Plantígrados- Por Juan Rodríguez Morales (Madrid)

 

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La crisis alimenta la oposición- Por Valeria Mingova (Moscú)

(Valeria Mingova es periodista rusa especializada en el sistema financiero. Trabaja en el diario Respublika desde hoy contribuirá a La mirada al Este con una columna semanal sobre su país)

 

valoresbolsamoscuEl resonar de las palabras de estos días de Viachaslav Volodin, uno de los líderes del principal partido, Edinaya Rossia (Rusia Unida), en las que asegura que  la crisis financiera mundial apenas ha afectado al pueblo ruso, pero que lo hará exactamente a principios del año que viene, nos obliga a pensar cómo reaccionará la gente a esto.

Sí, es cierto: por el momento, la gente no se ha visto afectada ni por la amenazante inflación, ni por la devaluación ni por los despidos masivos; y cualquiera de estas opciones aterroriza a los peces gordos del país. Pero, como dicen los expertos: es cuestión de tiempo. Podemos estar seguros de que no nos matará de hambre, pero podría provocar la suspensión del aumento del subsidio de desempleo y de otras prestaciones sociales.

Y es fácil ver cuándo ocurrirá. Las elecciones regionales y municipales comenzarán en marzo en todo el país. Y, desde luego, nadie va a retener, recortar o cancelar ningún pago a las puertas de las elecciones. De hecho, el otro día, el primer ministro, Vladimir Putin, anunció que veinte regiones recibirían 2.000 millones de rublos (57,7 millones de euros) ¿Hace falta decir para qué dan este dinero? De hecho, el Gobierno presta dinero a la gente a cambio de lealtad. Una vez hayan obtenido la mayoría, el Gobierno pedirá que le devuelvan la deuda. Y cosas como el retraso en el pago de las prestaciones sociales y demás podrán ocurrir entonces.

Como aseguran algunos politólogos, todo esto podría acercar a la gente a la oposición. Nadie sabe en qué medida y qué podría ocurrir. Pero, como dice Nicolás Mironov, subdirector de una facultad de derecho rusa, el incremento del sentimiento opositor no debería hacerse notar más allá del próximo verano. 

Y esta vez no se opondrán sólo las clases más bajas, como se suele afirmar, sino la elite. No es difícil entender por qué. Si la gente no ha sentido casi la crisis, los oligarcas la notan ya sobre sus hombros. Las 25 personas más ricas de Rusia han perdido 237.700 millones de dólares (188.520 millones de euros) desde mayo, según la agencia Bloomberg. O lo que es lo mismo: entre el 50% y el 70% de la capitalización de sus activos. Es precisamente este grupo social el que apoya a las autoridades proclamando que se han dado todas las condiciones para movilizar la inversión y que, por fin, un Gobierno ha creado oportunidades para un crecimiento económico estable.

Los elogios se acabaron en cuanto aparecieron el caso Mechel y el conflicto georgiano y los inversores comenzaron a alejarse del mercado ruso. La incapacidad para proteger nuestra bolsa del derrumbe fue un golpe fatal. Como dicen nuestros analistas, todas las bolsas del mundo cayeron, pero sólo en la nuestra se produjo un crash (los índices perdieron lo ganado en los últimos 15 años y las cifras alcanzaron todos los mínimos posibles e imposibles).

El banquero convertido en opositor Alexander Lebedev apoyó la creación de un nuevo partido democrático dirigido por Mijaíl Gorbachov. Los analistas están seguros de que Lebedev dista mucho de ser el último en la lista. Tanto los ciudadanos corrientes como la elite necesitan un respaldo firme, tanto político como económico.

Pero las autoridades todavía pueden demostrar su utilidad. Depende de la presteza con que el Gobierno logre dar garantías a las empresas grandes y pequeñas (no sólo a las diez más grandes) y de con cuánta antelación logre prepararse para la próxima fase de la crisis, que sacudirá Rusia en febrero.

Si no lo consigue, cabe esperar que las masas se echen a la calle, todavía con la memoria fresca del desastre económico de 1998. Y los oligarcas estarán al frente de este movimiento ¿Por qué no? Teniendo en cuenta que el ministerio de Finanzas predice que la crisis durará al menos tres años y que las próximas elecciones parlamentarias serán en 2012, hay margen para formar una base opositora decente. Más aún teniendo en cuenta que el listón para acceder entrar en la Cámara va a descender del 7% actual al 5%.

 

Imagen: Letrero indicador de la cotización de la bolsa de Moscú (Wikipedia)


La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

Lukashenka da un ultimátum a Occidente para que reconozca las elecciones legislativas

 

Durante una entrevista con la agencia rusa Interfax-Oeste, Lukashenko afirmó: “si incluso estas elecciones son ‘no democráticas’, terminarán las conversaciones con Occidente”. “Veremos cómo reaccionan. Estas elecciones no tienen precedente y cumplen con las condiciones occidentales”, añadió en referencia a las elecciones del próximo domingo. De modo que, el dictador amenaza a Occidente con fortalecer sus relaciones con Rusia si no reconoce las elecciones. 

Mientras tanto, la campaña electoral de esta cita electoral difiere en poco de la anterior. Hay muchos elementos de represión sobre la oposición sobre los candidatos democráticos, solamente representados por 47 personas en las mesas y comités electorales de un total de 70.000. Esto hace que el proceso de recuento quede totalmente fuera de control.

Refiriéndose a la oposición, Lukashenka afirmó que todos los miembros de la oposición están en el paro y que esa es la razón por la que los ciudadanos no les votan. Esa afirmación es cuanto menos, cínica, ya que es el sistema que él ha creado lo que ha hecho que esto sea posible. En Bielorrusia ocurre lo mismo que Friedrich Hayek describió en su “Camino de servidumbre” de 1946. Básicamente, si el Estado es el empleador principal, aquellos que disientan están condenados a morir de hambre.

Los observadores de la OSCE continúan informando de la pasividad con que se desenvuelve la campaña, sin muchos mítines electorales. A algunos candidatos democráticos les han sido asignados lugares imposibles para ellos, incluso zonas para pasear al perro. Pero, de hecho, pocos bielorrusos prestan mucha atención a la campaña electoral. La mayoría de los ciudadanos no asiste a los encuentros con los candidatos, no saben nada de sus programas y, con mucha suerte, encuentran un folleto con éste en su buzón. Aún más: la mayoría de los ciudadanos apenas intuye el significado de estas elecciones y qué funciones tiene el Parlamento.

Esto no resulta sorprendente. Según la OSCE, los medios de comunicación se centran en la información oficial, referida esencialmente al presidente. La primera cadena pública dedicó un 41% de su tiempo para noticias políticas a las actividades del presidente y un 19% a las actividades el Comité Electoral. Todas las noticas referidas a las instituciones del Estado fueron positivas o, al menos, neutrales.

Los partidos de la oposición no han logrado ponerse de acuerdo para boicotear las elecciones. El Consejo Político de la Unión de Fuerzas Democráticas aprobó una resolución afirmando que las elecciones no iban a ser ni libres ni democráticas e instó a la comunidad internacional a no reconocerlas. Algunos candidatos democráticos tomaron la decisión personal de retirar sus candidaturas. Como resultado, 36 de los 110 distritos electorales no cuentan con un candidato demócrata y en 15 de ellos sólo se presenta un candidato, no dejando alternativa al votante.

Lukashenka necesita que el nuevo parlamento resulte legítimo para obtener el reconocimiento del régimen y atraer la inversión extranjera hacia una economía en declive. Además, espera rebotar la decisión sobre si reconocer las independencias de Abjazia y Osetia del Sur al parlamento recién elegido.

Las elecciones a la Cámara Baja del parlamento bielorruso, llamado la Cámara de Representantes tendrán lugar el próximo 28 de septiembre. Ninguna de las elecciones celebradas en Bielorrusia desde el golpe constitucional de 1996 ha sido reconocida por los países occidentales.