¿Por qué hacen rehenes a los niños?- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

El 13 de octubre, Lukashenko firmó el decreto número 555, que altera lo previsto en el decreto número 98, “Sobre los viajes por razones de salud de niños al extranjero sufragados con ayuda gratuita”. Según el nuevo documento, las organizaciones de caridad bielorrusas sólo pueden enviar niños a aquellos estados que hayan suscrito acuerdos internacionales con Bielorrusia que garanticen la seguridad y el retorno en el momento pactado de los niños que participen.

A primera vista, el contenido del decreto parece normal, pero examinémoslo más de cerca. El presidente de la Fundación Niños de Chernobil, Henadz Hrushawy, asegura que el decreto exige cambios de legislación a los países que quieran llegar a un acuerdo con Bielorrusia. “Pretenden que el Estado tenga derecho a intervenir en las actividades de las ONGs, como en nuestro país. Pero esto arruina la esencia de la caridad. La caridad tiene que ser llevada a cabo por actores no estatales, nunca por instituciones del Estado”, explica. El Gobierno suspendió las actividades de su fundación en agosto.

El único estado que ha llegado a un acuerdo de este tipo con Bielorrusia ha sido Italia. La razón es que, a finales de los ’90, establecieron un cierto tipo de Departamento de Asuntos Humanitarios. Era una estructura estatal que, encuadrada en un ministerio, otorgaba permiso a las organizaciones caritativas para llevar a cabo sus actividades.

Los problemas para los programas de salida al extranjero para niños bielorrusos comenzaron después de que Taciana Kazyra, de 16 años, no se presentara el pasado 5 de agosto en el aeropuerto de San Francisco para volar de vuelta a Minsk con otras 24 chicas y chicos y dos monitores de las organizaciones benéficas después de haber pasado el verano en Estados Unidos. Las autoridades bielorrusas exigieron el regreso de la chica y suspendieron los programas de salud. Por una ironía del destino, hace unos días se supo que, al parecer, Taciana está pensando en regresar a Bielorrusia y, con seguridad, volará pronto de vuelta.

Pero sería ingenuo pensar que la razón para suspender los programas de verano y tomar a los niños como rehenes es la mera respuesta al comportamiento estúpido (como dicen algunos) de Taciana, que provocó un escándalo internacional. Recordemos las palabras del hombre que toma las decisiones en este país. El 17 de noviembre de 2004, Lukashenko dijo: “La adopción de niños por extranjeros es una vergüenza para nuestro Estado, tenemos que deshacernos de ella de una vez por todas (…) Este proceso ha de ser reducido no sólo al mínimo, sino a cero (…) Tenemos que criar nosotros a nuestros niños”. Lo más interesante son las razones para argumentar de esta manera: “¿No veis en quién se convierten al regresar? ¿Cómo nos beneficiamos de esa forma de vida? El consumismo se propaga entre nuestra juventud y por nuestro país. No necesitamos esa crianza”.

Lukasenko esconde la razón verdadera utilizando el concepto de consumismo como excusa. Teme el contagio de los valores democráticos entre la juventud. No es un secreto que muchos de los que tuvieron la oportunidad de pasar un tiempo en el extranjero y de ver las ventajas de las sociedades democráticas, libres de la propaganda de los medios estatales, terminan convirtiéndose en partidarios de la democracia y participando en actividades y mítines de la oposición. De modo que el objetivo del régimen autoritario está claro. Pretende sobrevivir a largo plazo aislando de influencias externas a los jóvenes tanto como pueda.

“Me gustaría señalar un aspecto importante. Existe [en Bielorrusia] la prohibición de abandonar el país para aquellos que hayan quebrantado la ley y tengan algún proceso en trámite. Desconozco cuánta gente ha perdido su derecho (…) Pero el decreto número 555 metió a 30.000 niños directamente en esa lista. No se les permite salir”, señaló Henadz Hrushawy.

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La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

El dictador y sus fieles seguidores son bienvenidos; los demócratas no

 

El 13 de octubre, los ministros de Exteriores de la Unión Europea levantaron la prohibición de entrada a los países de la Unión a Alexander Lukashenka y a 35 altos cargos del Gobierno bielorruso por medio año. Sólo cinco personas se han quedado en la lista de vetados: la presidenta de la Comisión Electoral Central, Lidia Yarmoshyna y otros cuatro sospechosos de haber participado en los secuestros violentos de políticos de la oposición en los años 1999 y 2000. Estos son: el actual ministro del Interior Uladzimir Navumau; el ex secretario de Estado de Seguridad, Viktar Sheiman; el ex ministro Asuntos Internos, Yury Sivakou y el ex comandante de la brigada de tropas especiales de las tropas del Ministerio del Interior, Dimitrij Paulichenka.

La prohibición de viajar a la UE volverá a entrar en vigor en abril de 2009, a menos que que los 27 estados decidan lo contrario. La reimposición de la medida estará condicionada a las reformas que Bielorrusia realice en los campos de “la ley electoral (…) libertad de expresión y de prensa, así como en la libertad de reunión y asociación política”, según ha explicado la UE en un comunicado.

La decisión ha provocado contradicciones dentro de la sociedad. Por un lado, puede existir cierta impresión de que Bielorrusia se aleja de la influencia rusa de esta manera. Pero, por el otro, ahora Lukashenka y aquellos más leales a él pueden solicitar visados Schengen para viajar por toda Europa, mientras los activistas democráticos están en una lista negra especial de Interior que les impide salir del país por las razones más nimias. Y los bielorrusos corrientes tienen que pagar 60 euros por un visado Schengen, una tercera parte del sueldo medio mensual.

“El comportamiento de los europeos tiene una definición precisa y analogías claras en la historia. Se llama apaciguar al dictador”, afirmó Andrei Sannikau, ex viceministro bielorruso de Exteriores entre 1995 y 1996, hoy coordinador de la campaña Bielorrusia Europea. Asegura que la decisión de levantar la prohibición tiene todas las probabilidades de no dar los resultados que algunos europeos esperan. Sannikau está seguro de que el régimen autoritario no tomará la decisión como un gesto de buena voluntad, sino como una muestra de debilidad europea y de reconocimiento del actual desprecio por la ley e irresponsabilidad de los funcionarios actuales.

Durante la Cumbre Europea del 13 de octubre, el ministro de Exteriores bielorruso, Segéi Martinov habló de economía y ecología, pero no pronunció una sola palabra acerca de los Derechos Humanos y la libertad de prensa, que son las condiciones principales que pone la UE para levantar las sanciones contra Bielorrusia. “Bielorrusia espera profundizar sus relaciones con Europa”, afirmó después de reunirse con el Alto Comisionado para la Política Exterior de la UE, Javier Solana. Estas relaciones “son en interés de ambas partes: comenzando por la economía y terminando por la lucha contra el contrabando, la inmigración ilegal y la protección al tránsito de mercancías y al medio ambiente”, añadió. El mensaje no es nuevo en absoluto: no interfieran en nuestra política interior y régimen autoritario y nosotros colaboraremos en todo lo demás.

El diario alemán Die Tageszeitung afirmó que aquel fue “un día negro para Europa”. “La Unión Europea está rota por los déspotas orientales”, relataba el diario, refiriéndose también al dirigente de Uzbekistán Islam Kadírov. “La política europea no reacciona ante el uso de la gente como moneda de cambio en las negociaciones. Primero hay que arrestar a los ciudadanos sin razón aparente. Después, probablemente, torturarlos. Entonces ya están listos para ser empleados en las negociaciones con los europeos. Este método puede parecer útil si quieren que la UE haga concesiones. Pero no tiene nada que ver con reformas auténticas”, añadió.

Recuerdo la paliza a los jóvenes en 1 de mayo de este año. En ocación de la fiesta del Primero de Mayo y de la conmemoración de la ampliación de la UE al Este, varios jóvenes acudieron a un mitin. Allí, los soldados les arrebataron las banderas de la UE y los arrestaron sin razón alguna. Los chicos había salido a la calle desinteresadamente y esperaban que la UE les ayudara. Ahora están muy decepcionados.

La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

¿Para qué necesita Lukashenka una central nuclear?

 

El 30 de septiembre, durante la sesión plenaria de Agencia Internacional de la Energía Atómica (IEAE, en sus siglas inglesas), la Asamblea General (parlamento) de Bielorrusia informó a sus miembros de que había decidido construir la primera central de energía nuclear en su territorio. Uno de los representantes permanentes de la República de Bielorrusia, Alexander Sychov, afirmó que la decisión había sido tomada tras sopesar cuidadosamente varias opciones para desarrollar la política energética del Estado.

El 31 de enero de 2008, Lukashenka firmó un decreto del Consejo de Seguridad acerca de la construcción de la central nuclear. Hay que destacar que el artículo 18 de la Constitución reza de esta manera: “La República de Belarus se pone como meta convertirse en un territorio no nuclear”.

Muchos científicos bielorrusos se oponen a la decisión de construir la central. Algunos de ellos establecieron en abril un comité llamado Para una Bielorrusia No Nuclear. Yégor Fediushin, presidente del Instituto Internacional de Tecnologías de la Información y miembro del comité afirmó que “durante toda la discusión sobre si construir o no la central, nadie ha citado ningún tipo de dato o prueba económica en defensa del proyecto para dotarnos de energía nuclear”. 

Los científicos reunidos en el comité aprobaron un llamamiento a sus colegas bielorrusos y de otros países. Aseguran que “Bielorrusia es el país que más ha sufrido las consecuencias de la nuclearización pacífica [en alusión al desastre de Chernobil]”. Por esta razón, los científicos consideran inadmisible la instalación de armas nucleares, la instalación de centrales atómicas o el almacenaje de residuos nucleares en su territorio.

Para el ex presidente de la Academia Nacional de las Ciencias Alexander Voitovich “el asunto le fue ocultado a la sociedad y casi no ha sido discutido a un nivel de expertos, digamos en la Academia de las Ciencias. Ahora sé cómo se toman las decisiones, incluyendo la de la Academia de las Ciencias: una orden llega desde ‘arriba’ y todo lo demás se ajusta a ella. No hay ningún tipo de análisis objetivo”.

La disposición a construir una central nuclear puede ser percibida como una prueba de la superación de las consecuencias del desastre de Chernobil y una razón para cancelar los programas de ayuda a los afectados. Recordemos que, a consecuencia de la mayor catástrofe tecnológica nunca vista, que tuvo lugar cuando el 26 de abril de 1986 estalló el cuarto reactor de la central nuclear de Chernobil, un 70% de todos los elementos radiactivos fue dispersado por el sudeste de Bielorrusia.

Las autoridades ocultan las cifras reales de las consecuencias de la tragedia y siguen destinando tierras bastante contaminadas a la agricultura. En 1999, el director del Instituto Médico de Gomel, Yury Bandazhevsky publicó los resultados de sus investigaciones. Estos desaconsejaban los planes de las autoridades de volver a cultivar las tierras contaminadas por el desastre de Chernobil y eran críticos con la venta y exportación de vegetales radioactivos. Fue arrestado poco después de la publicación de su informe, en el que criticaba a las autoridades. Durante un mes, nadie supo dónde estaba. Hasta que lo encontraron en la cárcel, donde fue sometido a tortura psicológica, interrogado a menudo durante la noche y dormía en el suelo de la celda, donde trataba de abrigarse con periódicos.

Al vigésimo tercer día su falsa desaparición, y sin la asistencia de un abogado, fue acusado de aceptar sobornos de estudiantes que querían entrar en la universidad. En 2001 le sentenciaron a ocho años de cárcel. Los expertos independientes señalaron hasta ocho violaciones de las leyes de enjuiciamiento criminal en su proceso y los testigos principales se negaron a ratificar sus propias declaraciones juradas contra el profesor. De cualquier modo, fue condenado. La comunidad internacional lo reconoció como preso político y salió bajo una amnistía en 2005.

Algunos analistas se muestran sorprendidos por los planes para construir la central nuclear, ya que, según sus cálculos, el proyecto no será rentable para la economía nacional, sino que provocará una crisis económica. El combustible de uranio se ha vuelto realmente caro y el problema del enterramiento de los residuos nucleares sigue sin solución. Hace 30 años, la IAEA esperaba construir 170 reactores nucleares, pero hoy en día considera un buen año si se erigen tan sólo tres o cuatro.

Si su planteamiento es acertado, sólo queda una explicación posible a para qué ha decidido Lukashenka comenzar el proyecto. Recientemente, las centrales nucleares están apareciendo en países subdesarrollados. Algunos tienen la intención de fabricar plutonio para crear un arma nuclear ¿Piensa tal vez el último dictador de Europa colocar a Bielorrusia en la misma lista que China, Irán, Turquía, Pakistán, Corea del Norte?

La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

 

Resultados electorales: Occidente, decepcionado; el pueblo bielorruso, engañado una vez más

 

Parecía imposible que pudieran existir elecciones parlamentarias más improbables que las celebradas en 2004. Hace cuatro años, 108 de los 110 diputados fueron elegidos en la primera vuelta. Ni un sólo miembro de la oposición llegó por entonces a la Cámara Baja del Parlamento.

Pero estas elecciones han resultado ser aún más bárbaras. Todos los diputados  han sido elegidos en la primera ronda, ni uno sólo  pertenece a la oposición. Los funcionarios de Minsk ni siquiera han intentado simular un escenario más realista para las elecciones: segunda vuelta en algunas circunscripciones y algunos miembros de la oposición en el Parlamento.

Las sensacionales reuniones de las autoridades bielorrusas con conocidos representantes de la UE antes de las elecciones, la conversación telefónica entre Lukashenka y Solana, los intentos de persuasión a la oposición para que no retirase a sus candidatos por parte de diplomáticos occidentales y la llamativa buena voluntad de los observadores OSCE para fijarse en los aspectos más positivos de la campaña electoral llevaron a muchos expertos y al bielorruso medio a pensar que Lukashenka y Occidente habían llegado a un acuerdo.

Influyentes periódicos polacos llegaron incluso a publicar una lista supuestamente acordada entre las autoridades bielorrusas y Occidente acerca de qué miembros de la oposición habían de ser elegidos diputados. Sin embargo, la lista enviada en la víspera de las elecciones a la redacción del diario publico Narodnaya Volia por un anónimo funcionario bielorruso resultó ser bastante más precisa. Incluía a todos los candidatos del Gobierno y sólo falló en algún nombre  que otro.

Occidente esperaba que la mayor representatividad del nuevo parlamento bielorruso permitiera una mayor cooperación con Bielorrusia. Algo así como elecciones democráticas a cambio de ayuda política y financiera para Bielorrusia. Lukashenka había expresado en público repetidamente su deseo de que Occidente reconociera estas elecciones y de que el Parlamento quedara así legitimado. Los países occidentales dieron muestras de su disposición a hacerlo si al menos algún que otro miembro de la oposición salía elegido como diputado.

Pero los fraudulentos resultados sorprendieron a Occidente y mostraron la terquedad de Lukashenka y su completa incapacidad para llegar a ningún acuerdo. “Desafortunadamente, las reiteradas señales de buena voluntad no parecen haber sido recibidas o interpretadas correctamente. En consecuencia, el significativo progreso que esperábamos para desarrollo democrático de Bielorrusia no se ha materializado”, explicó Anne-Marie Lizin, vicepresidenta de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE y Coordinadora Especial de los observadores a corto plazo de la OSCE.

“El presidente Lukashenka nunca pierde una oportunidad para perder una oportunidad”, afirmó el Secretario General del Consejo de Europa, Terry Davis. “Existía la esperanza de que las recientes elecciones parlamentarias serían un punto de inflexión en el aislamiento autoimpuesto de Bielorrusia del resto de Europa. Desafortunadamente, no ha sido así”, añadió.

La oposición se basó en los numerosos actos de falsificación descubiertos para tachar las elecciones de totalmente fraudulentas y la participación de sospechosamente excesiva. Después de los pucherazos a cara descubierta que tuvieron lugar por todo el país, la misión de observación electoral de la OSCE/ODIHR no calificó las elecciones parlamentarias ni de justas ni de democráticas. El recuento fue evaluado como “malo” o “muy malo” en el 48% de los colegios electorales visitados. Cuando fue posible acceder al proceso, observaron varios casos de falsificación.

Desde luego, los medios estatales no dijeron una palabra sobre el informe de la OSCE y su evaluación negativa del proceso. Las palabras de los miembros de la organización fueron sacadas de contexto. Y cuando los canales rusos que emitían desde Bielorrusia informaban sobre las conclusiones de la OSCE, eran interrumpidos por publicidad. 

Parece que Occidente no tiene una idea clara sobre cómo llevar las relaciones con Bielorrusia. Tras la decepción con los demócratas bielorrusos y su papel de mediadores, esperaban colaborar con las autoridades actuales. Es de esperar que a estas elecciones siga un periodo de incertidumbre bastante largo en las relaciones entre Minsk y los países occidentales.

El politólogo bielorruso Chernoy mostró el año pasado en su artículo ¿Transformación o conservación? que los regímenes autoritarios de tipo bielorruso (regímenes personalistas de izquierda de orientación populista-conservadora) casi nunca son doblegados por cambios profundos en el sistema. Más aún, nunca se ha dado el caso de que uno de estos regímenes evolucionara hacia el autoritarismo radical y se dirigiera hacia la modernización y una evolución consistente. En los regímenes personalistas, el poder depende una sola persona, que es la fuente esencial de poder y, a veces, única. Por tanto, la duración de este tipo de regímenes queda determinada por la duración política, y a veces física, de su líder-creador.

El dictador adicto al deporte tiene ahora mismo 54 años y parece estar muy bien de salud. Sin embargo, los países occidentales pueden ayudar al pueblo bielorruso a alcanzar sus légitimas aspiraciones democráticas acelerando su muerte política a través de una política unida y un sistema de sanciones políticas y económicas que resulte eficaz. Esperemos que ahora tengan una idea más clara del tipo de persona con que se las tienen que ver.

Primer vídeo: Una mujer de la mesa electoral alega estar “enferma” para salir y hacer una llamada. Los demás miembros le esperan. A su regreso, susurra ciertas palabras al comité. Está terminantemente prohibido para un miembro de la mesa abandonar la sala durante el proceso de recuento. Los autores del vídeo alegan que llamó a la Comisión Electoral Central y que son los “resultados” lo que comenta en voz baja a los demás miembros de la mesa (Uladzimir Uladzimirau).

Segundo vídeo: Un observador electoral de una organización local trata de acercarse a la mesa para vigilar el recuento. El presidente de la mesa le impide acercarse. Los observadores tendrán que conformarse con mirar a diez metros de distancia el recuento de cada papeleta (Uladzimir Uladzimirau)

 

La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

Lukashenka da un ultimátum a Occidente para que reconozca las elecciones legislativas

 

Durante una entrevista con la agencia rusa Interfax-Oeste, Lukashenko afirmó: “si incluso estas elecciones son ‘no democráticas’, terminarán las conversaciones con Occidente”. “Veremos cómo reaccionan. Estas elecciones no tienen precedente y cumplen con las condiciones occidentales”, añadió en referencia a las elecciones del próximo domingo. De modo que, el dictador amenaza a Occidente con fortalecer sus relaciones con Rusia si no reconoce las elecciones. 

Mientras tanto, la campaña electoral de esta cita electoral difiere en poco de la anterior. Hay muchos elementos de represión sobre la oposición sobre los candidatos democráticos, solamente representados por 47 personas en las mesas y comités electorales de un total de 70.000. Esto hace que el proceso de recuento quede totalmente fuera de control.

Refiriéndose a la oposición, Lukashenka afirmó que todos los miembros de la oposición están en el paro y que esa es la razón por la que los ciudadanos no les votan. Esa afirmación es cuanto menos, cínica, ya que es el sistema que él ha creado lo que ha hecho que esto sea posible. En Bielorrusia ocurre lo mismo que Friedrich Hayek describió en su “Camino de servidumbre” de 1946. Básicamente, si el Estado es el empleador principal, aquellos que disientan están condenados a morir de hambre.

Los observadores de la OSCE continúan informando de la pasividad con que se desenvuelve la campaña, sin muchos mítines electorales. A algunos candidatos democráticos les han sido asignados lugares imposibles para ellos, incluso zonas para pasear al perro. Pero, de hecho, pocos bielorrusos prestan mucha atención a la campaña electoral. La mayoría de los ciudadanos no asiste a los encuentros con los candidatos, no saben nada de sus programas y, con mucha suerte, encuentran un folleto con éste en su buzón. Aún más: la mayoría de los ciudadanos apenas intuye el significado de estas elecciones y qué funciones tiene el Parlamento.

Esto no resulta sorprendente. Según la OSCE, los medios de comunicación se centran en la información oficial, referida esencialmente al presidente. La primera cadena pública dedicó un 41% de su tiempo para noticias políticas a las actividades del presidente y un 19% a las actividades el Comité Electoral. Todas las noticas referidas a las instituciones del Estado fueron positivas o, al menos, neutrales.

Los partidos de la oposición no han logrado ponerse de acuerdo para boicotear las elecciones. El Consejo Político de la Unión de Fuerzas Democráticas aprobó una resolución afirmando que las elecciones no iban a ser ni libres ni democráticas e instó a la comunidad internacional a no reconocerlas. Algunos candidatos democráticos tomaron la decisión personal de retirar sus candidaturas. Como resultado, 36 de los 110 distritos electorales no cuentan con un candidato demócrata y en 15 de ellos sólo se presenta un candidato, no dejando alternativa al votante.

Lukashenka necesita que el nuevo parlamento resulte legítimo para obtener el reconocimiento del régimen y atraer la inversión extranjera hacia una economía en declive. Además, espera rebotar la decisión sobre si reconocer las independencias de Abjazia y Osetia del Sur al parlamento recién elegido.

Las elecciones a la Cámara Baja del parlamento bielorruso, llamado la Cámara de Representantes tendrán lugar el próximo 28 de septiembre. Ninguna de las elecciones celebradas en Bielorrusia desde el golpe constitucional de 1996 ha sido reconocida por los países occidentales.

La UE estudia levantar las sanciones a Bielorrusia (revista de prensa)

Bielorrusia:  Javier Solana, el Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, se mostró el viernes pasado partidario de un acercamiento a Bielorrusia. “Han tomado decisiones importantes con la liberación de prisioneros políticos (…) Nos gustaría encontrar una manera para recompensar por nuestra parte este tipo de comportamiento”. Fuentes de la UE han explicado que Solana ha mantenido contactos con varios altos funcionarios del Gobierno de Lukashenka.

Al parecer, el Gobierno polaco ha sido el impulsor de la iniciativa durante la reunión de los ministros de Exteriores en Avignon. “Prepararemos hoy el terreno”, afirmó el jefe de la diplomacia polaca Radoslaw Sikorski en pasado viernes. “La situación ha llegado a un punto en el que podemos abandonar las sanciones”, añadió. La UE impuso sanciones a Bielorrusia y varios miembros del gobierno tras la represión de las protestas por las elecciones presidenciales de 2006, ampliamente denunciadas por haber sido falsificadas. Estas consistieron en la prohibición de viajar al Europa para 46 altos funcionarios del Gobierno (incluido el presidente Lukashenka) y la exclusión de ciertos beneficios comerciales y económicos reservados para los países incluidos en la política de vecindad europea.

 La liberación de tres presos políticos hace tres semanas y la actitud ambivalente del aliado de Rusia hacia el reconocimiento de Abjazia y Osetia del Sur parece haber descongelado las actitudes de Bruselas y Washington  hacia el autoritario Lukashenka. Sin embargo, como ya adelantó (y denunció) el analista de La mirada al Este, Aleg Pershanka, la próxima privatización de cerca de 500 empresas públicas bielorrusas hacía previsible el abandono de los recelos de Occidente hacia las prácticas represivas del Lukashenka, descrito por Washington allá por 2006 como “el último dictador de Europa”.

Ya cerca de las elecciones legislativas del próximo 28 de septiembre, la Comisaria de Política Exterior de la UE, Benita Ferrero-Waldner, también ha mostrado su disposición a retomar las conversaciones a alto nivel con Minsk, llegando incluso a sugerir la posibilidad de invitar al ministro de Asuntos Exteriores bielorruso a la próxima reunión de ministros de la Unión el próximo 15 de septiembre, decisión que los ministros refrendaron al día siguiente. “Estoy a favor de mayor apertura y de facilitar las cosas en cuestión de visados”, declaró Ferrero-Waldner el pasado viernes. Los ministros de Suecia, Estonia y Lituania hicieron declaraciones similares.

Tanto la UE como EE.UU. condicionan su apoyo a que las próximas legislativas mantengan un cierto aspecto de legitimidad democrática. Los partidos de la oposición democrática han denunciado que sus representantes en las mesas y comisiones electorales solo representarán un 0,07 del total y mantienen la duda sobre si boicotear las elecciones. EE.UU. levantó el pasado jueves algunas sanciones comerciales. Ese mismo día, el encargado de negocios de la embajada de EE.UU. en Minsk (máximo representante de Washington desde la retirada del embajador en 2006), animó a los partidos de la oposición democrática a participar en las elecciones alegando que saben, por experiencia, “que los boicots no llevan a ningún lado”. Asegura también que las autoridades le han garantizado que habrá grandes mejorías en la calidad democrática de la próxima cita electoral.

 

P.V.        

 

Imagen: Retrato y bandera oficiales de Lukashenka y Bielorrusia en un domicilio particular de la república (Wikipedia)     

La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

 

¿Legitimará la UE al brutal gobierno bielorruso?

 

Ninguna de las elecciones celebradas en Bielorrusia desde 1996 ha sido reconocida por Occidente. Pero el 28 de septiembre habrá elecciones parlamentarias y la situación podría cambiar. El escenario en que la UE legitima a las actuales autoridades bielorrusas podría darse a medida que ciertos círculos empresariales, políticos y analistas maniobran para lograrlo. El pastel que buscan son los beneficios del proceso de privatización, que pronto comenzará en una economía sumida en un declive desesperante. Incluso el primer ministro lituano, Gediminas Kirkilas, (Lituania ha sido uno de los apoyos más continuados del movimiento democrático en Bielorrusia) se ha reunido con su homólogo bielorruso Sergey Sidorsky, a pesar de que reunirse con altos funcionarios bielorrusos más arriba del vicepresidente contradice la política general seguida por la UE hacia Bielorrusia.

La misma política de apaciguamiento que los países occidentales siguieron con la Alemania de Hitler a finales de los años 30. Por entonces, favorecieron la actitud agresiva de una Alemania que provocó la Segunda Guerra Mundial. Por ello, hay que mencionar que Lukashenka ha lamentado en público el desarme atómico que Bielorrusia acordó a principios de los 90. No hace mucho, algunos políticos rusos expresaron su deseo de situar misiles en Bielorrusia en respuesta a los de los americanos en Europa Central.

¿Ha dado Bielorrusia pasos para que la UE cambie de idea? Difícilmente podemos decirlo. Sólo ha liberado a tres prisioneros políticos. No ha habido avances ni en los procedimientos electorales ni en la democratización desde las últimas elecciones parlamentarias. Las elecciones en Bielorrusia todavía distan mucho de los estándares de la OSCE, igual que hace cuatro años. Incluso la Convención sobre Elecciones de la Comunidad de Estados Independientes fue ratificada y adoptada por todos los estados miembros salvo Bielorrusia y Tayikistán. Los comités electorales mantienen a los mismos miembros en un 80% de los casos. Esto quiere decir que las mismas personas que falsificaron las elecciones anteriores, repetirán su “éxito” una vez más.

A Lukashenka le dan igual los procedimientos democráticos. El sistema que ha creado arroja a la gente a prisiones horribles sólo por formar parte de ONGs no registradas (y registrar una es a menudo irrealizable), organiza juicios por exhibir y sacar a la calle la bandera nacional bielorrusa [la actual es la anterior bandera soviética bielorrusa modificada, N. del T.], prohibida oficialmente, y apalea brutalmente a la gente en manifestaciones pacíficas.

La oposición está fragmentada y desorganizada. A cada demanda del Consejo Político de las Fuerzas Democráticas Unidas (que incluye a cinco partidos y a varios movimientos cívicos), las autoridades responden con escupitajos de desprecio y más represión. En un principio, lo miembros del Consejo afirmaron que no participarían en las elecciones si no se introducían cambios en la ley electoral. Tras ser ignorados por las autoridades, pidieron incluir delegados en los comités electorales. Como resultado, los miembros de la oposición constituyen ahora un 0,07% de los miembros de esos comités. Y el consejo todavía discute si boicotear o no las elecciones, decisión que ha pospuesto hasta el 21 de septiembre.

Algunas fuerzas políticas piden el boicot y la retirada de los candidatos demócratas. Ese sería un duro golpe a la farsa electoral, ya que los candidatos demócratas constituyen un 40% del total. En este momento, sólo una media de 2,5 candidatos compite por un escaño. En algunos distritos electorales, las “elecciones” se celebrarán sin alternativa. 

En realidad, muchos bielorrusos desconfían de la política e ignoran las elecciones: el 90% de los ciudadanos desconoce el nombre de los candidatos en su distrito electoral. Pero las autoridades fuerzan a menudo a votar a estudiantes, soldados, trabajadores de <i>koljós</i>, pacientes en hospital y a funcionarios a votar por adelantado. Sino, son amenazados con el desalojo, con castigos o expulsiones.

¿Qué significaría la legitimación para el país? En primer lugar, supone un gran desafío para la misma independencia de Bielorrusia. Rusia tendría una gran oportunidad legal para forzar la creación de un estado unido e incorporar a Bielorrusia en contra de los deseos de la mayoría de sus ciudadanos. La legitimación supondría que la Unión Europea descuida los valores democráticos y falta al respeto a los miles de bielorrusos víctimas de la represión política y a las familias de los políticos bielorrusos de la oposición desaparecidos misteriosamente hace ya varios años. Todo por un pedazo de la economía del país.

 

Imagen: Bandera original de la República Bielorrusa de 1918, adoptada de nuevo entre 1991 y 1995.