Una prueba más de fraude electoral en Bielorrusia- Por Uladzimir Uladzimirau

 

Imágenes tomadas en un colegio electoral de la región de Minsk el pasado domingo. Muestran a un grupo de observadores locales protestando al presidente de la mesa.

 

Observadora electoral: [al presidente de la mesa electoral, en traje] ¡Vladimir Ivanovich, los acaba de poner en un sólo montón [en alusión a los sufragios]!

Observador electoral: ¡Es verdad! ¿¡Como va a rellenar ahora el protocolo final!? [con los resultados de la mesa]

Presidente de la mesa: Se lo repito, lo hemos hecho según las instrucciones.

Observadora: ¿Qué instrucciones?

Observador: ¡Pero si ni siquiera ha contado las papeletas! No nos ha dicho cuántos votos son para Turovich, para Kazulina, para Lukashonok… [los candidatos de la circunscripción]. Los ha puesto todos en sólo montón sin contar nada.

Observadora: ¡Ha amontonado pilas de votos sin contar!

Observador: ¡Tienen que ser sellados en sobres separados! [con desesperación, a los observadores de la OSCE presentes a su lado] ¿Están viendo lo que está pasando?

Observadora: ¡Vladimirovich! ¿Dónde están los resultados? ¿Quién ha contado todo eso?

Presidente: Se lo repito, ya lo saben: los resultados constarán en el protocolo final. Una copia de éste les será entregada.

Observadora: ¡Pero si no han contado los votos!

Observador: ¡Ni siquiera los han contado! ¡¿Cuántos votos han sido para Turovich?!

Observadora: ¿Cuántos? Si los ha contado, ¿cuántos son? ¡Ni siquiera han contado nada!

Observador: ¿Cuántos son para Kazulina? ¿Cuántos para Lukashonok? ¡Díganos los resultados!

 

(Nótese que la distancia a la que son mantenidos los observadores, a diferencia de en otros procesos electorales, impide observar adecuadamente la veracidad del recuento de cada papeleta) 

 

[Traducción: Aleg Pershanka / Pablo Veyrat]

 

La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

 

Resultados electorales: Occidente, decepcionado; el pueblo bielorruso, engañado una vez más

 

Parecía imposible que pudieran existir elecciones parlamentarias más improbables que las celebradas en 2004. Hace cuatro años, 108 de los 110 diputados fueron elegidos en la primera vuelta. Ni un sólo miembro de la oposición llegó por entonces a la Cámara Baja del Parlamento.

Pero estas elecciones han resultado ser aún más bárbaras. Todos los diputados  han sido elegidos en la primera ronda, ni uno sólo  pertenece a la oposición. Los funcionarios de Minsk ni siquiera han intentado simular un escenario más realista para las elecciones: segunda vuelta en algunas circunscripciones y algunos miembros de la oposición en el Parlamento.

Las sensacionales reuniones de las autoridades bielorrusas con conocidos representantes de la UE antes de las elecciones, la conversación telefónica entre Lukashenka y Solana, los intentos de persuasión a la oposición para que no retirase a sus candidatos por parte de diplomáticos occidentales y la llamativa buena voluntad de los observadores OSCE para fijarse en los aspectos más positivos de la campaña electoral llevaron a muchos expertos y al bielorruso medio a pensar que Lukashenka y Occidente habían llegado a un acuerdo.

Influyentes periódicos polacos llegaron incluso a publicar una lista supuestamente acordada entre las autoridades bielorrusas y Occidente acerca de qué miembros de la oposición habían de ser elegidos diputados. Sin embargo, la lista enviada en la víspera de las elecciones a la redacción del diario publico Narodnaya Volia por un anónimo funcionario bielorruso resultó ser bastante más precisa. Incluía a todos los candidatos del Gobierno y sólo falló en algún nombre  que otro.

Occidente esperaba que la mayor representatividad del nuevo parlamento bielorruso permitiera una mayor cooperación con Bielorrusia. Algo así como elecciones democráticas a cambio de ayuda política y financiera para Bielorrusia. Lukashenka había expresado en público repetidamente su deseo de que Occidente reconociera estas elecciones y de que el Parlamento quedara así legitimado. Los países occidentales dieron muestras de su disposición a hacerlo si al menos algún que otro miembro de la oposición salía elegido como diputado.

Pero los fraudulentos resultados sorprendieron a Occidente y mostraron la terquedad de Lukashenka y su completa incapacidad para llegar a ningún acuerdo. “Desafortunadamente, las reiteradas señales de buena voluntad no parecen haber sido recibidas o interpretadas correctamente. En consecuencia, el significativo progreso que esperábamos para desarrollo democrático de Bielorrusia no se ha materializado”, explicó Anne-Marie Lizin, vicepresidenta de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE y Coordinadora Especial de los observadores a corto plazo de la OSCE.

“El presidente Lukashenka nunca pierde una oportunidad para perder una oportunidad”, afirmó el Secretario General del Consejo de Europa, Terry Davis. “Existía la esperanza de que las recientes elecciones parlamentarias serían un punto de inflexión en el aislamiento autoimpuesto de Bielorrusia del resto de Europa. Desafortunadamente, no ha sido así”, añadió.

La oposición se basó en los numerosos actos de falsificación descubiertos para tachar las elecciones de totalmente fraudulentas y la participación de sospechosamente excesiva. Después de los pucherazos a cara descubierta que tuvieron lugar por todo el país, la misión de observación electoral de la OSCE/ODIHR no calificó las elecciones parlamentarias ni de justas ni de democráticas. El recuento fue evaluado como “malo” o “muy malo” en el 48% de los colegios electorales visitados. Cuando fue posible acceder al proceso, observaron varios casos de falsificación.

Desde luego, los medios estatales no dijeron una palabra sobre el informe de la OSCE y su evaluación negativa del proceso. Las palabras de los miembros de la organización fueron sacadas de contexto. Y cuando los canales rusos que emitían desde Bielorrusia informaban sobre las conclusiones de la OSCE, eran interrumpidos por publicidad. 

Parece que Occidente no tiene una idea clara sobre cómo llevar las relaciones con Bielorrusia. Tras la decepción con los demócratas bielorrusos y su papel de mediadores, esperaban colaborar con las autoridades actuales. Es de esperar que a estas elecciones siga un periodo de incertidumbre bastante largo en las relaciones entre Minsk y los países occidentales.

El politólogo bielorruso Chernoy mostró el año pasado en su artículo ¿Transformación o conservación? que los regímenes autoritarios de tipo bielorruso (regímenes personalistas de izquierda de orientación populista-conservadora) casi nunca son doblegados por cambios profundos en el sistema. Más aún, nunca se ha dado el caso de que uno de estos regímenes evolucionara hacia el autoritarismo radical y se dirigiera hacia la modernización y una evolución consistente. En los regímenes personalistas, el poder depende una sola persona, que es la fuente esencial de poder y, a veces, única. Por tanto, la duración de este tipo de regímenes queda determinada por la duración política, y a veces física, de su líder-creador.

El dictador adicto al deporte tiene ahora mismo 54 años y parece estar muy bien de salud. Sin embargo, los países occidentales pueden ayudar al pueblo bielorruso a alcanzar sus légitimas aspiraciones democráticas acelerando su muerte política a través de una política unida y un sistema de sanciones políticas y económicas que resulte eficaz. Esperemos que ahora tengan una idea más clara del tipo de persona con que se las tienen que ver.

Primer vídeo: Una mujer de la mesa electoral alega estar “enferma” para salir y hacer una llamada. Los demás miembros le esperan. A su regreso, susurra ciertas palabras al comité. Está terminantemente prohibido para un miembro de la mesa abandonar la sala durante el proceso de recuento. Los autores del vídeo alegan que llamó a la Comisión Electoral Central y que son los “resultados” lo que comenta en voz baja a los demás miembros de la mesa (Uladzimir Uladzimirau).

Segundo vídeo: Un observador electoral de una organización local trata de acercarse a la mesa para vigilar el recuento. El presidente de la mesa le impide acercarse. Los observadores tendrán que conformarse con mirar a diez metros de distancia el recuento de cada papeleta (Uladzimir Uladzimirau)

 

Lukashenka no supera la prueba la democrática (revista de prensa)

Bielorrusia: Tras unas elecciones en las que la oposición no ha obtenido ni un sólo escaño de los 110 en juego, según los resultados oficiales, el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenka, ha defendido su legalidad a pesar de las acusaciones de fraude desde la oposición y de los casos de falsificación de los resultados observados por la OSCE en un 48% de las mesas electorales.

Al parecer, fue prohibido el acceso de los observadores a un 35% de las mesas durante el recuento . Por otra parte, los analistas coinciden en señalar que el auténtico fraude debió cometerse durante el “voto anticipado”, en el que estudiantes, soldados y otros funcionarios públicos son coaccionados para depositar su voto en una urna instalada en su centro de trabajo o estudios durante la semana anterior al día de las elecciones. Estos sufragios no son objeto de ningún tipo de recuento, sino que se anotan los resultados deseados en la hoja de resultados de la urna, informa nuestro colaborador Aleg Pershanka desde Minsk.

Las autoridades insisten en que han cumplido exquisitamente con la ley electoral bielorrusa y alegan los progresos que la OSCE ha constatado al permitir más tiempo en antena a los candidatos de todos los partidos y la presencia de la oposición en alguna comisión electoral.

Cerca de mil personas protestaron durante unas horas en la plaza central de la capital. La policía no apareció por ningún lado, a pesar de haber advertido en días anteriores de la ilegalidad de la concentración. Varios líderes opositores estuvieron presentes bajo las banderas europeas, republicanas (de la Bielorrusia de 1919) y naranjas.

Tanto la Unión Europea como EE.UU. han expresado “decepción” con los resultados, cuya legitimidad habían puesto como condición para comenzar la normalización de las relaciones con Bielorrusia. Bruselas no dejó de mencionar la liberación de los tres disidentes como parte de “los progresos” bielorrusos previos a las elecciones. EE.UU. reiteró la necesidad de respetar los Derechos Humanos y la celebración de elecciones como condición para restablecer las relaciones. 

Rusia: El último presidente soviético, Mijaíl Gorbachov anunció ayer la fundación de un nuevo partido político junto al millonario ruso Alexander Lebedev, propietario de un tercio de la compañía aérea nacional Aeroflot. El nuevo partido, bautizado como Partido Independiente Democrático, pretende impulsar nuevas reformas económicas. “Calificaría el nuevo partido como esencialmente inconformista y con una idea muy sencilla: no podemos seguir desarrollándonos más como país sin contar con instituciones políticas independientes”, explicó Lebedev.  

· Un transeúnte murió ayer en un atentado suicida con coche bomba en Nazrán, la principal ciudad de Ingusetia 

Georgia: Los observadores de la UE llegaron ayer a Georgia. Deberán reemplazar a partir de hoy a los soldados rusos en los puestos de control que éstos instalaron en territorio georgiano al terminar la guerra y a lo largo de la franja que el ejército ruso ha llamado “zona de seguridad”, que comprende territorio georgiano en las fronteras con Abjazia y Osetia del Sur. Sin embargo, el mando ruso sólo permitirá a los observadores que patrullen “al sur de la zona”, sin haber precisado cuándo tendrán acceso al territorio en cuestión.  

Los observadores tendrán sus cuarteles general en las ciudades de Gori, cercana a la frontera con Osetia, y Poti, uno de los principales puertos del país. Ambas fueron ocupadas por los rusos durante la guerra.

P.V.