El régimen bielorruso muestra un gran ingenio en su trato a la oposición- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

Emblema del Ministerio de Defensa de BielorrusiaEn octubre de 2008, a pesar de el fraude en las elecciones recientes había sido evidente, la Unión Europea levantó las sanciones contra funcionarios bielorrusos, incluido Lukashenko. La Comisaria de Relaciones Exteriores y Política Europea de Vecindad, Benita Ferrero-Waldner, destacó la ausencia de prisioneros políticos como un paso adelante por la parte bielorrusa. Sin embargo, existen.

Nueve personas han sido sentenciadas a dos años, otra a uno y un menor a año y medio de libertad restringida sin ser enviados a centros penitenciarios por participar en protestas pacíficas de empresarios. Los condenados a esta pena no pueden salir del país o ser candidatos en elecciones. Tampoco pueden cambiar de lugar de residencia sin autorización de la Policía o participar en la vida pública. Están obligados a permitir la entrada de la Policía a sus domicilios en cualquier momento. Podemos hablar de arresto domiciliario, ya que sólo pueden estar en su casa y en el trabajo. Pueden ser objeto de un proceso criminal por infringir el régimen de cualquier manera.

Recientemente, la dictadura ha comenzado a poner en marcha otras tácticas. Los médicos son forzados a reescribir sus informes sobre activistas políticos jóvenes después de ser reclutados forzosamente para el Ejército. En 28 enero, agentes de policía y oficiales de reclutamiento llevaron a cabo auténticas redadas contra líderes juveniles por toda Bielorrusia. Trataron de llevarse al Ejército por la fuerza al líder del Frente Juvenil Iván Shyla, al de Moladz BNF Franak Vyachorka y al joven activista Zmitser Fedaruk. Franak Vyachorka fue localizado y arrestado en plena calle antes de ser trasladado a una unidad militar. Z. Zhaleznichenka y A. Kalita ya habían caído en manos de la leva.

El 16 de enero, Franak Vyachorka fue atrapado por la fuerza en el consultorio de un hospital al que habia acudido a hacerse un chequeo y confinado en la oficina de reclutamiento. Le dijeron que le transferirían a una unidad militar en cuestión de horas. Franak tenía una dispensa debido a una operación en el ojo y algunas enfermedades cónicas que padece. Tuvo que comparecer ante otra comisión médica en el hospital militar republicano. El 17, Vyachorka apeló su recluta y las acciones de los militares y el personal médico durante la leva. El militante juvenil exigía que las comisiones militares respetasen el principio de igualdad entre todos los reclutas.

“Organización no-registrada”

El tribunal del distrito de Savetski de Minsk avisó a los oficiales de reclutamiento que Vyachorka no podía ser llamado a filas hasta que su recurso no fuera considerado. Sin embargo, su caso fue juzgado en ausencia del interesado y a puerta cerrada. A pesar de sus problema de salud, Franak Vyachorka fue declarado apto para el servicio militar.

Ivan Shyla fue encontrado culpable hace año y medio de participar en una “organización no registrada”. Hace seis meses, fue expulsado del instituto antes de pasar su último examen de la secundaria. Bielorrusia es el único país europeo y uno de los pocos del mundo en que participar en una iniciativa u organización no registradas es delito. El código penal considera una violación de la ley cualquier asociación ciudadana, sin importar la finalidad.

Así que, aunque no existen prisioneros políticos como tales, virtualmente los hay. La dictadura priva a sus opositores de libertad con otras medidas, como arresto domiciliario o reclutamiento forzoso. Hace unos días, el secretario general del Comité de Helsinki sueco, Robert Hårdh, señaló acertadamente que el regimen bielorruso muestra un gran ingenio a la hora de perseguir a la oposición.

Yo preferiría que mostrara más ingenio en superar la crisis económica que arrecia a lo largo y ancho del país, más que en privar a la gente de libertad por sus opiniones polítcas o ejercer sus derechos básicos.

Imagen: Emblema del Ministerio de Defensa de Bielorrusia.

¿Quién ordenó asesinar a los opositores políticos?- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

Una acción callejera tuvo lugar en Minsk el 16 de enero. Una cadena humana con los retratos de los desaparecidos recordó uno de los eventos más importantes en la historia de la independencia de Bielorrusia. Como es habitual, fueron dispersados por la policía especial casi inmediatamente.

La historia de las desapariciones violentas de políticos en Bielorrusia es bien conocida en Europa. Una investigación independiente y adecuada de los casos de estas personas fue uno de los requisitos que la Unión Europea puso para mejorar las relaciones con Bielorrusia. Esto hace referencia a cuatro personas: Yuri Zajarenko (anterior ministro del Interior, desaparecido el 7 de mayo de 1999), Victor Gonchar (ex vicepresidente del Parlamento de Bielorrusia, desaparecido el 16 de septiembre de 1999), Anatoly Krasovski (empresario desaparecido con el señor Gonchar) y Dimitri Zavadski (cámara del canal ruso de televisión ORT, desaparecido el 7 de julio de 2000). Es de señalar que se celebraron elecciones presidenciales en 2001.

Cuatro personas del círculo más próximo a Lukashenko son sospechosas de asesinato político: el ex secretario del Consejo de Seguridad, previamente Fiscal General, Viktor Sheiman; el anterior ministro del Interior y ex ministro de Deportes y Turismo, Yuri Sivakov; el actual ministro del Interior, Vladimir Naumov y el anterior comandante de la Unidad de Reacción Rápida Especial bielorrusa, Dimitri Pavlichenko.

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Hoy en día, parece claro que, anteriormente a las desapariciones, fueron empleados escuadrones de la muerte (unidades paramilitares) para hacerse cargo de jefes criminales y empresarios desleales al régimen.

Christos Pourgourides, miembro del Comité de Asuntos Legales y Derechos Humanos del Consejo de Europa, hizo constar su preocupación y sugirió que Dimitri Pavlichenko, junto a “altos cargos del Estado” habrían estado implicados en los asesinatos de varios personas, incluyendo a políticos veteranos. Afirmó que el entonces Jefe de la Policía Criminal de Bielorrusia, el general Lapatik, había acusado a Dimitri Pavlichenko del asesinato de Yuri Zajarenko en una nota manuscrita fechada el 21 de noviembre de 2000. También hizo constar sus sospechas de la implicación de Pavlichenko en las desapariciones de Victor Gonchar y Anatoly Krasovski.

Premio al acusado

La orden de arresto de Pavlichenko por el jefe del KGB bielorruso en 2000 aseguraba que  “los materiales recogidos en la investigación contienen datos fiables que confirman que Dimitri Vasiliyevich Pavlichenko es el organizador y cabecilla de un cuerpo criminal dedicado al secuestro y a la desaparición física de personas. En concreto, el grupo criminal encabezado por D.V. Pavlichenko estuvo implicado en el asesinato de G.V. Samoylov, líder del RNE [una organización regional bielorrusa no registrada], así como en el asesinato de otros individuos”. Los funcionarios de la Oficina del Fiscal General también emitieron una orden de arresto para el Secretario del Consejo de Seguridad Viktor Sheiman, sospechoso de secuestro y asesinato de personas.

Sin embargo, todo cambió radicalmente en unos días. Pavlichenko salió de la cárcel por una orden personal de Lukashenko. El 27 de noviembre de 2000, el presidente también reemplazaba al Fiscal General y al jefe del KGB. El Fiscal General fue sustituido por… Sheiman.

Una cosa bastante divertida ocurrió en 2004. El diario local Udarnyj Front publicó una carta en apoyo a Lukashenko. Había en ella un poema que ensalzaba al Jefe de Estado. Incluía las siguientes líneas:

“Con paso firme y tranquilo

Unidos en el recto camino

Ni tormentas ni guerras nos acecharán

¡Con un presidente como éste!”

Sin embargo, los cumplidos resultaron ser una trampa: componían un acróstico con la frase “Lukashenko es un asesino”. El subdirector del periódico fue despedido fulminantemente. El poeta nunca fue encontrado, ya que los redactores habían tirado el sobre en que el texto llegó al rotativo.

 

Imagen: Manifestantes con retratos de los desaparecidos forman una cadena humana en las calles de Minsk el pasado día 16 (Julija Darashenka / Nasha Niva).

¿Por qué sigue cayendo el rublo bielorruso?- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

El tema principal en Bielorrusia desde el 2 de enero es el tipo de cambio y la estabilidad del rublo bielorruso. Ese día, muchos ciudadanos fueron sorprendidos por una devaluación inesperada del 20,5% de la divisa nacional ¿Por qué sólo muchos y no todos? Como la mayoría no tiene acceso a medios de comunicación independientes, y los canales nacionales no le dieron mucha importancia a la noticia, se encontraron con la devaluación varios días después.

banconacionaldebielorrusia2La operación financiera resultó ser extremadamente cínica. Sin el análisis de expertos o cobertura informativa hasta el 5 de enero. Tan sólo una breve mención noticiosa, como si nada hubiera ocurrido. El informativo de la noche en el principal canal nacional ni siquiera mencionaba la devaluación. La apertura consistía en la inauguración del torneo de hockey de Navidad con premios otorgados por Lukashenko.

Entre tanto, los ciudadanos de Bielorrusia perdían hasta 1.000 millones de dólares en una sola noche. Esta suma es el 20,5% de los ahorros que la gente tiene depositados en rublos bielorrusos en los bancos del país. Una quinta parte de los ahorros de los ciudadanos ha sido sacrificada por un error económico del Gobierno. 

Lukashenko había asegurado a los ciudadanos que no habría devaluaciones importantes de la divisa nacional. El 23 de diciembre pasado respondía así a un periodista: “A día de hoy, lo más importante es mantener la estabilidad. La estabilidad del rublo y la de todo el el sistema financiero. Hemos alcanzado los 2.200 (rublos por dólar) ¡Ya basta! Hasta aquí hemos llegado. Se lo hemos prometido a nuestro pueblo. Y se lo he dicho al director del Banco Nacional… ténganlo presente y Dios no lo quiera que rompa mi promesa. El año que viene, un 5% menos… mantenga este 5% de 2.200”.

El objetivo principal de la devaluación es reducir la pérdida en las reservas de oro y divisas del país. En otras palabras, impedir que la gente venda rublos por dólares, euros o rublos rusos. Muchos expertos señalan una devaluación del 20% no es suficiente para mejorar una situación con una balanza de pagos muy negativa. Sin embargo, puede haber sido bastante para hacer perder crédito a la divisa nacional. La historia muestra los ejemplos de Rusia y Ucrania en el pasado: basta que un 30% de los ciudadanos retire sus ahorros del banco para que el sistema bancario se desplome. Esto explica las apariciones de representantes del Banco Nacional en la televisión pública asegurando a los bielorrusos que no habrá más devaluaciones.

‘Renominalización’

El jefe del Departamento de Seguridad Informativa del Banco Nacional, A. Drozdov, desmintió como falsos rumores las informaciones acerca de una posible renominalización [reforormulación de la moneda a partir de su valor anterior, dando como resultado una nueva unidad por valor de varias de la anterior] de la divisa. Sin embargo, el pueblo tiene una memoria reciente muy vívida para dejar de creer en las autoridades, ya que Lukashenko les aseguró a lo largo de diciembre que la variación de la tasa de cambio no pasaría del 5%, para aprobar posteriormente una devaluación del 20,5%. De modo que muchos no creen ya y los rumores acerca de una posible y cercana renominalización se extienden con rapidez.

Renominalización es término familiar para muchos bielorrusos. Ya ha ocurrido dos veces desde la independencia: una en 1992 y la otra en 2000. Lo interesante esta vez es la posibilidad de la paridad entre los rublos ruso y bielorruso. Como 29 rublos rusos y 2.700 bielorrusos equivalen en este momento a un dólar, la paridad requeriría una mayor devaluación del rublo bielorruso y una renominalización de dos “ceros” para hacerlo similares a la divisa rusa.

Hace un par de meses, Putin expresó su creencia en que el rublo ruso se convertiría en la moneda regional. Más aún, el nuevo precio del gas ruso para Bielorrusia en 2009 no ha sido anunciado todavía ni por Minsk ni por Moscú. Las negociaciones están todavía en proceso y deben estar siendo bastante tensas. El lado ruso puedo aprovechar esta situación para presionar a Lukashenko a que admita al rublo ruso como moneda común de la llamada Unión de la Federación Rusa con Bielorrusia.

Imagen: Edificio del Banco Central de Bielorrusia en Minsk (Banco Nacional de Bielorrusia)

Lukashenko, obligado a dar un paso atrás- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

Acostumbrado a jugar entre Occidente y Rusia y a obtener considerables beneficios económicos de ésta asegurando ser su principal aliado, Lukashenko ha limitado extremadamente sus opciones. Sus relaciones con la elite rusa comenzaron a decaer a partir del conflicto petrolífero de finales de 2006.

lukashenjo-medvedevDurante la cumbre informal de San Petersburgo, Medvedev [el presidente ruso] encontro tiempo para reunirse personalmente con todos los líderes de la CIS, salvo Lukashenko. Él, por su parte, siguió comportándose de modo desafiante. En diciembre, su visita a Moscú, planeada de antemano, para la reunión del Consejo Superior de la llamada Unión [entre Rusia y Bielorrusia] fue pospuesta. La prensa rusa anunció que la cancelación del encuentro se debió a que la parte bielorrusa decidió incluir de pronto el asunto del gas en la agenda. Hace unos días, abandonó una sesión de la Asamblea Parlamentaria Ruso-Bielorrusa para irse a un pueblecito en Bielorrusia. Hay que destacar la presencia de los presidentes de los parlamentos de Osetia del Sur y Abjazia en aquella reunión. Al aprecer, Rusia espera que el parlamento bielorruso controlado por Lukashenko reconozca la independencia de estos estados autoproclamados.

Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba y enero, el plazo para concretar un nuevo precio para el gas, se acercaba, Lukashenko tuvo que coger el teléfono, llamar a Medvedev y proponer una visita para ayer.

El presupuesto de Bielorrusia para 2009 estaba calculado contando con un recio de 140 dólares (unos 100 euros) por cada mil metros cúbicos de gas, lo que resulta bastante sorprendente e incongruente si tenemos en cuenta que, según los cuerdos firmados por ambas partes, el precio a partir de enero de 2009, debería rondar los 200 dólares (unos 140 euros). Varios expertos aseguran que este precio resulta catastrófico para la economía. Y, en la medida en que el precio del gas es más bien un asunto político más que económico en las relaciones bielorruso-rusas, en el sentido de que alimenta la fidelidad política, las autoridades de Minsk esperan acordar un precio menor a cambio de ciertos acuerdos en las relaciones.

Situación delicada

Por un lado, el precio del gas podría mantenerse al mismo nivel o crecer al margen de la la tercera caída consecutiva del precio del petróleo. Por el otro, los directivos de Gazprom han anunciado que no ven razones para venderle el gas a Bielorrusia por menos de 200 dólares.

El martes pasado, las declaraciones de Lukashenko acerca del gas fueron eliminadas o tuvieron una presencia marginal en las agencias de noticias oficiales. Había dicho que las negociaciones son duras cada año y que este no iba a ser distinto. La omisión de estas fechas puede entenderse si uno piensa que este conflicto, a diferencia del de 2006, supone una amenaza mucho mayor para Lukashenko dada la situación económica actual.

Hace dos años, el intento de hacer que Rusia mantuviera un precio bajo desato el pánico en la sociedad acerca de la posible devaluación de la moneda bielorrusa. Los ciudadanos vendieron mucha moneda cambio de divisas extranjeras, pero esto apenas supuso un problema. Causar problemas en las negociaciones supone un alto riesgo en un momento en que Bielorrusia está perdiendo 500 millones de dólares (unos 358 millones de euros) mensuales en reservas de oro y divisas, siendo estas de tan sólo 2.000 millones de dólares (unos 1.433 millones de euros) por el momento. Cualquier afirmación fuera de tono puede tener consecuencias catastróficas para el sistema bancario. Y los problemas económicos están poniendo en su lugar al que fuera un dictador seguro de sí mismo.

Imagen: El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko (a la izquierda), estrecha la mano del ruso Dimitri Medvedev a su llegada ayer a Moscú (AP vía Daylife)

Una política económica soviética agrava la crisis- Por Aleg Pershanka (Minsk)

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Como las críticas en un régimen autoritario son mucho menores que en las democracias, la posibilidad de acertar en las decisiones del Gobierno es menor, y la posibilidad de poner en marcha una política fatal mucho mayor. Especialmente si los funcionarios, sobre todo el principal (el Presidente), se empeñan en seguir conceptos de gestión de la época pasada, por ejemplo, del sistema soviético.

Uno de los eslóganes más importantes de la propaganda del régimen, si no el que más, es que Bielorrusia representa una isla de estabilidad, mientras que los conflictos sociales, económicos, políticos y militares ocurren, sobre todo, en los países vecinos y, por lo general, en el resto del mundo. 

A diferencia de en otros países postsoviéticos, ni la terapia de choque ni las mínimas reformas económicas fueron llevadas a cabo en el país. Por un lado, esto evitó un período de escasez y alto desempleo, como sucedió en los países bálticos. El paro en Bielorrusia no solía ser tan alto como en los países vecinos y la gente trabajaba por, al menos, el salario mínimo. Desde que Lukashenko comenzó a desarrollar una política prorrusa, el régimen ruso pagó su lealtad política con ciertas regalías económicas. Bielorrusia podía comprar gas ruso al precio del mercado interior y revender petróleo ruso refinado a Occidente. El negocio con la energía rusa barata apoyó la economía del país hasta constituir un 10% de su PIB anual. Además, los bienes bielorrusos no se veían sujetos a ninguna restricción en el vasto mercado ruso.

Estos dos privilegios jugaron una mala pasada a la economía del país. Al obtener beneficios de la nada, Lukashenko y sus gestores no reformaron la economía, sino que levantaron un sistema centralizado de tipo soviético que, consistentemente, oprimía la iniciativa privada y el desarrollo de la pequeña y mediana empresa. Como resultado, la tasa de paro actual en Bielorrusia supera a la de cualquier país vecino, mientras que más de un millón de ciudadanos trabaja estacionalmente fuera, la mayoría en Rusia. Por descontado que el paro en Bielorrusia es, oficialmente, del 1%, ya que los estadísticos emplean los trucos más retorcidos posibles.

Hace como un mes, Lukashenko, negándose a admitir las consecuencias de la crisis económica y a renunciar al concepto de estabilidad, anunció que la crisis no llegaría a Bielorrusia. Sin embargo, las declaraciones optimistas del Gobierno se terminaron a las dos semanas, cuando se hizo evidente la velocidad a que caían las reservas de oro y la cotización del rublo bielorruso. Como muchas empresas ya no podían vender su producción en el extranjero, comenzaron los despidos en masa y la caída de los salarios.

Las autoridades respondieron a la manera soviética. En lugar de otorgar más libertad a la iniciativa privada, decretaron la prohibición de importar una gran cantidad manufacturas y productos de alimentación. Desde luego, la medida haría subir los precios para los consumidores, pero difícilmente estimularía la compra de la producción bielorrusa. Sin embargo, esto resulta incomprensible para los gerentes de tipo soviético.

Marcha de protesta

Las pequeñas y medianas empresas, la base de las economías de los países más desarrollados, son constantemente oprimidas en Bielorrusia. El último informe del Banco Mundial y del proyecto Doing Business sitúa a Bielorrusia en el último lugar del mundo, el 178, en materia de impuestos y obligaciones (hasta 124). El 1 de enero de 2009, el punto 3 del decreto presidencial “Acerca de algunas medidas para regular las actividades emprendedoras” espira. Esto significa que los empresarios tendrán que pagar los aranceles por los bienes que importen de Rusia, lo que terminará con los negocios de muchas pequeñas empresas.

Ayer, los empresarios organizaron una marcha de protesta en Minsk por esta razón. El invierno pasado ya organizaron otros tres eventos similares, pero no resultaron muy numerosos. Es de señalar lo activos que en ellos se mostraron los jóvenes. Como resultado, las autoridades abrieron procesos políticos contra 14 activistas juveniles. El último de ellos, Aliaksandar Barazenka, de 20 años, fue sentenciado a un años de libertad vigilada, sin necesidad de ingresar en ninguna institución especial, hace tan sólo unos días. Aunque los testigos no le incriminaron y las grabaciones presentadas no le mostraban cometiendo ninguna ilegalidad, el juez lo halló culpable de infringir el artículo 341-1 del Código Criminal (organización y preparación de acciones que violan flagrantemente el orden o tomar parte activa en ellas).

Aunque las actuales autoridades busquen eliminar del todo los pequeños negocios privados, y el propio Lukashenko prometiera hace algunos años estrecharle la mano al último emprendedor, parece que la crisis mundial y el hundimiento de la economía les hará corregir los planes. Sería estúpido por parte del Gobierno eliminar miles de pequeños negocios y convertir en parados a miles de personas. Sin embargo, los economistas de tipo soviético pueden pensar de otra forma, de modo que otra equivocación económica fatal es bastante probable.

Imagen: Vista de la manifestación de pequeños empresarios celebrada ayer por la tarde en Minsk que reunió a unas 3.000 personas (Yulya Darashkevich / Nasha Niva)

¿Por qué hacen rehenes a los niños?- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

El 13 de octubre, Lukashenko firmó el decreto número 555, que altera lo previsto en el decreto número 98, “Sobre los viajes por razones de salud de niños al extranjero sufragados con ayuda gratuita”. Según el nuevo documento, las organizaciones de caridad bielorrusas sólo pueden enviar niños a aquellos estados que hayan suscrito acuerdos internacionales con Bielorrusia que garanticen la seguridad y el retorno en el momento pactado de los niños que participen.

A primera vista, el contenido del decreto parece normal, pero examinémoslo más de cerca. El presidente de la Fundación Niños de Chernobil, Henadz Hrushawy, asegura que el decreto exige cambios de legislación a los países que quieran llegar a un acuerdo con Bielorrusia. “Pretenden que el Estado tenga derecho a intervenir en las actividades de las ONGs, como en nuestro país. Pero esto arruina la esencia de la caridad. La caridad tiene que ser llevada a cabo por actores no estatales, nunca por instituciones del Estado”, explica. El Gobierno suspendió las actividades de su fundación en agosto.

El único estado que ha llegado a un acuerdo de este tipo con Bielorrusia ha sido Italia. La razón es que, a finales de los ’90, establecieron un cierto tipo de Departamento de Asuntos Humanitarios. Era una estructura estatal que, encuadrada en un ministerio, otorgaba permiso a las organizaciones caritativas para llevar a cabo sus actividades.

Los problemas para los programas de salida al extranjero para niños bielorrusos comenzaron después de que Taciana Kazyra, de 16 años, no se presentara el pasado 5 de agosto en el aeropuerto de San Francisco para volar de vuelta a Minsk con otras 24 chicas y chicos y dos monitores de las organizaciones benéficas después de haber pasado el verano en Estados Unidos. Las autoridades bielorrusas exigieron el regreso de la chica y suspendieron los programas de salud. Por una ironía del destino, hace unos días se supo que, al parecer, Taciana está pensando en regresar a Bielorrusia y, con seguridad, volará pronto de vuelta.

Pero sería ingenuo pensar que la razón para suspender los programas de verano y tomar a los niños como rehenes es la mera respuesta al comportamiento estúpido (como dicen algunos) de Taciana, que provocó un escándalo internacional. Recordemos las palabras del hombre que toma las decisiones en este país. El 17 de noviembre de 2004, Lukashenko dijo: “La adopción de niños por extranjeros es una vergüenza para nuestro Estado, tenemos que deshacernos de ella de una vez por todas (…) Este proceso ha de ser reducido no sólo al mínimo, sino a cero (…) Tenemos que criar nosotros a nuestros niños”. Lo más interesante son las razones para argumentar de esta manera: “¿No veis en quién se convierten al regresar? ¿Cómo nos beneficiamos de esa forma de vida? El consumismo se propaga entre nuestra juventud y por nuestro país. No necesitamos esa crianza”.

Lukasenko esconde la razón verdadera utilizando el concepto de consumismo como excusa. Teme el contagio de los valores democráticos entre la juventud. No es un secreto que muchos de los que tuvieron la oportunidad de pasar un tiempo en el extranjero y de ver las ventajas de las sociedades democráticas, libres de la propaganda de los medios estatales, terminan convirtiéndose en partidarios de la democracia y participando en actividades y mítines de la oposición. De modo que el objetivo del régimen autoritario está claro. Pretende sobrevivir a largo plazo aislando de influencias externas a los jóvenes tanto como pueda.

“Me gustaría señalar un aspecto importante. Existe [en Bielorrusia] la prohibición de abandonar el país para aquellos que hayan quebrantado la ley y tengan algún proceso en trámite. Desconozco cuánta gente ha perdido su derecho (…) Pero el decreto número 555 metió a 30.000 niños directamente en esa lista. No se les permite salir”, señaló Henadz Hrushawy.

La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

El dictador y sus fieles seguidores son bienvenidos; los demócratas no

 

El 13 de octubre, los ministros de Exteriores de la Unión Europea levantaron la prohibición de entrada a los países de la Unión a Alexander Lukashenka y a 35 altos cargos del Gobierno bielorruso por medio año. Sólo cinco personas se han quedado en la lista de vetados: la presidenta de la Comisión Electoral Central, Lidia Yarmoshyna y otros cuatro sospechosos de haber participado en los secuestros violentos de políticos de la oposición en los años 1999 y 2000. Estos son: el actual ministro del Interior Uladzimir Navumau; el ex secretario de Estado de Seguridad, Viktar Sheiman; el ex ministro Asuntos Internos, Yury Sivakou y el ex comandante de la brigada de tropas especiales de las tropas del Ministerio del Interior, Dimitrij Paulichenka.

La prohibición de viajar a la UE volverá a entrar en vigor en abril de 2009, a menos que que los 27 estados decidan lo contrario. La reimposición de la medida estará condicionada a las reformas que Bielorrusia realice en los campos de “la ley electoral (…) libertad de expresión y de prensa, así como en la libertad de reunión y asociación política”, según ha explicado la UE en un comunicado.

La decisión ha provocado contradicciones dentro de la sociedad. Por un lado, puede existir cierta impresión de que Bielorrusia se aleja de la influencia rusa de esta manera. Pero, por el otro, ahora Lukashenka y aquellos más leales a él pueden solicitar visados Schengen para viajar por toda Europa, mientras los activistas democráticos están en una lista negra especial de Interior que les impide salir del país por las razones más nimias. Y los bielorrusos corrientes tienen que pagar 60 euros por un visado Schengen, una tercera parte del sueldo medio mensual.

“El comportamiento de los europeos tiene una definición precisa y analogías claras en la historia. Se llama apaciguar al dictador”, afirmó Andrei Sannikau, ex viceministro bielorruso de Exteriores entre 1995 y 1996, hoy coordinador de la campaña Bielorrusia Europea. Asegura que la decisión de levantar la prohibición tiene todas las probabilidades de no dar los resultados que algunos europeos esperan. Sannikau está seguro de que el régimen autoritario no tomará la decisión como un gesto de buena voluntad, sino como una muestra de debilidad europea y de reconocimiento del actual desprecio por la ley e irresponsabilidad de los funcionarios actuales.

Durante la Cumbre Europea del 13 de octubre, el ministro de Exteriores bielorruso, Segéi Martinov habló de economía y ecología, pero no pronunció una sola palabra acerca de los Derechos Humanos y la libertad de prensa, que son las condiciones principales que pone la UE para levantar las sanciones contra Bielorrusia. “Bielorrusia espera profundizar sus relaciones con Europa”, afirmó después de reunirse con el Alto Comisionado para la Política Exterior de la UE, Javier Solana. Estas relaciones “son en interés de ambas partes: comenzando por la economía y terminando por la lucha contra el contrabando, la inmigración ilegal y la protección al tránsito de mercancías y al medio ambiente”, añadió. El mensaje no es nuevo en absoluto: no interfieran en nuestra política interior y régimen autoritario y nosotros colaboraremos en todo lo demás.

El diario alemán Die Tageszeitung afirmó que aquel fue “un día negro para Europa”. “La Unión Europea está rota por los déspotas orientales”, relataba el diario, refiriéndose también al dirigente de Uzbekistán Islam Kadírov. “La política europea no reacciona ante el uso de la gente como moneda de cambio en las negociaciones. Primero hay que arrestar a los ciudadanos sin razón aparente. Después, probablemente, torturarlos. Entonces ya están listos para ser empleados en las negociaciones con los europeos. Este método puede parecer útil si quieren que la UE haga concesiones. Pero no tiene nada que ver con reformas auténticas”, añadió.

Recuerdo la paliza a los jóvenes en 1 de mayo de este año. En ocación de la fiesta del Primero de Mayo y de la conmemoración de la ampliación de la UE al Este, varios jóvenes acudieron a un mitin. Allí, los soldados les arrebataron las banderas de la UE y los arrestaron sin razón alguna. Los chicos había salido a la calle desinteresadamente y esperaban que la UE les ayudara. Ahora están muy decepcionados.