Plantígrados- Por Juan Rodríguez Morales (Madrid)

 

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Vilnius aguarda nuevas protestas- Por Viktor Denisenko (Vilnius)

 

Las autoridades lituanas serán puestas de nuevo a prueba el 3 de febrero. Una nueva manifestación de los sindicatos ha sido autorizada frente al Parlamento para ese día.

A diferencia de las del pasado 16 de enero, que desembocaron en protestas masivas, ésta tendrá lugar frente a otra parte del edificio. La Policía ya ha prometido implementar medidas de seguridad sin precedentes para evitar el escenario de enero. La concentración que se avecina no será menos que la anterior. Se esperan no menos de 20.000 personas de todo el país.

Las autoridades están preocupadas por la protesta. Algunos líderes parlamentarios han pedido ya al Gobierno local que no autorice la marcha ante el Parlamento o que propongan un emplazamiento alternativo. Entre estos lugares han estado el Parque Nagorny, en el centro histórico, pero lejos de los edificios gubernamentales, o el Parque Vingis, donde se organizan tradicionalmente las fiestas y grandes conciertos. El Gobierno local ha decidido, sin embargo, que los ciudadanos tienen derecho a expresarse en las cercanías de las autoridades y ha ignorado estas propuestas.

Prestemos atención a algunos aspectos de esta situación. La reacción de las autoridades, cercana a la histeria ante la ira de los ciudadanos, muestra la inestabilidad del actual Gobierno lituano. Sencillamente, quiere tener a los ciudadanos lejos. Por eso querían que la manifestación no se celebrara cerca de edificios gubernamentales. En este sentido, la reacción del Gobierno municipal es elogiable. 

El comportamiento de los manifestantes dependerá una vez más de cómo reaccionen los representantes de las elites. Han de tener el valor de acercarse a hablar a pesar del riesgo de recibir algún que otro huevazo y de asumir parte de la responsabilidad por la desconfianza y los sentimientos encontrados. Las autoridades no están escuchando a la sociedad. Ese es el problema en Lituania (y no sólo aquí). Los políticos sólo escuchan en período preelectoral.

El escenario de Riga, repetido en Vilnius- Por Viktor Denisenko

 

 

El 16 de enero, los sindicatos llevaron a cabo acciones de protesta contra la política del Gobierno en las ciudades lituanas (en Klaipeda, esto ocurrió el 17). Son ya muchos los ciudadanos insatisfechos con las estrictas medidas anticrisis. Entre ellas, una subida de impuestos sobre las gasolinas, el tabaco y el alcohol y el fin de las exenciones del IVA para algunos alimentos, servicios y otros. Las autoridades no parecen dispuestas a escuchar a los ciudadanos de a pie y mantener un diálogo con ellos. Desafortunadamente, en Vilnius y en Sauliai, tuvieron lugar varios desórdenes durante las protestas. Los choques más graves tuvieron lugar en la capital, cerca del edificio del Parlamento.

Alrededor de 7.000 personas se reunieron en Vilnius. Vinieron de todas partes del país. Unos centenares de adolescentes agresivos se convirtieron en la fuerza instigadora de los desórdenes. Las instituciones legales lituanas han llevado a cabo una investigación para determinar si los desórdenes estaban planeados y, de ser así, quién lo hizo. El primer ministro Andrius Kubilius acusó indirectamente de esto a Algirdas Paleckis, el líder partido del partido de ultra izquierda Frontas. Frontas no logró ningún escaño en las últimas elecciones parlamentarias. Por su parte, Paleckis prometió denunciar por difamación a Kubilius.

Insatisfecha con la política de las elites dirigentes, la gente arrojó piedras, palos, huevos y bolas de nieve contra el Parlamento y la policía que lo protegía. Las fuerzas de seguridad emplearon gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar a los manifestantes. Estaban preparados, ya que esperaban que los sucesos de unos días antes en la capital letona, Riga,  se repitieran en Vilnius. Y así fue.

151 detenidos

Los enfrentamientos se saldaron con 43 manifestantes y algunos policías heridos. Fueron detenidas 151 personas junto al Parlamento. Muchos fueron liberados tras rellenar los protocolos, aunque 15 permanecen todavía bajo custodia policial. Varios abogados conocidos se han ofrecido a representarles gratuitamente. Afirman solidarizarse de esta manera con los participantes en la protesta.

Los manifestantes causaron daños al edificio del Parlamento estimados en 233.000 litas (unos 68.000 euros). Rompieron ventanas y farolas alrededor del recinto y una fuente cercana quedó dañada. A pesar de que el Gobierno acusa a los sindicatos de no mantener el orden durante la protesta, los primeros responsables de la ola de indignación que ha llevado a los desórdenes son los actuales dirigentes políticos. De hecho, ningún miembro de la coalición dirigente salió a escuchar las reivindicaciones de los manifestantes. Los desórdenes se han convertido en la respuesta a la indiferencia de las elites dirigentes hacia las expectativas de la gente corriente, que teme el deterioro de las condiciones económicas y sociales.

Los sindicatos no se van a cruzar de brazos. La protesta que derivó en enfrentamientos es sólo la primera de una serie de protestas masivas programadas. La próxima será el 2 de febrero. Y puede reunir aún a más ciudadanos que la del 16 de enero. Las autoridades tienen tiempo para revisar sus acciones y sacar conclusiones.

Vídeo: Imágenes del canal Russia Today acerca de los disturbios en Vilnius (YouTube)