La mirada analítica- Por Eithne MacDermott

¿Qué ha pasado con Rusia?

(read it in English)

La respuesta rusa -desproporcionada, excesiva, vengativa- a la invasión de Osetia del Sur fue diseñada para mucho más que echar a Georgia de Osetia del Sur, en una acción que, si sólo se hubiera quedado en eso, no habría pasado de una distracción de las Olimpiadas ni de un episodio más de la ya proverbial temporada tonta de la región. En lugar de eso fue mucho más allá: invadió la misma Georgia y ridiculizó la (reconocidamente histriónica e ineficaz) diplomacia y la tregua negociadas por el presidente francés y presidente de turno de la Unión Europea, Nicolas Sarkozy. De hecho, la reacción estaba planeada al detalle para destruir la capacidad militar de Georgia, arruinar sus infraestructuras y enviar un mensaje siniestro sobre la potencial falta de seguridad para las rutas de petróleo y gas que atraviesan Georgia. Precisamente las mismas rutas que son planteadas como alternativas a aquellas bajo control ruso.

También, desde luego, pretendía ser una humillación pública para el autosuficiente, tirando a impulsivo, y fotogénico presidente Mijaíl Saakashvili, un muchacho ejemplar en valores democráticos occidentales, visto como un caballo de Troya por los meditativos rusos. De hecho, es odiado personalmente por el primer ministro ruso, Vladimir Putin, de quien se dice que es una persona fría y comedida, pero que “se le va” al oír el nombre de Saakashvili. Un odio cordialmente correspondido por Saakashvili, que detesta a Putin y se refiere a él como Liliputin, un mote que, imprudentemente, ha llegado a los oídos del mismo Putin. “Gracias por Stalin”, le dijo una vez con ironía Putin a Saakashvili durante una conversación anterior. “Usted sí que le está agradecido”, respondió suavemente Saakashvili. Las relaciones personales importan en la política, en contra de lo que algunos teóricos nos quieren hacer creer.

Pero sobre todo, la respuesta rusa estaba diseñada para enviar un mensaje a Occidente para que se lo pensara dos veces antes de expandir la OTAN hacia el Este y para que Georgia volviera a la realidad: aunque sus ideales de filosofía política apunten al Oeste, la geografía dictamina que Georgia permanece todavía en la esfera de influencia rusa. Esta respuesta muestra claramente que Rusia ha vuelto y que va a ejercer su derecho percibido a dar su opinión -por la fuerza, si hace falta- en las áreas que considere que caen dentro de su esfera de influencia.

Las consecuencias de Kósovo

Había otras razones para la respuesta rusa. El irreflexivo reconocimiento de Kósovo a principios de este año, en contra de las vehementes protestas de Rusia, ha reforzado el resentimiento ruso. Rusia se ha sentido ignorada y ninguneada, como lo ha venido siendo desde la caída de la Unión Soviética. El Gobierno de Moscú ya avisó de que el reconocimiento de Kósovo traería consecuencias. A pesar de que la gran mayoría de los kosovares negaban el derecho del Gobierno serbio de Belgrado a regirles, Kósovo era de iure parte de Serbia. El reconocimiento tuvo lugar a pesar de las muchas objeciones de Serbia, un estado soberano bien constituido y un antiguo aliado tradicional e histórico de Rusia.

Lo inquietante fue que ésto también introdujo el principio de desmembración de una nación soberana si parte importante de su población en una región concreta niega la autoridad del estado soberano para regirles. En ese sentido, las fronteras han cambiado en Europa desde 1945, pero sólo con el consentimiento del estado implicado (Alemania en 1990, o la disolución de Checoslovaquia en 1992), o, si éste había desaparecido (como ocurrió con la implosión, entre otras cosas, de la antigua Yugoslavia en los ’90). Sin embargo, el reconocimiento de Kósovo cambió las reglas, ya que desde entonces las fronteras de una nación soberana podían ser alteradas en contra de su voluntad si una parte significativa de una región cuestionaba su autoridad y buscaba fuera apoyo para sus reivindicaciones. Así, Rusia tenía a mano este argumento para reconocer Osetia del Sur y Abjazia.

Caída y resurgir de Rusia

Sin embargo, la razón más importante de todas fue la humillación rusa mezclada con una necesidad desesperada de respeto, ambos surgidos de las caóticas condiciones de los ’90 y de la caída de la Unión Soviética. La vieja Unión Soviética había perdido un imperio, y una ideología, y el estado que la sucedió, Rusia, desprovisto de su pantalla de países satélite, no había logrado encontrar su camino para reemplazar lo que había perdido. Ni un camino que la volviera respetable.

Las formas que tomaron la democracia, la reforma del mercado y la privatización durante el periodo del capitalismo del Salvaje Este de los barones ladrones en los ‘90 han contaminado y ensuciado las ideas de democracia y liberalización del mercado en Rusia. Las condiciones económicas eran tan lamentables que el estado no pudo cumplir con sus obligaciones de deuda exterior en 1998 y el rublo se devaluó drásticamente en consecuencia. Los salarios públicos y las pensiones quedaron sin pagar, el asesinato se convirtió en un problema cotidiano para los ricos y poderosos (y también para los periodistas de investigación, banqueros y parlamentarios) y la corrupción se volvió endémica a medida que las organizaciones, burocracias, institutos y universidades trataban de llegar a fin de mes en un estado en que las estructuras se habían derrumbado.

Este era el mundo que, al principio involuntariamente, le tocó regir a Vladimir Putin cuando fue nombrado para suceder a Boris Yeltsin en diciembre de 1999. En el mundo que trató de controlar y, sobre todo, de estabilizar mínimamente, esto significaba fortalecer la seguridad dentro del estado, controlar la política y asegurar las fronteras del país. Más adelante, cuando las cosas mejoraron -y el Gobierno terminó de pagar la deuda exterior en 2005- su Gobierno aumentó el control sobre los recursos energéticos del estado y, finalmente, se sintió lo suficientemente fuerte como para dar opiniones cada vez más irascibles sobre asuntos internacionales. Especialmente en aquellos relacionados con su Exterior Cercano, aquellos estados que solían estar bajo el mando de Moscú, o, al menos, bajo su influencia.

El cerco de la OTAN

Porque, mientras el viejo Imperium había dejado de existir, el viejo enemigo, la OTAN, había avanzado más todavía hacia el Este, o así debió de parecer en la amargada visión rusa. Los primeros en unirse fueron los países del viejo Pacto de Varsovia -el viejo Exterior Cercano: Polonia, la República Checa, aquellos países países del centro y el Este de Europa que habían sufrido la ocupación soviética desde 1945. Fueron seguidos por los  Países Bálticos, antiguos miembros forzados de la propia Unión Soviética. Después, con la Revolución de la Rosa en Georgia en 2003 y la Revolución Naranja en Ucrania en 2004, ambos países anunciaron su intención de buscar refugio bajo el paraguas de la OTAN a la primera oportunidad.

Las revoluciones de colores, tal y como ocurrieron y la forma en que lo hicieron en los que fueron estados de la antigua Unión Soviética, cambiaron la dirección y la expresión de la política exterior rusa. Ellos se veían como estados democráticos e independientes con el derecho soberano a decidir su propio futuro. Rusia los veía como agentes de Occidente, caballos de Troya; mientras que el Oeste se comportaba de forma traicionera, buscando rodear a Rusia con una resucitada alianza militar, la OTAN, diseñada originalmente para constreñir a Rusia, mientras afirmaba que sólo buscaba la colaboración, especialmente en asuntos como Irán, Afganistán y Corea del Norte. Los miedos históricos a ser cercados detonados por el resentimiento moderno y las viejas rivalidades caucásicas (alimentadas por todas las partes) crearon la sucesión de engaños que ha sido la aventura georgiana.

Desde luego que el Gobierno ruso provocó a Georgia a través de las acciones de sus delegados en Osetia del Sur y le tendió una trampa; pero el Gobierno georgiano no estaba obligado a responder con una invasión excepcionalmente impulsiva. Saakashvili trato de forma inepta de tender su propia trampa. Los asesores militares de EE.UU. no son lo mismo que la ayuda militar norteamericana para un ejercito pequeño y entusiasta. Sin embargo, sí ha ganado una parte del conflicto: la de las relaciones públicas. Desaliñado, guapo, fotogénico, políglota y disponible a todas horas para los medios, Saakashvili concedió varias entrevistas a una prensa occidental bastante poco inquisitiva. El contraste con los rusos fue sorprendente, ya que negaban el acceso a la zona del conflicto y su duunvirato, presidente Medvedev- primer ministro Putin, no estuvo disponible para la prensa hasta pasados quince días.

La nueva situación

A corto plazo, los rusos han ganado. Han anunciado su vuelta a la escena mundial en sus propios términos; han mostrado su capacidad para pelear una guerra súbita y rápida (es revelador el contraste con EE.UU.); han afirmado su derecho a intervenir -por la fuerza si es necesario- en zonas que consideran de interés nacional; han mostrado la impotencia de la retórica de EE.UU.;  y han revelado la incapacidad de la OTAN para proteger a un estado que quiere ser cliente; el desorden y la falta de unidad en la Unión Europea; y la potencia económica de Rusia (apoyada en gran medida en sus recursos energéticos y el control sobre las redes de distribución). También han concluido que, cualesquiera que sean las sanciones que Occidente les pueda imponer, no es probable que tengan mucha importancia. Putin ya ha argumentado que la entrada en la OMC no habría beneficiado a Rusia de todos modos; toda vez que parece bastante ridículo imaginar al G-8 expulsando al mayor país del mundo, dueño de las mayores reservas de gas y las segundas más importantes de petróleo.

A pesar de todo, la percepción pública es que los rusos han perdido la batalla. Ha habido otras consecuencias, no todas positivas. Cayó más sal en la herida rusa cuando aquellos países que razonablemente esperaban que fueran amistosos buscaron distanciarse del apoyo a Rusia (China, India y los distintos istanes de Asia Central). La bolsa de Moscú tuvo una soberana caída, perdiendo miles millones de dólares y el rublo se ha devaluado. Rusia ha quedado aislada, es vista con desconfianza y disgusto, una posición muy familiar para su torturada historia y ha confirmado a aquellos que buscan refugio en las certidumbres de la Guerra Fría. Sin embargo, esto no es la nueva Guerra Fría. El periodo donde podemos encontrar un paralelismo es, más bien, el siglo XIX, cuando varios imperios y países poderosos trataron de mostrar su autoridad en zonas del globo que veían vitales para sus intereses nacionales. Las llamaron esferas de influencia. 

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Rusia desafía a Occidente con el posible reconocimiento de las regiones separatistas georgianas (resumen de prensa)

·Rusia se retirará de varios acuerdos previos para el acceso a la Organización Mundial del Comercio

·El presidente ruso relaciona la solución del conflicto del Transdniéster con la guerra por Osetia del Sur

·Sarkozy convoca una cumbre especial de la Unión Europea para tratar la situación en Georgia

·EE.UU. y la UE mantienen sus críticas a la ocupación rusa del puerto de Poti

Las dos cámaras del parlamento ruso aprobaron ayer resoluciones instando al presidente ruso, Dimitri Medvedev, y a los parlamentos del mundo a reconocer a Osetia del Sur y a Abjazia como estados independientes. La decisión queda en manos de Medvédev. Las resoluciones pueden ser utilizadas como medida de presión sobre occidente, ya que el partido presidencial, Rusia Unida, controla ambas cámaras y la resolución ni se habría planteado sin la aprobación del liderazgo ruso. De este modo, Rusia queda a una firma de dar un paso que la situaría frente al resto del mundo en el sustento de dos nuevos “estados” no reconocidos por una ONU que insiste en afirmar el principio de la integridad territorial georgiana.

Los dos líderes independentistas, el surosetio Eduard Kokoity y el abjazo Sergéi Bagapsh, hablaron ante el senado ruso. Kokoity afirmó que el caso osetio reviste mayor legitimidad politica y legal que el de Kosovo, territorio cuya independencia no ha sido reconocida ni por la ONU ni por España, pero sí por EE.UU., Francia y el Reino Unido. Por entonces, Rusia ya advirtió de que no veía diferencias entre Kosovo y los territorios georgianos en disputa.

Yendo más allá, Medvedev  aseguró que Rusia “está preparada” para una ruptura completa de relaciones con la OTAN. “No necesitamos una colaboración ficticia en la que nos rodean de bases por todos lados, arrastran más estados al bloque del Atlántico Norte y nos dicen ‘no os preocupéis, todo está bien’. Por supuesto que eso no nos gusta”, afirmó el presidente ruso. La OTAN suspendió la semana pasada toda colaboración militar con Rusia y las reuniones del Consejo Rusia-OTAN mientras continuaran los soldados rusos en Georgia. 

Ahondando más en la brecha creciente con EE.UU. y la Unión Europea, el primer ministro y elector de Medvedev como su sucesor en la presidencia, Vladimir Putin, anunció que Rusia se retirará de algunos acuerdos necesarios para su incorporación a la Organización Mundial del Comercio (OMC). La agencia AP informó lo siguiente:

“Durante una reunión del gobierno el lunes, el primer viceprimer ministro, Igor Shuvalov, dijo que Rusia continuaría con las negociaciones para acceder a la OMC, pero que se retiraría de algunos acuerdos que suponían una carga innecesaria para Rusia. 

‘Debemos informar a nuestros socios de la necesidad de retirarnos de algunos acuerdos que actualmente contradicen los intereses de la Federación Rusa’, dijo Shuvalov según la agencia RIA-Novosti.” 

Putin apoyó los comentarios de su segundo repitiendo sus argumentos. Antes del conflicto en Osetia, sólo obstaculizaban el ingreso de Rusia en la organización, los vistos buenos de Georgia y Ucrania, pero no parecían imposibles. La OMC requiere que sus 153 miembros aprueben el ingreso de uno nuevo. El gobierno ruso ya ha descartado su acceso por al menos un año. 

Los acuerdos de los que se retirarán no han sido desvelados, ya que, según Shuvalov, están negociando con los países implicados. Aunque los pactos serían retomados una vez Rusia entrara en la OMC, citó la agencia Interfax al alto cargo ruso.

Respuesta de Washington y Bruselas

Las maniobras de Moscú fueron rechazadas desde Washington y tomadas con cautela en Bruselas. Un portavoz de la Casa Blanca respondió que la resolución del parlamento ruso era “inaceptable” y anunció que el vicepresidente, Dick Cheney, visitaría la región la próxima semana. El itinerario será: Azerbayán, Georgia, Ucrania e Italia. Recordó también que las centenares de soldados rusos siguen desplegados en el puero de Poti, donde no les corresponde estar, según el acuerdo de alto el fuego que Rusia y Georgia pactaron. Cerca de 1.000 georgianos se manifestaron el pasado domingo frente a un control ruso en el que unos soldados cavaban una trinchera. Manifestantes y pancartas con el lema “Go home!” (iros a casa en inglés), fueron disueltos con disparos al aire.

El presidente de turno de la UE, el francés Nicolas Sarkozy, convocó ayer una cumbre europea para discutir la situación en Georgia. Su ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, que medió entre Medvedev y Saakashvili, descartó que la Unión imponga sanciones económicas a Rusia en el futuro. 

La canciller alemana, Angela Merkel, declaró en una rueda de prensa en Estocolmo sentirse “muy preocupada” por la resolución parlamentaria rusa. “Espero que el presidente no firme la resolución”, afirmó. Merkel ha desarrollado una intensa actividad diplomática desde el alto el fuego. Al poco de aceptar el acuerdo ambas partes, se entrevistó con Medvedev en Sochi, donde le instó a retirarse de Georgia, y con Saakashvili en Tbilisi. Después de Suecia, visitará hoy Estonia y después Letonia y Lituania para tratar la crisis georgiana. El primer ministro polaco, Donald Tusk, explicó que había hablado con Merkel ayer por la mañana “para lograr una postura europea más uniforme, dura y categórica en el contexto de la crisis en el Cáucaso”. Merkel ha sido la única líder europea capaz mantener una relación cordial con el Kremlin y de amonestarle por la represión de la oposición política y los abusos de los Derechos Humanos en Chechenia. Rusia planea la construcción de un gasoducto por el Báltico para suministrar gas directamente a Alemania.

Maniobras en el Mar Negro

Por otra parte, el ministerio de Defensa ruso anunció la salida de maniobras de un crucero de misiles, el Moskvá, basado en el puerto ucraniano de Sevastopol, al Mar Negro. Fuentes del ministerio han explicado que el buque comprobará el funcionamiento de sus sistemas de comunicaciones, radio y equipos técnicos. Rusia no ha ocultado su irritación por la presencia de nueve barcos de guerra de la OTAN en el Mar Negro, dos de EE.UU. (con otro en camino), cuatro turcos, uno polaco, y uno español (el Almirante Juan de Borbón, del tipo F-100 y una de las primeras naves europeas equipadas con el sistema de combate AEGIS).

El buque insignia de la Sexta Flota de EE.UU., el USS Mount Whitney, cargó ayer ayuda humanitaria destinada a Georgia en su base italiana. Se trata de un auténtico cuartel general flotante con capacidad par transmitir datos con seguridad a EE.UU. a través de múltiples sistemas.

El pasado domingo, el presidente ucraniano, Viktor Yuschenko, se dirigió al país en el marco de la celebración del 17º aniversario de la independencia de la antigua URSS. “Tenemos que acelerar el trabajo para lograr entrar en el sistema europeo de seguridad y aumentar las capacidades defensivas de nuestro país”, dijo por televisión. “Sólo estos pasos podrán garantizar nuestra seguridad y la integridad de nuestras fronteras”, añadió. El apoyo ucraniano a Georgia ha provocado alusiones a la propiedad de la península de Crimea en Rusia. Ésta fue transferida por Jrushchev a Ucrania en 1954, a pesar de la carga sentimental que tiene en el imaginario ruso. La presencia de una minoría rusa en la región y las acusaciones no confirmadas de que Rusia está repartiendo pasaportes entre los habitantes de la zona, han levantado el temor en un país escenario de la Revolución Naranja, modelo de cambio político temido y odiado por el Kremlin, que lo ve como un instrumento de desestabilización occidental.

Medvedev asegura que las tropas rusas comenzarán a salir hoy de Georgia (resumen de prensa)

                                           (Consulte el mapa de la región)

El presidente ruso, Dimitri Medvedev, aseguró ayer que el ejército que ha ocupado varias zonas de Georgia en los últimos días, comenzará su salida de territorio georgiano hoy mismo. De hecho, han sido vistos movimientos de tropas en torno a la ciudad de Gori, aunque en el general encargado de los soldados allí destacados ha explicado que están preparando su reemplazo por lo que Rusia llama “tropas de paz”. 

Los soldados destacados por Rusia y Georgia en Osetia del Sur pertenecían a un cuerpo especial encargado de mantener la zona libre de tensiones en cumplimiento de un acuerdo avalado por la OSCE. Cuando entró el ejército ruso, los miembros de su destacamento pacificador se confundieron con los soldados regulares, como puede apreciarse (mal) en la imagen (Reuters) de los soldados que el sábado se aproximaron hasta Ingoeti, a 40 kilómetros de Tbilisi, que adjuntamos. El primero por la derecha lleva un parche azul en el hombro con las iniciales MS, que identifican a lo miembros de la fuerza de paz.

La canciller alemana, Angela Merkel, visitó ayer Tbilisi y mostró un cambio en la postura alemana respecto al ingreso de Georgia en la OTAN. En la pasada cumbre de la organización, en abril, Alemania y Francia se oposieron al ingreso de Georgia y Ucrania. Esta vez, Merkel declaró que “Georgia será, si quiere, y claramente parece que así es, miembro de la OTAN”. La canciller alemana también prometió ayuda para la reconstrucción del ejército georgiano tras la próxima reunión de la organización mañana, convocada por EE.UU.

El presidente Francés, Nicolas Sarkozy, también llamó a Medvedev para exigirle la retirada de Georgia. En una tribuna publicada ayer en el diario Le Figaro, Sarkozy explicaba que si los rusos no se retiran “rápida y totalmente” tendría que  “convocar una reunión extraordinaria del Consejo de la Unión Europea para decidir qué consecuencias extraer”. “Este punto no es negociable”, añadía Sarkozy a la amenaza de reunión de los 27.

A pesar de las voces altas, el ejército ruso se hizo ayer con la central hidroeléctrica sobre el río Inguri, que produce el 60% de la electricidad consumida en Georgia y buena parte del abastecimiento de Abjazia, la otra región separatista georgiana. La destrucción de un puente ferroviario en la única vía que comunica el país de Este a Oeste fue confirmada ayer. También la importancia de las vías de ferrocarril georgianas para las exportaciones petrolíferas de Azerbayán, y, especialmente para Armenia, cuya única vía para exportar sus productos es precisamente esa. Estos movimientos llevan a los analistas a pensar que Rusia trata de dañar la economía georgiana destruyendo su infraestructura. La viceministra del Interior georgiana, Eka Zguladze, denunció ayer que el ejército ruso había incendiado en varios puntos el Parque Nacional de Borjomi. De ser cierto, los rusos habrían penetrado ya hasta el mismo corazón de Georgia. En los últimos días, ha habido informaciones relativas al incendio de bosques en las proximidades de Gori.

Por otra parte, el Moscow Times informa de que ciertos activistas humanitarios encuentran problemas para contabilizar más de 100 muertos osetios en la capital de la provincia, Tsjinvali. Citando fuentes sobre el terreno, las cifras aportadas por diversas fuentes no superan el centenar. La cifra dista mucho de los 1.600 que dio Moscú en los primeros días para acusar de genocidio a Georgia por sus bombardeos sobre la ciudad. Un experto ruso afirma que la mayoría de los muertos están bajo los escombros de la ciudad. El Tribunal Internacional de La Haya, ante el que Georgia ha interpuesto una demanda contra Rusia acusándole de llimpieza étnica en Osetia ha informado de que escuchará a ambas partes los días 8 y 9 de septiembre.

El dirigente surosetio, Eduard Kokoity anunció la disolución de su gabinete por perder el tiempo en la distribución de ayuda humanitaria entre su población.

Breves

Estonia: El gobierno de Estonia ha enviado a dos de sus principales expertos en guerra cibernética para ayudar a restablecer la operatividad de las redes del gobierno georgiano, ha informado el ministerio de Asuntos Exteriores estonio. Hasta entonces, son servidores estonios los que alojan las páginas oficiales de Tbilisi. Ya hay 50 voluntarios estonios realizando tareas humanitarias en la zona.

Rusia: El embajador iraní en Rusia afirmó ayer que su gobierno había alcanzado un buen acuerdo con Moscú para la terminación del a central nuclear de Busher. “El envío de combustible para la central nuclear de Busher es una muestra de que Rusia está comprometida con la conclusión de este proyecto”, declaró el funcionario, que añadió la excelente disposición de su gobierno a estrechar lazos con Moscú. 

Bielorrusia: El dirigente opositor Alexander Kozulin afirmó ayer que rechazará cualquier tipo de perdón que el presidente Lukashenko le otorgue. El disidente respondía así a las informaciones que señalaban que el presidente habría firmado un decreto de perdón con condiciones. Kozulin estaba de permiso para acudir al funeral de su suegro. Sin embargo, su coche fue asaltado cuando estaba aparcado en la puerta de su casa y su chófer multado por guardias de tráfico cuando le conducía al funeral tras una llamada anónima denunciando que se había saltado un semáforo. Su hija tomó el volante y logró acudir al sepelio.