencias catastróficas para el sistema bancario. Y los problemas económicos están poniendo en su lugar al que fuera un dictador seguro de sí mismo.

Imagen: El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko (a la izquierda), estrecha la mano del ruso Dimitri Medvedev a su llegada ayer a Moscú (AP vía Daylife)

La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

 

¿Legitimará la UE al brutal gobierno bielorruso?

 

Ninguna de las elecciones celebradas en Bielorrusia desde 1996 ha sido reconocida por Occidente. Pero el 28 de septiembre habrá elecciones parlamentarias y la situación podría cambiar. El escenario en que la UE legitima a las actuales autoridades bielorrusas podría darse a medida que ciertos círculos empresariales, políticos y analistas maniobran para lograrlo. El pastel que buscan son los beneficios del proceso de privatización, que pronto comenzará en una economía sumida en un declive desesperante. Incluso el primer ministro lituano, Gediminas Kirkilas, (Lituania ha sido uno de los apoyos más continuados del movimiento democrático en Bielorrusia) se ha reunido con su homólogo bielorruso Sergey Sidorsky, a pesar de que reunirse con altos funcionarios bielorrusos más arriba del vicepresidente contradice la política general seguida por la UE hacia Bielorrusia.

La misma política de apaciguamiento que los países occidentales siguieron con la Alemania de Hitler a finales de los años 30. Por entonces, favorecieron la actitud agresiva de una Alemania que provocó la Segunda Guerra Mundial. Por ello, hay que mencionar que Lukashenka ha lamentado en público el desarme atómico que Bielorrusia acordó a principios de los 90. No hace mucho, algunos políticos rusos expresaron su deseo de situar misiles en Bielorrusia en respuesta a los de los americanos en Europa Central.

¿Ha dado Bielorrusia pasos para que la UE cambie de idea? Difícilmente podemos decirlo. Sólo ha liberado a tres prisioneros políticos. No ha habido avances ni en los procedimientos electorales ni en la democratización desde las últimas elecciones parlamentarias. Las elecciones en Bielorrusia todavía distan mucho de los estándares de la OSCE, igual que hace cuatro años. Incluso la Convención sobre Elecciones de la Comunidad de Estados Independientes fue ratificada y adoptada por todos los estados miembros salvo Bielorrusia y Tayikistán. Los comités electorales mantienen a los mismos miembros en un 80% de los casos. Esto quiere decir que las mismas personas que falsificaron las elecciones anteriores, repetirán su “éxito” una vez más.

A Lukashenka le dan igual los procedimientos democráticos. El sistema que ha creado arroja a la gente a prisiones horribles sólo por formar parte de ONGs no registradas (y registrar una es a menudo irrealizable), organiza juicios por exhibir y sacar a la calle la bandera nacional bielorrusa [la actual es la anterior bandera soviética bielorrusa modificada, N. del T.], prohibida oficialmente, y apalea brutalmente a la gente en manifestaciones pacíficas.

La oposición está fragmentada y desorganizada. A cada demanda del Consejo Político de las Fuerzas Democráticas Unidas (que incluye a cinco partidos y a varios movimientos cívicos), las autoridades responden con escupitajos de desprecio y más represión. En un principio, lo miembros del Consejo afirmaron que no participarían en las elecciones si no se introducían cambios en la ley electoral. Tras ser ignorados por las autoridades, pidieron incluir delegados en los comités electorales. Como resultado, los miembros de la oposición constituyen ahora un 0,07% de los miembros de esos comités. Y el consejo todavía discute si boicotear o no las elecciones, decisión que ha pospuesto hasta el 21 de septiembre.

Algunas fuerzas políticas piden el boicot y la retirada de los candidatos demócratas. Ese sería un duro golpe a la farsa electoral, ya que los candidatos demócratas constituyen un 40% del total. En este momento, sólo una media de 2,5 candidatos compite por un escaño. En algunos distritos electorales, las “elecciones” se celebrarán sin alternativa. 

En realidad, muchos bielorrusos desconfían de la política e ignoran las elecciones: el 90% de los ciudadanos desconoce el nombre de los candidatos en su distrito electoral. Pero las autoridades fuerzan a menudo a votar a estudiantes, soldados, trabajadores de <i>koljós</i>, pacientes en hospital y a funcionarios a votar por adelantado. Sino, son amenazados con el desalojo, con castigos o expulsiones.

¿Qué significaría la legitimación para el país? En primer lugar, supone un gran desafío para la misma independencia de Bielorrusia. Rusia tendría una gran oportunidad legal para forzar la creación de un estado unido e incorporar a Bielorrusia en contra de los deseos de la mayoría de sus ciudadanos. La legitimación supondría que la Unión Europea descuida los valores democráticos y falta al respeto a los miles de bielorrusos víctimas de la represión política y a las familias de los políticos bielorrusos de la oposición desaparecidos misteriosamente hace ya varios años. Todo por un pedazo de la economía del país.

 

Imagen: Bandera original de la República Bielorrusa de 1918, adoptada de nuevo entre 1991 y 1995.