¿Por qué sigue cayendo el rublo bielorruso?- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

El tema principal en Bielorrusia desde el 2 de enero es el tipo de cambio y la estabilidad del rublo bielorruso. Ese día, muchos ciudadanos fueron sorprendidos por una devaluación inesperada del 20,5% de la divisa nacional ¿Por qué sólo muchos y no todos? Como la mayoría no tiene acceso a medios de comunicación independientes, y los canales nacionales no le dieron mucha importancia a la noticia, se encontraron con la devaluación varios días después.

banconacionaldebielorrusia2La operación financiera resultó ser extremadamente cínica. Sin el análisis de expertos o cobertura informativa hasta el 5 de enero. Tan sólo una breve mención noticiosa, como si nada hubiera ocurrido. El informativo de la noche en el principal canal nacional ni siquiera mencionaba la devaluación. La apertura consistía en la inauguración del torneo de hockey de Navidad con premios otorgados por Lukashenko.

Entre tanto, los ciudadanos de Bielorrusia perdían hasta 1.000 millones de dólares en una sola noche. Esta suma es el 20,5% de los ahorros que la gente tiene depositados en rublos bielorrusos en los bancos del país. Una quinta parte de los ahorros de los ciudadanos ha sido sacrificada por un error económico del Gobierno. 

Lukashenko había asegurado a los ciudadanos que no habría devaluaciones importantes de la divisa nacional. El 23 de diciembre pasado respondía así a un periodista: “A día de hoy, lo más importante es mantener la estabilidad. La estabilidad del rublo y la de todo el el sistema financiero. Hemos alcanzado los 2.200 (rublos por dólar) ¡Ya basta! Hasta aquí hemos llegado. Se lo hemos prometido a nuestro pueblo. Y se lo he dicho al director del Banco Nacional… ténganlo presente y Dios no lo quiera que rompa mi promesa. El año que viene, un 5% menos… mantenga este 5% de 2.200”.

El objetivo principal de la devaluación es reducir la pérdida en las reservas de oro y divisas del país. En otras palabras, impedir que la gente venda rublos por dólares, euros o rublos rusos. Muchos expertos señalan una devaluación del 20% no es suficiente para mejorar una situación con una balanza de pagos muy negativa. Sin embargo, puede haber sido bastante para hacer perder crédito a la divisa nacional. La historia muestra los ejemplos de Rusia y Ucrania en el pasado: basta que un 30% de los ciudadanos retire sus ahorros del banco para que el sistema bancario se desplome. Esto explica las apariciones de representantes del Banco Nacional en la televisión pública asegurando a los bielorrusos que no habrá más devaluaciones.

‘Renominalización’

El jefe del Departamento de Seguridad Informativa del Banco Nacional, A. Drozdov, desmintió como falsos rumores las informaciones acerca de una posible renominalización [reforormulación de la moneda a partir de su valor anterior, dando como resultado una nueva unidad por valor de varias de la anterior] de la divisa. Sin embargo, el pueblo tiene una memoria reciente muy vívida para dejar de creer en las autoridades, ya que Lukashenko les aseguró a lo largo de diciembre que la variación de la tasa de cambio no pasaría del 5%, para aprobar posteriormente una devaluación del 20,5%. De modo que muchos no creen ya y los rumores acerca de una posible y cercana renominalización se extienden con rapidez.

Renominalización es término familiar para muchos bielorrusos. Ya ha ocurrido dos veces desde la independencia: una en 1992 y la otra en 2000. Lo interesante esta vez es la posibilidad de la paridad entre los rublos ruso y bielorruso. Como 29 rublos rusos y 2.700 bielorrusos equivalen en este momento a un dólar, la paridad requeriría una mayor devaluación del rublo bielorruso y una renominalización de dos “ceros” para hacerlo similares a la divisa rusa.

Hace un par de meses, Putin expresó su creencia en que el rublo ruso se convertiría en la moneda regional. Más aún, el nuevo precio del gas ruso para Bielorrusia en 2009 no ha sido anunciado todavía ni por Minsk ni por Moscú. Las negociaciones están todavía en proceso y deben estar siendo bastante tensas. El lado ruso puedo aprovechar esta situación para presionar a Lukashenko a que admita al rublo ruso como moneda común de la llamada Unión de la Federación Rusa con Bielorrusia.

Imagen: Edificio del Banco Central de Bielorrusia en Minsk (Banco Nacional de Bielorrusia)

¿Qué es recesión en Rusia?- Por Valeria Mingova (Moscú)

 

Por alguna razón, la noticia de que Rusia ha entrado en recesión no ha causado ninguna sorpresa ni entre la comunidad de expertos ni entre las masas o los representantes de la autoridad. O ya lo esperaban y por eso a nadie le sorprendió, o nadie imagina cómo nos puede afectar.

Nadie dudaba que Rusia se encaminaba hacia la recesión, pero preferimos aferrarnos a la esperanza de las bravas declaraciones del Gobierno acerca de que “la crisis rusa está en las bolsas y terminará a comienzos de 2009”, y pensar que los representantes del Gobierno ruso estaban en lo cierto cuando bombeaban dinero hacia los bancos.

petroleoruso1El sector bancario o, como es también conocido, el sistema circulatorio de la economía sobrevivió. Más aún, hoy en día, el sistema está saturado de liquidez y ni las obligaciones ni los activos de los bancos han sufrido crisis alguna. Pero esto no es ni bueno ni malo. Al dar dinero a los bancos, el Gobierno esperaba obtener a cambio una reactivación de la actividad económica, créditos a la actividad productiva, pero el dinero ha terminado encerrado en sus depósitos y no lo han compartido con nadie.

Por una parte, la decisión fue correcta. El superávit no es lo suficientemente grande para “poner a todos a cuenta”, y, si ocurre así, el dinero se termina y nadie puede sacar más. Pero por otra, ¿quién necesita un sistema bancario fuerte si los mecanismos crediticios están congelados y, peor aún, no tenemos a nadie a quien otorgar créditos? La producción se va a detener y nadie quiere o puede comenzar nuevas empresas. Y las que tenemos van a quebrar o vender y deslocalizar sus inversiones.

Mientras tanto, la crisis era considerada un problema de los mercados financieros. Sólo que los principales economistas del país subestimaron, parece, el hecho de que la crisis podía trasladarse a la economía real. Por eso no estaba listo el airbag de nadie. Y cuando, finalmente, el crecimiento industrial cayó un 8,5% en noviembre, comenzaron a alarmarse y declararon que la recesión estaba comenzando. Me parece a mí que de bene esse.

Por los libros de economía, sabemos que la recesión consiste en la reducción de la economía y de la producción industrial. Pero, ¿a la reducción de qué producción industrial nos referimos cuando hablamos de Rusia? O más exactamente, ¿a qué tipo de industria nos referimos? Según las estadísticas, los primeros lugares en la industria los ocupan las de la producción de petróleo, carbón, gas y metales pesados, su procesamiento y su distribución. Y, muy por detrás, tenemos a la metalúrgica, la alimenticia, la construcción y la fabricación de automóviles. 

Un PIB debilitado

Pero miremos más de cerca estos datos. Por ejemplo, qué podríamos imaginar al hablar de recortes en la producción de materiales de construcción cuando no eran, ni son ahora, suficientes para terminar los proyectos iniciados. Lo compramos todo en los países europeos. Más todavía, difícilmente encontrarán a nadie en Rusia que niegue que la mayor parte de los alimentos que consumimos procede de la importación y que la producción de comida en Rusia es sólo una pequeña parte de lo que se consume.

El mismo problema, lo tenemos con la microelectrónica, la producción aeronáutica, el sector de las telecomunicaciones y el de materias primas. Todo esto es PIB real, y en esto es en lo que debería consistir el PIB, tomado como un indicador real del desarrollo de un país, no como una bonita cifra que podemos enseñarle a todo el mundo presumiendo. De hecho, el crecimiento del PIB se debió exclusivamente a los precios del petróleo y el gas. Todo aquello relacionado con el abastecimiento energético se ha desarrollado sólo gracias a los altos precios de la energía.

Por cierto, la idea de que el PIB ruso crece gracias al petróleo y el gas se ve confirmada por las acciones del Gobierno. Es precisamente ahora cuando se empiezan a preocupar por el sector del gas y el petróleo. Los precios han caído y es por eso que se ha declarado la recesión en Rusia, el encogimiento del crecimiento económico. Y es nuestra caída productiva lo que deberían combatir en este momento. Y es por eso que, hace unos días, el primer ministro Vladimir Putin anunció otro plan para salvar la economía rusa, explicando que el Gobierno está desarrollando un nuevo plan para apoyar a… ¿a quién? A Gazprom, por supuesto. Otra producción de la carecemos.

Imagen: Pozo petrolífero ruso (Wikipedia)

La crisis alimenta la oposición- Por Valeria Mingova (Moscú)

(Valeria Mingova es periodista rusa especializada en el sistema financiero. Trabaja en el diario Respublika desde hoy contribuirá a La mirada al Este con una columna semanal sobre su país)

 

valoresbolsamoscuEl resonar de las palabras de estos días de Viachaslav Volodin, uno de los líderes del principal partido, Edinaya Rossia (Rusia Unida), en las que asegura que  la crisis financiera mundial apenas ha afectado al pueblo ruso, pero que lo hará exactamente a principios del año que viene, nos obliga a pensar cómo reaccionará la gente a esto.

Sí, es cierto: por el momento, la gente no se ha visto afectada ni por la amenazante inflación, ni por la devaluación ni por los despidos masivos; y cualquiera de estas opciones aterroriza a los peces gordos del país. Pero, como dicen los expertos: es cuestión de tiempo. Podemos estar seguros de que no nos matará de hambre, pero podría provocar la suspensión del aumento del subsidio de desempleo y de otras prestaciones sociales.

Y es fácil ver cuándo ocurrirá. Las elecciones regionales y municipales comenzarán en marzo en todo el país. Y, desde luego, nadie va a retener, recortar o cancelar ningún pago a las puertas de las elecciones. De hecho, el otro día, el primer ministro, Vladimir Putin, anunció que veinte regiones recibirían 2.000 millones de rublos (57,7 millones de euros) ¿Hace falta decir para qué dan este dinero? De hecho, el Gobierno presta dinero a la gente a cambio de lealtad. Una vez hayan obtenido la mayoría, el Gobierno pedirá que le devuelvan la deuda. Y cosas como el retraso en el pago de las prestaciones sociales y demás podrán ocurrir entonces.

Como aseguran algunos politólogos, todo esto podría acercar a la gente a la oposición. Nadie sabe en qué medida y qué podría ocurrir. Pero, como dice Nicolás Mironov, subdirector de una facultad de derecho rusa, el incremento del sentimiento opositor no debería hacerse notar más allá del próximo verano. 

Y esta vez no se opondrán sólo las clases más bajas, como se suele afirmar, sino la elite. No es difícil entender por qué. Si la gente no ha sentido casi la crisis, los oligarcas la notan ya sobre sus hombros. Las 25 personas más ricas de Rusia han perdido 237.700 millones de dólares (188.520 millones de euros) desde mayo, según la agencia Bloomberg. O lo que es lo mismo: entre el 50% y el 70% de la capitalización de sus activos. Es precisamente este grupo social el que apoya a las autoridades proclamando que se han dado todas las condiciones para movilizar la inversión y que, por fin, un Gobierno ha creado oportunidades para un crecimiento económico estable.

Los elogios se acabaron en cuanto aparecieron el caso Mechel y el conflicto georgiano y los inversores comenzaron a alejarse del mercado ruso. La incapacidad para proteger nuestra bolsa del derrumbe fue un golpe fatal. Como dicen nuestros analistas, todas las bolsas del mundo cayeron, pero sólo en la nuestra se produjo un crash (los índices perdieron lo ganado en los últimos 15 años y las cifras alcanzaron todos los mínimos posibles e imposibles).

El banquero convertido en opositor Alexander Lebedev apoyó la creación de un nuevo partido democrático dirigido por Mijaíl Gorbachov. Los analistas están seguros de que Lebedev dista mucho de ser el último en la lista. Tanto los ciudadanos corrientes como la elite necesitan un respaldo firme, tanto político como económico.

Pero las autoridades todavía pueden demostrar su utilidad. Depende de la presteza con que el Gobierno logre dar garantías a las empresas grandes y pequeñas (no sólo a las diez más grandes) y de con cuánta antelación logre prepararse para la próxima fase de la crisis, que sacudirá Rusia en febrero.

Si no lo consigue, cabe esperar que las masas se echen a la calle, todavía con la memoria fresca del desastre económico de 1998. Y los oligarcas estarán al frente de este movimiento ¿Por qué no? Teniendo en cuenta que el ministerio de Finanzas predice que la crisis durará al menos tres años y que las próximas elecciones parlamentarias serán en 2012, hay margen para formar una base opositora decente. Más aún teniendo en cuenta que el listón para acceder entrar en la Cámara va a descender del 7% actual al 5%.

 

Imagen: Letrero indicador de la cotización de la bolsa de Moscú (Wikipedia)


La mirada analítica- Por Eithne MacDermott

¿Qué ha pasado con Rusia?

(read it in English)

La respuesta rusa -desproporcionada, excesiva, vengativa- a la invasión de Osetia del Sur fue diseñada para mucho más que echar a Georgia de Osetia del Sur, en una acción que, si sólo se hubiera quedado en eso, no habría pasado de una distracción de las Olimpiadas ni de un episodio más de la ya proverbial temporada tonta de la región. En lugar de eso fue mucho más allá: invadió la misma Georgia y ridiculizó la (reconocidamente histriónica e ineficaz) diplomacia y la tregua negociadas por el presidente francés y presidente de turno de la Unión Europea, Nicolas Sarkozy. De hecho, la reacción estaba planeada al detalle para destruir la capacidad militar de Georgia, arruinar sus infraestructuras y enviar un mensaje siniestro sobre la potencial falta de seguridad para las rutas de petróleo y gas que atraviesan Georgia. Precisamente las mismas rutas que son planteadas como alternativas a aquellas bajo control ruso.

También, desde luego, pretendía ser una humillación pública para el autosuficiente, tirando a impulsivo, y fotogénico presidente Mijaíl Saakashvili, un muchacho ejemplar en valores democráticos occidentales, visto como un caballo de Troya por los meditativos rusos. De hecho, es odiado personalmente por el primer ministro ruso, Vladimir Putin, de quien se dice que es una persona fría y comedida, pero que “se le va” al oír el nombre de Saakashvili. Un odio cordialmente correspondido por Saakashvili, que detesta a Putin y se refiere a él como Liliputin, un mote que, imprudentemente, ha llegado a los oídos del mismo Putin. “Gracias por Stalin”, le dijo una vez con ironía Putin a Saakashvili durante una conversación anterior. “Usted sí que le está agradecido”, respondió suavemente Saakashvili. Las relaciones personales importan en la política, en contra de lo que algunos teóricos nos quieren hacer creer.

Pero sobre todo, la respuesta rusa estaba diseñada para enviar un mensaje a Occidente para que se lo pensara dos veces antes de expandir la OTAN hacia el Este y para que Georgia volviera a la realidad: aunque sus ideales de filosofía política apunten al Oeste, la geografía dictamina que Georgia permanece todavía en la esfera de influencia rusa. Esta respuesta muestra claramente que Rusia ha vuelto y que va a ejercer su derecho percibido a dar su opinión -por la fuerza, si hace falta- en las áreas que considere que caen dentro de su esfera de influencia.

Las consecuencias de Kósovo

Había otras razones para la respuesta rusa. El irreflexivo reconocimiento de Kósovo a principios de este año, en contra de las vehementes protestas de Rusia, ha reforzado el resentimiento ruso. Rusia se ha sentido ignorada y ninguneada, como lo ha venido siendo desde la caída de la Unión Soviética. El Gobierno de Moscú ya avisó de que el reconocimiento de Kósovo traería consecuencias. A pesar de que la gran mayoría de los kosovares negaban el derecho del Gobierno serbio de Belgrado a regirles, Kósovo era de iure parte de Serbia. El reconocimiento tuvo lugar a pesar de las muchas objeciones de Serbia, un estado soberano bien constituido y un antiguo aliado tradicional e histórico de Rusia.

Lo inquietante fue que ésto también introdujo el principio de desmembración de una nación soberana si parte importante de su población en una región concreta niega la autoridad del estado soberano para regirles. En ese sentido, las fronteras han cambiado en Europa desde 1945, pero sólo con el consentimiento del estado implicado (Alemania en 1990, o la disolución de Checoslovaquia en 1992), o, si éste había desaparecido (como ocurrió con la implosión, entre otras cosas, de la antigua Yugoslavia en los ’90). Sin embargo, el reconocimiento de Kósovo cambió las reglas, ya que desde entonces las fronteras de una nación soberana podían ser alteradas en contra de su voluntad si una parte significativa de una región cuestionaba su autoridad y buscaba fuera apoyo para sus reivindicaciones. Así, Rusia tenía a mano este argumento para reconocer Osetia del Sur y Abjazia.

Caída y resurgir de Rusia

Sin embargo, la razón más importante de todas fue la humillación rusa mezclada con una necesidad desesperada de respeto, ambos surgidos de las caóticas condiciones de los ’90 y de la caída de la Unión Soviética. La vieja Unión Soviética había perdido un imperio, y una ideología, y el estado que la sucedió, Rusia, desprovisto de su pantalla de países satélite, no había logrado encontrar su camino para reemplazar lo que había perdido. Ni un camino que la volviera respetable.

Las formas que tomaron la democracia, la reforma del mercado y la privatización durante el periodo del capitalismo del Salvaje Este de los barones ladrones en los ‘90 han contaminado y ensuciado las ideas de democracia y liberalización del mercado en Rusia. Las condiciones económicas eran tan lamentables que el estado no pudo cumplir con sus obligaciones de deuda exterior en 1998 y el rublo se devaluó drásticamente en consecuencia. Los salarios públicos y las pensiones quedaron sin pagar, el asesinato se convirtió en un problema cotidiano para los ricos y poderosos (y también para los periodistas de investigación, banqueros y parlamentarios) y la corrupción se volvió endémica a medida que las organizaciones, burocracias, institutos y universidades trataban de llegar a fin de mes en un estado en que las estructuras se habían derrumbado.

Este era el mundo que, al principio involuntariamente, le tocó regir a Vladimir Putin cuando fue nombrado para suceder a Boris Yeltsin en diciembre de 1999. En el mundo que trató de controlar y, sobre todo, de estabilizar mínimamente, esto significaba fortalecer la seguridad dentro del estado, controlar la política y asegurar las fronteras del país. Más adelante, cuando las cosas mejoraron -y el Gobierno terminó de pagar la deuda exterior en 2005- su Gobierno aumentó el control sobre los recursos energéticos del estado y, finalmente, se sintió lo suficientemente fuerte como para dar opiniones cada vez más irascibles sobre asuntos internacionales. Especialmente en aquellos relacionados con su Exterior Cercano, aquellos estados que solían estar bajo el mando de Moscú, o, al menos, bajo su influencia.

El cerco de la OTAN

Porque, mientras el viejo Imperium había dejado de existir, el viejo enemigo, la OTAN, había avanzado más todavía hacia el Este, o así debió de parecer en la amargada visión rusa. Los primeros en unirse fueron los países del viejo Pacto de Varsovia -el viejo Exterior Cercano: Polonia, la República Checa, aquellos países países del centro y el Este de Europa que habían sufrido la ocupación soviética desde 1945. Fueron seguidos por los  Países Bálticos, antiguos miembros forzados de la propia Unión Soviética. Después, con la Revolución de la Rosa en Georgia en 2003 y la Revolución Naranja en Ucrania en 2004, ambos países anunciaron su intención de buscar refugio bajo el paraguas de la OTAN a la primera oportunidad.

Las revoluciones de colores, tal y como ocurrieron y la forma en que lo hicieron en los que fueron estados de la antigua Unión Soviética, cambiaron la dirección y la expresión de la política exterior rusa. Ellos se veían como estados democráticos e independientes con el derecho soberano a decidir su propio futuro. Rusia los veía como agentes de Occidente, caballos de Troya; mientras que el Oeste se comportaba de forma traicionera, buscando rodear a Rusia con una resucitada alianza militar, la OTAN, diseñada originalmente para constreñir a Rusia, mientras afirmaba que sólo buscaba la colaboración, especialmente en asuntos como Irán, Afganistán y Corea del Norte. Los miedos históricos a ser cercados detonados por el resentimiento moderno y las viejas rivalidades caucásicas (alimentadas por todas las partes) crearon la sucesión de engaños que ha sido la aventura georgiana.

Desde luego que el Gobierno ruso provocó a Georgia a través de las acciones de sus delegados en Osetia del Sur y le tendió una trampa; pero el Gobierno georgiano no estaba obligado a responder con una invasión excepcionalmente impulsiva. Saakashvili trato de forma inepta de tender su propia trampa. Los asesores militares de EE.UU. no son lo mismo que la ayuda militar norteamericana para un ejercito pequeño y entusiasta. Sin embargo, sí ha ganado una parte del conflicto: la de las relaciones públicas. Desaliñado, guapo, fotogénico, políglota y disponible a todas horas para los medios, Saakashvili concedió varias entrevistas a una prensa occidental bastante poco inquisitiva. El contraste con los rusos fue sorprendente, ya que negaban el acceso a la zona del conflicto y su duunvirato, presidente Medvedev- primer ministro Putin, no estuvo disponible para la prensa hasta pasados quince días.

La nueva situación

A corto plazo, los rusos han ganado. Han anunciado su vuelta a la escena mundial en sus propios términos; han mostrado su capacidad para pelear una guerra súbita y rápida (es revelador el contraste con EE.UU.); han afirmado su derecho a intervenir -por la fuerza si es necesario- en zonas que consideran de interés nacional; han mostrado la impotencia de la retórica de EE.UU.;  y han revelado la incapacidad de la OTAN para proteger a un estado que quiere ser cliente; el desorden y la falta de unidad en la Unión Europea; y la potencia económica de Rusia (apoyada en gran medida en sus recursos energéticos y el control sobre las redes de distribución). También han concluido que, cualesquiera que sean las sanciones que Occidente les pueda imponer, no es probable que tengan mucha importancia. Putin ya ha argumentado que la entrada en la OMC no habría beneficiado a Rusia de todos modos; toda vez que parece bastante ridículo imaginar al G-8 expulsando al mayor país del mundo, dueño de las mayores reservas de gas y las segundas más importantes de petróleo.

A pesar de todo, la percepción pública es que los rusos han perdido la batalla. Ha habido otras consecuencias, no todas positivas. Cayó más sal en la herida rusa cuando aquellos países que razonablemente esperaban que fueran amistosos buscaron distanciarse del apoyo a Rusia (China, India y los distintos istanes de Asia Central). La bolsa de Moscú tuvo una soberana caída, perdiendo miles millones de dólares y el rublo se ha devaluado. Rusia ha quedado aislada, es vista con desconfianza y disgusto, una posición muy familiar para su torturada historia y ha confirmado a aquellos que buscan refugio en las certidumbres de la Guerra Fría. Sin embargo, esto no es la nueva Guerra Fría. El periodo donde podemos encontrar un paralelismo es, más bien, el siglo XIX, cuando varios imperios y países poderosos trataron de mostrar su autoridad en zonas del globo que veían vitales para sus intereses nacionales. Las llamaron esferas de influencia. 

Nuevos gestos diplomáticos distancian más a Rusia y Georgia (revista de prensa)

                               (Consulte el mapa de Asia Central y el Cáucaso)

· Gordon Brown toma conciencia de la amenaza que Rusia representa para la seguridad energética europea

· Rusia pide que no se le impongan sanciones y continúa acusando a EE.UU. haber instigado el conflicto

· Los refugiados georgianos no pueden volver a sus casa, según ACNUR

El primer ministro británico, Gordon Brown, ha tomado conciencia del riesgo de “ahogamiento” energético que la dependencia de Rusia conlleva y así lo relata hoy en una tribuna en The Observer, el dominical del diarioThe Guardian. “Ninguna nación puede ahogar energéticamente a Europa”, ha afirmado Brown tras mantener ayer una conversación “franca” con Medvedev. Ahora insiste en la necesidad de buscar fuentes alternativas de energía y en invertir seriamente en la construcción del proyecto europeo de gasoducto alternativo, Nabucco, prácticamente muerto después de las maniobras del conglomerado estatal ruso Gazprom en Bulgaria, Grecia, Serbia, Italia y, puede ser que también en Austria, para completar su propio proyecto rival.

Según el analista político del Guardian, es probable que la UE envíe observadores a Georgia para vigilar el cumplimiento del alto el fuego y que nombre a un enviado especial en la zona. Espera también el inicio de un cambio en la política de la Unión hacia Rusia. Pero apunta que sobre la cumbre flotará el fantasma de un corte de gas ruso el próximo invierno, algo que Rusia ya ha hecho en los últimos años años con distintos países.

En Georgia, esperan la imposición de sanciones “no contra la gente, sino contra la élite política”, según afirmó ayer el ministro de Reintegración. El mismo día, el primer ministro ruso, Vladimir Putin, pidió a la Unión Europea en una entrevista con un canal alemán que muestre “sentido común” y haga “un balance objetivo” de la situación. “Mentiría si dijera que no nos importa, que somos indiferentes”, relató el ex presidente refiriéndose a la posibilidad de recibir sanciones. 

Tbilisi también se ha retirado del acuerdo de alto el fuego y separación de fuerzas alcanzado en mayo de 1994 tras la guerra en Abjazia, en la que murieron entre 10.000 y 30.000 personas.  

Mientras tanto, el conglomerado estatal de gas ruso, Gazprom, ha firmado nuevos acuerdos con Turkmenistán para desarrollar y explotar nuevos yacimientos de gas y construir “nuevos gasoductos primarios” en la parte oriental del país.

Putin insiste en sus acusaciones

Por su parte, el primer ministro, Vladimir Putin, insistió ayer en que los instructores militares que EE.UU. tenía en Georgia participaron en los combates con el ejército ruso durante la ofensiva sobre su vecino: “¿Por qué permitió el mando de EE.UU. que sus civiles estuvieran donde no tenían derecho a estar, en la zona de operaciones? Y si lo hicieron, empiezo a sospechar que fue para organizar una pequeña guerra victoriosa”, afirmó Putin. “Y si eso fallaba, quería crear un enemigo a partir de Rusia para unir a los votantes en torno a uno de los candidatos presidenciales. Desde luego, el del partido gobernante, porque ese es el único partido con los recursos necesarios para esto”, continuó aireando sus sospechas el primer ministro ruso.

En Georgia, la portavoz de ACNUR en el país, Melita Sunjic, acusó ayer a Rusia de dificultar el retorno de los refugiados georgianos a sus pueblos aldeas en Osetia del Sur. “Si le dices a alguien ‘no podemos garantizar su seguridad’, no irá”, explicó Sunjic. Hay 2.000 refugiados en campos de la ONU en Gori y varios miles (el gobierno georgiano los cifró en 76.000 al mediados del conflicto) desperdigados por el país.

El gobernador de Gori asegura que los soldados rusos permanecen en las aldeas de alrededor de la ciudad e impiden a los refugiados volver a sus casas. Tampoco han llegado informaciones sobre la retirada de las tropas rusas del puerto de Poti, ciudad que mantienen ocupada desde hace ya casi dos semanas.

El blogger especializado en Rusia, Sean Guillory ofrecía hace unos días las pruebas de limpieza étnica en las aldeas georgianas de Osetia del Sur recopiladas por Human Rights Watch sobre el terreno durante los primeros días del conflicto.

Los analistas de EE.UU. se muestran preocupados por la posibilidad de que Rusia venda su sistema de misiles antiaéreos S-300 a Irán. Es uno de los sistemas más modernos del mundo, con capacidad para derribar aviones a una distancia de 130 kilómetros y posibilidades de coordinar el seguimiento simultáneo de hasta 100 blancos diferentes. Consideran que el acceso iraní a esta tecnología alteraría el equilibrio de fuerzas en la región, cuestionando seriamente la supremacía aérea de Israel y la posibilidad de bombardear las instalaciones nucleares de Irán. Los expertos creen que Rusia se reserva esta carta para jugarla a cambio de mayor margen de maniobra con Georgia y Ucrania.

Otras noticas de la región

Bielorrusia– Los gobierno de Bielorrusia y Moldavia han alcanzado un acuerdo para establecer una empresa petrolera conjunta que abastecerá al mercado moldavo de productos petroquímicos procendentes de Minsk. Esperan que empiece a funcionar a finales de este año.

Rusia– La periodista asesinada en 2006 Anna Politkovskaya hubiera cumplido 50 años ayer. Varias personas se reunieron ayer en el centro de Moscú en homenaje y recuerdo. “Politkovskaya era el corazón de Rusia… es el régimen quien la mató”, afirmó el activista pro Derechos Humanos ruso Sergey Kovalev. El ajedrecista y activista opositor Gary Kaspárov dio un discurso y pidió erigir un monumento en honor de la periodista.

Anna Politkovskaya, autora de varios libros y reportajes denunciando los abusos del Kremlin contra la población civil en Chechenia y el alcance de la corrupción entre el gobierno y la policía fue asesinada a tiros en la puerta de su apartamento en Moscú el 6 de octubre de 2006 en un crimen que presenta indicios de ser un asesinato por encargo. El gobierno ruso sugirió que su muerte fue planeada para dañar la imagen de las autoridades. Hay tres detenidos y un hombre bajo orden de búsqueda y captura.

Rusia– Dos soldados murieron ayer en sendos ataques en Chechenia atribuidos a guerrilleros independentistas. En el primero de ellos, murió un soldado y otros once resultaron heridos cuandos dos suicidas cargaron en un jeep lleno de explosivos contra una base militar en el distrito de Vedeno. En el segundo, murió otro soldado al estallar una bomba por control remoto. El domingo pasado murieron dos altos oficiales en un ataque con bomba y pistolas contra su vehículo.

Los analistas prevén un aumento de los ataques de los guerrilleros chechenos tras la invasión de Georgia. Piensan también que la decisión de reconocer la independencia de Abjazia y Osetia del Sur ha dado ánimos a los independentistas de la zona.

Georgia– Tbilisi ha endurecido el régimen de visados para los ciudadanos rusos después de cortar relaciones con Moscú. Ya no se otorgarán visados en la frontera, sino que los ciudadanos rusos tendrán que adquirirlos en un consulado georgiano (éstos permanecen abiertos en Rusia). 

Azerbayán: La Organización por la Liberación del Karabaj protestó ayer frente a la embajada rusa en Bakú. Bajo el eslógan, “Iros a casa, fuera del Cáucaso”, los manifestante entregaron un escrito a un representante ruso pidiendo la retirada de las tropas rusas del Cáucaso y de la región de Daqliq, en Nagorno-Karabaj. 

La invasión rusa de Georgia ha sido vista con inquietud en Azerbayán. La prensa y la sociedad lo han interpretado como un aviso a su país para que cooperen, ya que es uno de los productores de gas del Caspio y zona de paso obligado para el gas que Europa compre proveniente de Asia Central. Han surgido voces pidiendo la incorporación a la OTAN. El activista azerí, Emin Milli, ha lanzado una campaña informal para promover el ingreso de su país e la organización. Lo explicaba de esta manera:

“Nuestras posibilidades de entrar en la OTAN ha crecido junto a las de Georgia y Ucrania debido a la amenaza geopolítica que Rusia representa para occidente. La situación es similar a cuando Turquía fue admitida en la OTAN por miedo a que se volviera roja. No era un estado democrático, pero el ingreso en la OTAN la ayudó a desarrollar el camino a la democracia”

 

Pablo Veyrat

Rusia prepara la integración Abjazia y Osetia (revista de prensa)

· Indecisión en la Unión Europea sobre si adoptar sanciones con Rusia

· Moscú obtiene escaso apoyo internacional de sus aliados

· Irán, principal beneficiado de la nueva coyuntura regional

“Un único estado unido y ruso” fue el futuro próximo para Osetia del Sur que anunció ayer el vicepresidente del parlamento de Tsjinvali, Tarzan Kokoity (de notable parecido físico con el presidente, Eduard Kokoity), según cita hoy el diario británico The Times (la información no ha podido ser contrastada con otras fuentes). El político afirmó que su pueblo se integraría en el mismo estado que sus connacionales de Osetia del Norte, y de esta manera en la Federación Rusa. El ministerio de Asuntos Exteriores ruso se limitó a explicar que estaban preparando por instrucción del presidente Medvedev varios tratados de “paz, cooperación y asistencia mutua” con Osetia del Sur y Abjazia. Fuentes abjazas señalaron que cederían su representación exterior al gobierno ruso. Moscú también planea instalar dos bases militares en Abjazia y una en Osetia del Sur, según citó la agencia Interfax.

Georgia anunció ayer que cortaba relaciones diplomáticas con Moscú.

El vicejefe de Estado Mayor ruso, Alexander Nogovitsyn, mostró el pasaporte de un ciudadano de EE.UU. (John Lee Michaels, nacido en 1967) en su rueda de prensa diaria  y aseguró que sus soldados lo habían encontrado después de un enfrentamiento con fuerzas especiales de georgianas.

Nogovitsyn también cifró en 18 los barcos de la OTAN presentes o de camino al mar negro. Hasta este momento, ha trascendido la presencia de tres fragatas (de España, Alemania y Polonia) realizando unos ejercicios programados de ante mano y cuatro fragatas de Turquía, dueña de toda la costa sur. Hay además tres barcos de EE.UU. repartiendo ayuda humanitaria en Georgia.

El primer ministro ruso, Vladimir Putin, sugirió durante una entrevista con la CNN el pasado jueves, y apoyándose en lo que los militares rusos le han dicho, que EE.UU. podría haber empujado a Georgia a invadir Osetia del Sur en un intento de favorecer al senador John McCain en su campaña electoral para las presidenciales del próximo 4 de noviembre. El ex presidente ruso no aportó ninguna prueba. Desde Washington consideraron “ridículas” y “obviamente falsas” estas especulaciones del ex presidente ruso. 

La reunión anual de la Organización del Tratado de Cooperación de Shanghai concluyó ayer con una declaración no comprometedora y sin que la organización reconociera la independencia de los territorios georgianos. Hubo buenas palabras para Rusia y la “preocupación” por el uso de la fuerza para resolver conflictos, pero ningún otro movimiento de utilidad para Moscú.

Sanciones para Rusia

El pasado jueves, el ministro de Exteriores francés, Bernard Kouchner, sugirió que la UE podría imponer sanciones a Rusia tras la reunión que el Consejo Europeo mantendrá el próximo lunes para analizar la crisis georgiana. Sin embargo, ayer, un diplomático francés descartó que la reunión fuera a culminar en este tipo de medidas. La UE sí pondrá las relaciones con Rusia “bajo observación”. Las mismas fuentes afirmaron que habían recibido señales desde el Kremlin de que Rusia tomaría represalias ante cualquier sanción que fuera decidida el próximo lunes.

En EE.UU., las organizaciones empresariales se mostraron confundidas el pasado jueves acerca de la posibilidad de que su gobierno impusiera sanciones a Rusia. El presidente del Consejo Nacional de Comercio Exterior, que representa a Boeing, Microsoft y General Electric entre otros,  Bill Reinsh, se mostró convencido de que Washington impondrá sanciones a Moscú, pero no obtuvo ninguna respuesta concreta tras sus contactos con las autoridades. “Fueron completamente herméticos (…). Pero salí de ahí con la impresión de que va a ocurrir algo, de que no hacer nada no es una opción”, explicó el empresario refiriéndose a sus consultas con el gobierno. La portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, informó a los periodistas de que era muy pronto para hablar de ninguna medida en concreto.

Las exportaciones rusas a EE.UU. alcanzaron los 19.400 millones de dólares en 2007, según fuentes de las Cámara de Comercio del país. De ellos, 11.000 millones fueron productos derivados del petróleo, resultando ser la principal exportación. El segundo bien en volumen comercial fue la bauxita (empleada para fabricar aluminio), con un valor de 1.400 millones de dólares. En combustibles y materiales nucleares, Rusia vendió 936 millones de dólares a EE.UU.

Por su parte, Washington exportó bienes por un valor de 7.400 millones de dólares a Rusia, principalmente aves, aviones, coches y material para extraer petróleo. Precisamente, el primer ministro Vladimir Putin informó en la entrevista con la CNN que iban a prohibir las actividades de 19 importadores de pollo norteamericanos en Rusia, alegando que habían ignorado las advertencias de los inspectores sanitarios.

Las cifras no incluyen el intercambio de servicios financieros e inversiones mutuas. “Rusia tiene invertidos unos 10.000 millones de dólares en EE.UU., sobre todo en manufacturas. Nosotros tenemos la misma cantidad invertida en ellos. Esto supone realmente un intercambio económico sustancial”, explicó Gary Litman, vicepresidente para Europa y Asia de la Cámara de Comercio de EE.UU.

Irán sale del foco

Algunos analistas norteamericanos comienzan a ver las ventajas que la invasión de Georgia han supuesto para Irán. Con la atención puesta Rusia, el riesgo de un ataque de EE.UU. a la potencia regional se diluye. 

Por otra parte, la nueva incertidumbre sobre la viabilidad de Georgia como ruta alternativa al gas y al petróleo ruso convierten a Teherán, dueño de las segundas reservas de gas mundiales (sólo después de Rusia), en prácticamente la única ruta de tránsito alternativa a Rusia para el gas de Asia Central. Esto puede tener un serio impacto sobre la dureza de las sanciones y relaciones diplomáticas del país con Europa.

Además, Irán ha condenado la acción de su principal valedor en el Consejo de Seguridad de la ONU, ya que también tiene varias minorías étnicas con movimientos independentistas, como los azeríes en el norte o los baluchis en el sur, además de cuatro millones de kurdos en la frontera con Irak. 

En este sentido, el primer ministro, Vladimir Putin, sugirió en una entrevista con la CNN que la colaboración con Rusia en relación a al programa nuclear iraní podría verse perjudicada si Europa y EE.UU. cortaban el diálogo.

Por otra parte, las autoridades bielorrusas manifestaron su apoyo el jueves al reconocimiento de independencia de Abjazia y Osetia del Sur por parte de Rusia. El embajador en Moscú aseguró que Minsk reconocería también las regiones como estados este fin de semana, aunque no hubo confirmación de su gobierno, que ha propuesto que el tema sea incluido en la agenda de la próxima reunión del Consejo del Tratado de Seguridad Colectiva (organización de defensa mutua integrada por Rusia, Bielorrusia, Armenia y las repúblicas de Asia Central salvo Turkmenistán) el próximo 5 de septiembre.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, se convirtió ayer en el segundo líder internacional en apoyar el reconocimiento de los territorios georgianos. “Rusia ha reconocido la independencia de Abjazia y Osetia del Sur. Apoyamos a Rusia. Rusia tiene razón y defiende sus intereses”, declaró Chávez en un discurso televisado desde una explotación petrolífera. No aclaró si Venezuela reconocerá los dos territorios.

Rusia desafía a Occidente con el posible reconocimiento de las regiones separatistas georgianas (resumen de prensa)

·Rusia se retirará de varios acuerdos previos para el acceso a la Organización Mundial del Comercio

·El presidente ruso relaciona la solución del conflicto del Transdniéster con la guerra por Osetia del Sur

·Sarkozy convoca una cumbre especial de la Unión Europea para tratar la situación en Georgia

·EE.UU. y la UE mantienen sus críticas a la ocupación rusa del puerto de Poti

Las dos cámaras del parlamento ruso aprobaron ayer resoluciones instando al presidente ruso, Dimitri Medvedev, y a los parlamentos del mundo a reconocer a Osetia del Sur y a Abjazia como estados independientes. La decisión queda en manos de Medvédev. Las resoluciones pueden ser utilizadas como medida de presión sobre occidente, ya que el partido presidencial, Rusia Unida, controla ambas cámaras y la resolución ni se habría planteado sin la aprobación del liderazgo ruso. De este modo, Rusia queda a una firma de dar un paso que la situaría frente al resto del mundo en el sustento de dos nuevos “estados” no reconocidos por una ONU que insiste en afirmar el principio de la integridad territorial georgiana.

Los dos líderes independentistas, el surosetio Eduard Kokoity y el abjazo Sergéi Bagapsh, hablaron ante el senado ruso. Kokoity afirmó que el caso osetio reviste mayor legitimidad politica y legal que el de Kosovo, territorio cuya independencia no ha sido reconocida ni por la ONU ni por España, pero sí por EE.UU., Francia y el Reino Unido. Por entonces, Rusia ya advirtió de que no veía diferencias entre Kosovo y los territorios georgianos en disputa.

Yendo más allá, Medvedev  aseguró que Rusia “está preparada” para una ruptura completa de relaciones con la OTAN. “No necesitamos una colaboración ficticia en la que nos rodean de bases por todos lados, arrastran más estados al bloque del Atlántico Norte y nos dicen ‘no os preocupéis, todo está bien’. Por supuesto que eso no nos gusta”, afirmó el presidente ruso. La OTAN suspendió la semana pasada toda colaboración militar con Rusia y las reuniones del Consejo Rusia-OTAN mientras continuaran los soldados rusos en Georgia. 

Ahondando más en la brecha creciente con EE.UU. y la Unión Europea, el primer ministro y elector de Medvedev como su sucesor en la presidencia, Vladimir Putin, anunció que Rusia se retirará de algunos acuerdos necesarios para su incorporación a la Organización Mundial del Comercio (OMC). La agencia AP informó lo siguiente:

“Durante una reunión del gobierno el lunes, el primer viceprimer ministro, Igor Shuvalov, dijo que Rusia continuaría con las negociaciones para acceder a la OMC, pero que se retiraría de algunos acuerdos que suponían una carga innecesaria para Rusia. 

‘Debemos informar a nuestros socios de la necesidad de retirarnos de algunos acuerdos que actualmente contradicen los intereses de la Federación Rusa’, dijo Shuvalov según la agencia RIA-Novosti.” 

Putin apoyó los comentarios de su segundo repitiendo sus argumentos. Antes del conflicto en Osetia, sólo obstaculizaban el ingreso de Rusia en la organización, los vistos buenos de Georgia y Ucrania, pero no parecían imposibles. La OMC requiere que sus 153 miembros aprueben el ingreso de uno nuevo. El gobierno ruso ya ha descartado su acceso por al menos un año. 

Los acuerdos de los que se retirarán no han sido desvelados, ya que, según Shuvalov, están negociando con los países implicados. Aunque los pactos serían retomados una vez Rusia entrara en la OMC, citó la agencia Interfax al alto cargo ruso.

Respuesta de Washington y Bruselas

Las maniobras de Moscú fueron rechazadas desde Washington y tomadas con cautela en Bruselas. Un portavoz de la Casa Blanca respondió que la resolución del parlamento ruso era “inaceptable” y anunció que el vicepresidente, Dick Cheney, visitaría la región la próxima semana. El itinerario será: Azerbayán, Georgia, Ucrania e Italia. Recordó también que las centenares de soldados rusos siguen desplegados en el puero de Poti, donde no les corresponde estar, según el acuerdo de alto el fuego que Rusia y Georgia pactaron. Cerca de 1.000 georgianos se manifestaron el pasado domingo frente a un control ruso en el que unos soldados cavaban una trinchera. Manifestantes y pancartas con el lema “Go home!” (iros a casa en inglés), fueron disueltos con disparos al aire.

El presidente de turno de la UE, el francés Nicolas Sarkozy, convocó ayer una cumbre europea para discutir la situación en Georgia. Su ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, que medió entre Medvedev y Saakashvili, descartó que la Unión imponga sanciones económicas a Rusia en el futuro. 

La canciller alemana, Angela Merkel, declaró en una rueda de prensa en Estocolmo sentirse “muy preocupada” por la resolución parlamentaria rusa. “Espero que el presidente no firme la resolución”, afirmó. Merkel ha desarrollado una intensa actividad diplomática desde el alto el fuego. Al poco de aceptar el acuerdo ambas partes, se entrevistó con Medvedev en Sochi, donde le instó a retirarse de Georgia, y con Saakashvili en Tbilisi. Después de Suecia, visitará hoy Estonia y después Letonia y Lituania para tratar la crisis georgiana. El primer ministro polaco, Donald Tusk, explicó que había hablado con Merkel ayer por la mañana “para lograr una postura europea más uniforme, dura y categórica en el contexto de la crisis en el Cáucaso”. Merkel ha sido la única líder europea capaz mantener una relación cordial con el Kremlin y de amonestarle por la represión de la oposición política y los abusos de los Derechos Humanos en Chechenia. Rusia planea la construcción de un gasoducto por el Báltico para suministrar gas directamente a Alemania.

Maniobras en el Mar Negro

Por otra parte, el ministerio de Defensa ruso anunció la salida de maniobras de un crucero de misiles, el Moskvá, basado en el puerto ucraniano de Sevastopol, al Mar Negro. Fuentes del ministerio han explicado que el buque comprobará el funcionamiento de sus sistemas de comunicaciones, radio y equipos técnicos. Rusia no ha ocultado su irritación por la presencia de nueve barcos de guerra de la OTAN en el Mar Negro, dos de EE.UU. (con otro en camino), cuatro turcos, uno polaco, y uno español (el Almirante Juan de Borbón, del tipo F-100 y una de las primeras naves europeas equipadas con el sistema de combate AEGIS).

El buque insignia de la Sexta Flota de EE.UU., el USS Mount Whitney, cargó ayer ayuda humanitaria destinada a Georgia en su base italiana. Se trata de un auténtico cuartel general flotante con capacidad par transmitir datos con seguridad a EE.UU. a través de múltiples sistemas.

El pasado domingo, el presidente ucraniano, Viktor Yuschenko, se dirigió al país en el marco de la celebración del 17º aniversario de la independencia de la antigua URSS. “Tenemos que acelerar el trabajo para lograr entrar en el sistema europeo de seguridad y aumentar las capacidades defensivas de nuestro país”, dijo por televisión. “Sólo estos pasos podrán garantizar nuestra seguridad y la integridad de nuestras fronteras”, añadió. El apoyo ucraniano a Georgia ha provocado alusiones a la propiedad de la península de Crimea en Rusia. Ésta fue transferida por Jrushchev a Ucrania en 1954, a pesar de la carga sentimental que tiene en el imaginario ruso. La presencia de una minoría rusa en la región y las acusaciones no confirmadas de que Rusia está repartiendo pasaportes entre los habitantes de la zona, han levantado el temor en un país escenario de la Revolución Naranja, modelo de cambio político temido y odiado por el Kremlin, que lo ve como un instrumento de desestabilización occidental.