El presidente más viejo de Europa- Por Viktor Denisenko (Vilnius)

 

El pasado 3 de noviembre, el presidente de Lituania, Valdas Adamkus cumplió 82 años. Es el jefe de estado más viejo de Europa. Nació en 1926 en Kaunas (la segunda ciudad lituana más grande más grande y capital temporal durante la ocupación polaca de Vilnius entre 1920 y 1939). Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, su familia emigró a Estados Unidos, donde Adamkus permaneció durante medio siglo. Se formó en ecología y recibió la medalla de oro de la Agencia de Protección Medioambiental de EE.UU. por la calidad de su trabajo y el premio especial del Presidente de EE.UU. por servicios excepcionales. Poco después de que Lituania recobrara la independencia, regresó.

Ya estamos en el segundo mandato de Adamkus como presidente. Su primer mandato comenzó en 1998, convirtiéndose en el segundo presidente desde la recuperación de la independencia después de Algiradas Brazauskas. Perdió las elecciones para el segundo mandato frente a Rolandas Paksas, pero éste dejó el cargo al año y medio tras una moción de censura por supuestas filtraciones de material clasificado y otorgar la ciudadanía al empresario ruso Jurij Borisov a cambio de apoyo financiero. De modo que, tras las nuevas presidenciales de 2004, Adamkus regresó al cargo.

Lituania es una república semi-presidencial clásica. La influencia real del presidente en la vida política es limitada. Puede vetar cualquier ley que decida el Parlamento y devolverla para una segunda consideración, pero la Cámara puede votarla de nuevo y sortear así el veto. El presidente nombra y cesa a los funcionarios del Estado y, según la legislación, otorga la ciudadanía, condecoraciones, etc… Representar al país en la escena internacional también figura entre sus atribuciones.

Adamkus es un político popular. A menudo es citado como la “autoridad moral” de la política del país. Su apoyo es buscado por la mayoría de los partidos políticos. Él no milita en ninguno, aunque simpatiza más con los de derecha, sin perder margen para entenderse también con los de izquierda.

El presidente ha estirado al máximo su papel de jefe de Estado de una nación pequeña en la escena internacional. Contribuyó a calmar la situación originada durante la llamada Revolución Naranja en Ucrania a finales de 2004 junto al presidente polaco. También apoyó activamente a Georgia durante el último conflicto armado entre Georgia y Rusia. Esto encaja con el objetivo estratégico de Lituania de convertirse en un líder regional.

Las próximas presidenciales serán en 2009 y el próximo jefe de Estado no lo tendrá fácil. Adamkus es un político muy experimentado, que ha aprendido a encontrar compromisos junto a varias fuerzas políticas y con una autoridad consolidada en varios aspectos del funcionamiento del país.Es escuchado y muchos le hacen caso. Y esto es realmente una buena característica para un jefe de Estado. 

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La mirada desde Vilnius- Por Viktor Denisenko

Los conservadores recuperan el poder en Lituania

 

Después de la segunda de las elecciones en las circunscripciones de un sólo representante, quedó clara la composición final del parlamento lituano. Tras ocho años de gobierno por una coalición de centro-izquierda, los conservadores han vuelto al poder, y lo harán en coalición con las fuerzas de derecha (el acuerdo pertinente ya ha sido firmado).

Los conservadores ya ocupan 80 asientos de los 141 del nuevo parlamento, después de haberse unido el Partido de la Resurreción Nacional (Tautos prisikėlimo partija) y dos fuerzas políticas tradicionales, la Unión Liberal y de Centro (Liberalų ir centro sąjunga) y el Movimiento Liberal de la República de Lituania (Lietuvos Respublikos liberalų sąjūdis). Se espera  que algunos candidatos independientes tambien se unan a la mayoría gobernante. La orientación de la nueva coalición puede ser descrita como de centro-derecha.

El responsable de formar el nuevo gobierno es el líder de la Unión Patriótica (Tėvinės sąjunga), Andrius Kubilius. A la vez, algunos esperan que el puesto de Presidente del Parlamento será ocupado por el antiguo showman Arünas Valinskas.

Los resultados han mostrado que los electores estaban decepcionados con los Socialdemócratas (Lietuvos socialdemokratų partija) y sus socios, que han permanecido en el poder durante los últimos ocho años. A pesar de que el Gobierno dimisionario del socialdemócrata Gediminas Kirkilas asegura que ha cumplido todos sus compromisos y planes, los lituanos no están de acuerdo. Es llamativo que, hace ocho años, los conservadores perdieron el poder de la misma manera, alienándose el apoyo popular.

El presidente, Valdas Adamkus, espera que la nueva coalición logre poner en marcha las reformas necearias, pero no siempre muy populares. Los expertos aseguran que el primer desafío para la coalición gobernante será el debate sobre los presupuestos del año que viene.

Todavía es difícil adivinar la fortaleza de la nueva coalición. Por un lado, tiene muchas posibilidades de tener éxito. La mayoría estable el parlamento debería permitir una toma de decisiones fluida. Sin embargo, algunos analistas políticos argumentan que pueden surgir problemas muy serios que pueden erosionar la coalición. Apuntan que la nueva coalición no está unida por afinidades ideológicas (la ideología del Partido de la Resurrección es todavía un gran puzle), sino por esferas de influencia política. En este momento, buena parte de la guerra de las ambiciones está presente, y la oposición puede utilizarlo en el futuro.

De todas formas, un cierto periodo de “espera expectante” ha comenzado. Sólo hay una cosa de lo que estar seguros: la eficacia de la nueva coalición quedará reflejada en el traajo de los nuevos parlamento y Gobierno.

La mirada desde Vilnius- Por Viktor Denisenko

Emigrantes y elecciones

 

Durante estos días, varios funcionarios lituanos han expresado su preocupación por la baja actividad electoral de los ciudadanos que viven en el extranjero. El próximo 12 de octubre, las urnas no sólo abrirán en Lituania, sino en todas partes del mundo. Sin embargo, sólo una pequeña parte de los emigrados expresa su voluntad a través de las urnas. Teniendo en cuenta que el flujo migratorio sigue siendo considerable, la situación resulta preocupante.

Todo está listo para que los lituanos voten. No es difícil inscribirse para votar en el extranjero. Basta con enviar los datos de uno por correo electrónico o fax a la embajada o consulado, incluso el mismo día de las elecciones.

El mero hecho de que alguien esté registrado no implica que vaya a votar. Pero aún así, el número de los inscritos tampoco es muy alto. La mayoría de los electores en el extranjero residían en EE UU, según el censo de 2004. Hace cuatro años, 4.776 ciudadanos se registraron para votar, a pesar de que la diáspora en ese país es de más de medio millón de personas. El segundo país fue Rusia, con 1.594 electores y después, Alemania, con 1.278. Sólo 1.125 de los 200.00 residentes en el Reino Unido acudieron a votar y 287 de en Irlanda, de una comunidad de más de 100.000 personas. 

Tampoco los 30.000 lituanos que residen en España pueden presumir de una gran conciencia democrática: solo 620 se inscribieron para las elecciones. De la misma manera que en el interior de Lituania, la actitud de los emigrados hacia las elecciones tampoco ha cambiado.

La pasividad de los lituanos residentes en el extranjero señala un hecho muy importante. Una parte importante de los emigrados se mantiene al margen de su propio país y pone todas sus ilusiones en su nuevo país de residencia. La vida política en Lituania deja de tener importancia para ellos.

Hace un tiempo, la pasividad de los lituanos emigrados podía explicarse por su situación de ilegalidad y el deseo de no tener nada que ver con institución oficial alguna. Desde que nos unimos a la Unión Europea en la primavera de 2004, algunos países europeos abrieron sus mercados laborales a los nuevos estados miembros. Hoy en día, quienes dejan Lituania por un futuro mejor tienen muchas más oportunidades de integrarse con éxito en los países de Europa Occidental.

Esto ha favorecido la tendencia a residir permanentemente en el extranjero, comparse una casa allí, e incluso naturalizarse en el nuevo país, lo que supone la pérdida automática de la nacionalidad lituana. Al mismo tiempo, el Gobierno lituano ha puesto en marcha campañas para atraer de vuelta a los emigrados que han resultado un completo fracaso. Parece que tendremos que asumir que los que se han ido, están perdidos para siempre.

Una prueba más de fraude electoral en Bielorrusia- Por Uladzimir Uladzimirau

 

Imágenes tomadas en un colegio electoral de la región de Minsk el pasado domingo. Muestran a un grupo de observadores locales protestando al presidente de la mesa.

 

Observadora electoral: [al presidente de la mesa electoral, en traje] ¡Vladimir Ivanovich, los acaba de poner en un sólo montón [en alusión a los sufragios]!

Observador electoral: ¡Es verdad! ¿¡Como va a rellenar ahora el protocolo final!? [con los resultados de la mesa]

Presidente de la mesa: Se lo repito, lo hemos hecho según las instrucciones.

Observadora: ¿Qué instrucciones?

Observador: ¡Pero si ni siquiera ha contado las papeletas! No nos ha dicho cuántos votos son para Turovich, para Kazulina, para Lukashonok… [los candidatos de la circunscripción]. Los ha puesto todos en sólo montón sin contar nada.

Observadora: ¡Ha amontonado pilas de votos sin contar!

Observador: ¡Tienen que ser sellados en sobres separados! [con desesperación, a los observadores de la OSCE presentes a su lado] ¿Están viendo lo que está pasando?

Observadora: ¡Vladimirovich! ¿Dónde están los resultados? ¿Quién ha contado todo eso?

Presidente: Se lo repito, ya lo saben: los resultados constarán en el protocolo final. Una copia de éste les será entregada.

Observadora: ¡Pero si no han contado los votos!

Observador: ¡Ni siquiera los han contado! ¡¿Cuántos votos han sido para Turovich?!

Observadora: ¿Cuántos? Si los ha contado, ¿cuántos son? ¡Ni siquiera han contado nada!

Observador: ¿Cuántos son para Kazulina? ¿Cuántos para Lukashonok? ¡Díganos los resultados!

 

(Nótese que la distancia a la que son mantenidos los observadores, a diferencia de en otros procesos electorales, impide observar adecuadamente la veracidad del recuento de cada papeleta) 

 

[Traducción: Aleg Pershanka / Pablo Veyrat]

 

La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

 

Resultados electorales: Occidente, decepcionado; el pueblo bielorruso, engañado una vez más

 

Parecía imposible que pudieran existir elecciones parlamentarias más improbables que las celebradas en 2004. Hace cuatro años, 108 de los 110 diputados fueron elegidos en la primera vuelta. Ni un sólo miembro de la oposición llegó por entonces a la Cámara Baja del Parlamento.

Pero estas elecciones han resultado ser aún más bárbaras. Todos los diputados  han sido elegidos en la primera ronda, ni uno sólo  pertenece a la oposición. Los funcionarios de Minsk ni siquiera han intentado simular un escenario más realista para las elecciones: segunda vuelta en algunas circunscripciones y algunos miembros de la oposición en el Parlamento.

Las sensacionales reuniones de las autoridades bielorrusas con conocidos representantes de la UE antes de las elecciones, la conversación telefónica entre Lukashenka y Solana, los intentos de persuasión a la oposición para que no retirase a sus candidatos por parte de diplomáticos occidentales y la llamativa buena voluntad de los observadores OSCE para fijarse en los aspectos más positivos de la campaña electoral llevaron a muchos expertos y al bielorruso medio a pensar que Lukashenka y Occidente habían llegado a un acuerdo.

Influyentes periódicos polacos llegaron incluso a publicar una lista supuestamente acordada entre las autoridades bielorrusas y Occidente acerca de qué miembros de la oposición habían de ser elegidos diputados. Sin embargo, la lista enviada en la víspera de las elecciones a la redacción del diario publico Narodnaya Volia por un anónimo funcionario bielorruso resultó ser bastante más precisa. Incluía a todos los candidatos del Gobierno y sólo falló en algún nombre  que otro.

Occidente esperaba que la mayor representatividad del nuevo parlamento bielorruso permitiera una mayor cooperación con Bielorrusia. Algo así como elecciones democráticas a cambio de ayuda política y financiera para Bielorrusia. Lukashenka había expresado en público repetidamente su deseo de que Occidente reconociera estas elecciones y de que el Parlamento quedara así legitimado. Los países occidentales dieron muestras de su disposición a hacerlo si al menos algún que otro miembro de la oposición salía elegido como diputado.

Pero los fraudulentos resultados sorprendieron a Occidente y mostraron la terquedad de Lukashenka y su completa incapacidad para llegar a ningún acuerdo. “Desafortunadamente, las reiteradas señales de buena voluntad no parecen haber sido recibidas o interpretadas correctamente. En consecuencia, el significativo progreso que esperábamos para desarrollo democrático de Bielorrusia no se ha materializado”, explicó Anne-Marie Lizin, vicepresidenta de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE y Coordinadora Especial de los observadores a corto plazo de la OSCE.

“El presidente Lukashenka nunca pierde una oportunidad para perder una oportunidad”, afirmó el Secretario General del Consejo de Europa, Terry Davis. “Existía la esperanza de que las recientes elecciones parlamentarias serían un punto de inflexión en el aislamiento autoimpuesto de Bielorrusia del resto de Europa. Desafortunadamente, no ha sido así”, añadió.

La oposición se basó en los numerosos actos de falsificación descubiertos para tachar las elecciones de totalmente fraudulentas y la participación de sospechosamente excesiva. Después de los pucherazos a cara descubierta que tuvieron lugar por todo el país, la misión de observación electoral de la OSCE/ODIHR no calificó las elecciones parlamentarias ni de justas ni de democráticas. El recuento fue evaluado como “malo” o “muy malo” en el 48% de los colegios electorales visitados. Cuando fue posible acceder al proceso, observaron varios casos de falsificación.

Desde luego, los medios estatales no dijeron una palabra sobre el informe de la OSCE y su evaluación negativa del proceso. Las palabras de los miembros de la organización fueron sacadas de contexto. Y cuando los canales rusos que emitían desde Bielorrusia informaban sobre las conclusiones de la OSCE, eran interrumpidos por publicidad. 

Parece que Occidente no tiene una idea clara sobre cómo llevar las relaciones con Bielorrusia. Tras la decepción con los demócratas bielorrusos y su papel de mediadores, esperaban colaborar con las autoridades actuales. Es de esperar que a estas elecciones siga un periodo de incertidumbre bastante largo en las relaciones entre Minsk y los países occidentales.

El politólogo bielorruso Chernoy mostró el año pasado en su artículo ¿Transformación o conservación? que los regímenes autoritarios de tipo bielorruso (regímenes personalistas de izquierda de orientación populista-conservadora) casi nunca son doblegados por cambios profundos en el sistema. Más aún, nunca se ha dado el caso de que uno de estos regímenes evolucionara hacia el autoritarismo radical y se dirigiera hacia la modernización y una evolución consistente. En los regímenes personalistas, el poder depende una sola persona, que es la fuente esencial de poder y, a veces, única. Por tanto, la duración de este tipo de regímenes queda determinada por la duración política, y a veces física, de su líder-creador.

El dictador adicto al deporte tiene ahora mismo 54 años y parece estar muy bien de salud. Sin embargo, los países occidentales pueden ayudar al pueblo bielorruso a alcanzar sus légitimas aspiraciones democráticas acelerando su muerte política a través de una política unida y un sistema de sanciones políticas y económicas que resulte eficaz. Esperemos que ahora tengan una idea más clara del tipo de persona con que se las tienen que ver.

Primer vídeo: Una mujer de la mesa electoral alega estar “enferma” para salir y hacer una llamada. Los demás miembros le esperan. A su regreso, susurra ciertas palabras al comité. Está terminantemente prohibido para un miembro de la mesa abandonar la sala durante el proceso de recuento. Los autores del vídeo alegan que llamó a la Comisión Electoral Central y que son los “resultados” lo que comenta en voz baja a los demás miembros de la mesa (Uladzimir Uladzimirau).

Segundo vídeo: Un observador electoral de una organización local trata de acercarse a la mesa para vigilar el recuento. El presidente de la mesa le impide acercarse. Los observadores tendrán que conformarse con mirar a diez metros de distancia el recuento de cada papeleta (Uladzimir Uladzimirau)

 

Lukashenka no supera la prueba la democrática (revista de prensa)

Bielorrusia: Tras unas elecciones en las que la oposición no ha obtenido ni un sólo escaño de los 110 en juego, según los resultados oficiales, el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenka, ha defendido su legalidad a pesar de las acusaciones de fraude desde la oposición y de los casos de falsificación de los resultados observados por la OSCE en un 48% de las mesas electorales.

Al parecer, fue prohibido el acceso de los observadores a un 35% de las mesas durante el recuento . Por otra parte, los analistas coinciden en señalar que el auténtico fraude debió cometerse durante el “voto anticipado”, en el que estudiantes, soldados y otros funcionarios públicos son coaccionados para depositar su voto en una urna instalada en su centro de trabajo o estudios durante la semana anterior al día de las elecciones. Estos sufragios no son objeto de ningún tipo de recuento, sino que se anotan los resultados deseados en la hoja de resultados de la urna, informa nuestro colaborador Aleg Pershanka desde Minsk.

Las autoridades insisten en que han cumplido exquisitamente con la ley electoral bielorrusa y alegan los progresos que la OSCE ha constatado al permitir más tiempo en antena a los candidatos de todos los partidos y la presencia de la oposición en alguna comisión electoral.

Cerca de mil personas protestaron durante unas horas en la plaza central de la capital. La policía no apareció por ningún lado, a pesar de haber advertido en días anteriores de la ilegalidad de la concentración. Varios líderes opositores estuvieron presentes bajo las banderas europeas, republicanas (de la Bielorrusia de 1919) y naranjas.

Tanto la Unión Europea como EE.UU. han expresado “decepción” con los resultados, cuya legitimidad habían puesto como condición para comenzar la normalización de las relaciones con Bielorrusia. Bruselas no dejó de mencionar la liberación de los tres disidentes como parte de “los progresos” bielorrusos previos a las elecciones. EE.UU. reiteró la necesidad de respetar los Derechos Humanos y la celebración de elecciones como condición para restablecer las relaciones. 

Rusia: El último presidente soviético, Mijaíl Gorbachov anunció ayer la fundación de un nuevo partido político junto al millonario ruso Alexander Lebedev, propietario de un tercio de la compañía aérea nacional Aeroflot. El nuevo partido, bautizado como Partido Independiente Democrático, pretende impulsar nuevas reformas económicas. “Calificaría el nuevo partido como esencialmente inconformista y con una idea muy sencilla: no podemos seguir desarrollándonos más como país sin contar con instituciones políticas independientes”, explicó Lebedev.  

· Un transeúnte murió ayer en un atentado suicida con coche bomba en Nazrán, la principal ciudad de Ingusetia 

Georgia: Los observadores de la UE llegaron ayer a Georgia. Deberán reemplazar a partir de hoy a los soldados rusos en los puestos de control que éstos instalaron en territorio georgiano al terminar la guerra y a lo largo de la franja que el ejército ruso ha llamado “zona de seguridad”, que comprende territorio georgiano en las fronteras con Abjazia y Osetia del Sur. Sin embargo, el mando ruso sólo permitirá a los observadores que patrullen “al sur de la zona”, sin haber precisado cuándo tendrán acceso al territorio en cuestión.  

Los observadores tendrán sus cuarteles general en las ciudades de Gori, cercana a la frontera con Osetia, y Poti, uno de los principales puertos del país. Ambas fueron ocupadas por los rusos durante la guerra.

P.V.           

La mirada desde Minsk- Por Aleg Pershanka

Lukashenka da un ultimátum a Occidente para que reconozca las elecciones legislativas

 

Durante una entrevista con la agencia rusa Interfax-Oeste, Lukashenko afirmó: “si incluso estas elecciones son ‘no democráticas’, terminarán las conversaciones con Occidente”. “Veremos cómo reaccionan. Estas elecciones no tienen precedente y cumplen con las condiciones occidentales”, añadió en referencia a las elecciones del próximo domingo. De modo que, el dictador amenaza a Occidente con fortalecer sus relaciones con Rusia si no reconoce las elecciones. 

Mientras tanto, la campaña electoral de esta cita electoral difiere en poco de la anterior. Hay muchos elementos de represión sobre la oposición sobre los candidatos democráticos, solamente representados por 47 personas en las mesas y comités electorales de un total de 70.000. Esto hace que el proceso de recuento quede totalmente fuera de control.

Refiriéndose a la oposición, Lukashenka afirmó que todos los miembros de la oposición están en el paro y que esa es la razón por la que los ciudadanos no les votan. Esa afirmación es cuanto menos, cínica, ya que es el sistema que él ha creado lo que ha hecho que esto sea posible. En Bielorrusia ocurre lo mismo que Friedrich Hayek describió en su “Camino de servidumbre” de 1946. Básicamente, si el Estado es el empleador principal, aquellos que disientan están condenados a morir de hambre.

Los observadores de la OSCE continúan informando de la pasividad con que se desenvuelve la campaña, sin muchos mítines electorales. A algunos candidatos democráticos les han sido asignados lugares imposibles para ellos, incluso zonas para pasear al perro. Pero, de hecho, pocos bielorrusos prestan mucha atención a la campaña electoral. La mayoría de los ciudadanos no asiste a los encuentros con los candidatos, no saben nada de sus programas y, con mucha suerte, encuentran un folleto con éste en su buzón. Aún más: la mayoría de los ciudadanos apenas intuye el significado de estas elecciones y qué funciones tiene el Parlamento.

Esto no resulta sorprendente. Según la OSCE, los medios de comunicación se centran en la información oficial, referida esencialmente al presidente. La primera cadena pública dedicó un 41% de su tiempo para noticias políticas a las actividades del presidente y un 19% a las actividades el Comité Electoral. Todas las noticas referidas a las instituciones del Estado fueron positivas o, al menos, neutrales.

Los partidos de la oposición no han logrado ponerse de acuerdo para boicotear las elecciones. El Consejo Político de la Unión de Fuerzas Democráticas aprobó una resolución afirmando que las elecciones no iban a ser ni libres ni democráticas e instó a la comunidad internacional a no reconocerlas. Algunos candidatos democráticos tomaron la decisión personal de retirar sus candidaturas. Como resultado, 36 de los 110 distritos electorales no cuentan con un candidato demócrata y en 15 de ellos sólo se presenta un candidato, no dejando alternativa al votante.

Lukashenka necesita que el nuevo parlamento resulte legítimo para obtener el reconocimiento del régimen y atraer la inversión extranjera hacia una economía en declive. Además, espera rebotar la decisión sobre si reconocer las independencias de Abjazia y Osetia del Sur al parlamento recién elegido.

Las elecciones a la Cámara Baja del parlamento bielorruso, llamado la Cámara de Representantes tendrán lugar el próximo 28 de septiembre. Ninguna de las elecciones celebradas en Bielorrusia desde el golpe constitucional de 1996 ha sido reconocida por los países occidentales.