El escenario de Riga, repetido en Vilnius- Por Viktor Denisenko

 

 

El 16 de enero, los sindicatos llevaron a cabo acciones de protesta contra la política del Gobierno en las ciudades lituanas (en Klaipeda, esto ocurrió el 17). Son ya muchos los ciudadanos insatisfechos con las estrictas medidas anticrisis. Entre ellas, una subida de impuestos sobre las gasolinas, el tabaco y el alcohol y el fin de las exenciones del IVA para algunos alimentos, servicios y otros. Las autoridades no parecen dispuestas a escuchar a los ciudadanos de a pie y mantener un diálogo con ellos. Desafortunadamente, en Vilnius y en Sauliai, tuvieron lugar varios desórdenes durante las protestas. Los choques más graves tuvieron lugar en la capital, cerca del edificio del Parlamento.

Alrededor de 7.000 personas se reunieron en Vilnius. Vinieron de todas partes del país. Unos centenares de adolescentes agresivos se convirtieron en la fuerza instigadora de los desórdenes. Las instituciones legales lituanas han llevado a cabo una investigación para determinar si los desórdenes estaban planeados y, de ser así, quién lo hizo. El primer ministro Andrius Kubilius acusó indirectamente de esto a Algirdas Paleckis, el líder partido del partido de ultra izquierda Frontas. Frontas no logró ningún escaño en las últimas elecciones parlamentarias. Por su parte, Paleckis prometió denunciar por difamación a Kubilius.

Insatisfecha con la política de las elites dirigentes, la gente arrojó piedras, palos, huevos y bolas de nieve contra el Parlamento y la policía que lo protegía. Las fuerzas de seguridad emplearon gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar a los manifestantes. Estaban preparados, ya que esperaban que los sucesos de unos días antes en la capital letona, Riga,  se repitieran en Vilnius. Y así fue.

151 detenidos

Los enfrentamientos se saldaron con 43 manifestantes y algunos policías heridos. Fueron detenidas 151 personas junto al Parlamento. Muchos fueron liberados tras rellenar los protocolos, aunque 15 permanecen todavía bajo custodia policial. Varios abogados conocidos se han ofrecido a representarles gratuitamente. Afirman solidarizarse de esta manera con los participantes en la protesta.

Los manifestantes causaron daños al edificio del Parlamento estimados en 233.000 litas (unos 68.000 euros). Rompieron ventanas y farolas alrededor del recinto y una fuente cercana quedó dañada. A pesar de que el Gobierno acusa a los sindicatos de no mantener el orden durante la protesta, los primeros responsables de la ola de indignación que ha llevado a los desórdenes son los actuales dirigentes políticos. De hecho, ningún miembro de la coalición dirigente salió a escuchar las reivindicaciones de los manifestantes. Los desórdenes se han convertido en la respuesta a la indiferencia de las elites dirigentes hacia las expectativas de la gente corriente, que teme el deterioro de las condiciones económicas y sociales.

Los sindicatos no se van a cruzar de brazos. La protesta que derivó en enfrentamientos es sólo la primera de una serie de protestas masivas programadas. La próxima será el 2 de febrero. Y puede reunir aún a más ciudadanos que la del 16 de enero. Las autoridades tienen tiempo para revisar sus acciones y sacar conclusiones.

Vídeo: Imágenes del canal Russia Today acerca de los disturbios en Vilnius (YouTube)

¿Por qué sigue cayendo el rublo bielorruso?- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

El tema principal en Bielorrusia desde el 2 de enero es el tipo de cambio y la estabilidad del rublo bielorruso. Ese día, muchos ciudadanos fueron sorprendidos por una devaluación inesperada del 20,5% de la divisa nacional ¿Por qué sólo muchos y no todos? Como la mayoría no tiene acceso a medios de comunicación independientes, y los canales nacionales no le dieron mucha importancia a la noticia, se encontraron con la devaluación varios días después.

banconacionaldebielorrusia2La operación financiera resultó ser extremadamente cínica. Sin el análisis de expertos o cobertura informativa hasta el 5 de enero. Tan sólo una breve mención noticiosa, como si nada hubiera ocurrido. El informativo de la noche en el principal canal nacional ni siquiera mencionaba la devaluación. La apertura consistía en la inauguración del torneo de hockey de Navidad con premios otorgados por Lukashenko.

Entre tanto, los ciudadanos de Bielorrusia perdían hasta 1.000 millones de dólares en una sola noche. Esta suma es el 20,5% de los ahorros que la gente tiene depositados en rublos bielorrusos en los bancos del país. Una quinta parte de los ahorros de los ciudadanos ha sido sacrificada por un error económico del Gobierno. 

Lukashenko había asegurado a los ciudadanos que no habría devaluaciones importantes de la divisa nacional. El 23 de diciembre pasado respondía así a un periodista: “A día de hoy, lo más importante es mantener la estabilidad. La estabilidad del rublo y la de todo el el sistema financiero. Hemos alcanzado los 2.200 (rublos por dólar) ¡Ya basta! Hasta aquí hemos llegado. Se lo hemos prometido a nuestro pueblo. Y se lo he dicho al director del Banco Nacional… ténganlo presente y Dios no lo quiera que rompa mi promesa. El año que viene, un 5% menos… mantenga este 5% de 2.200”.

El objetivo principal de la devaluación es reducir la pérdida en las reservas de oro y divisas del país. En otras palabras, impedir que la gente venda rublos por dólares, euros o rublos rusos. Muchos expertos señalan una devaluación del 20% no es suficiente para mejorar una situación con una balanza de pagos muy negativa. Sin embargo, puede haber sido bastante para hacer perder crédito a la divisa nacional. La historia muestra los ejemplos de Rusia y Ucrania en el pasado: basta que un 30% de los ciudadanos retire sus ahorros del banco para que el sistema bancario se desplome. Esto explica las apariciones de representantes del Banco Nacional en la televisión pública asegurando a los bielorrusos que no habrá más devaluaciones.

‘Renominalización’

El jefe del Departamento de Seguridad Informativa del Banco Nacional, A. Drozdov, desmintió como falsos rumores las informaciones acerca de una posible renominalización [reforormulación de la moneda a partir de su valor anterior, dando como resultado una nueva unidad por valor de varias de la anterior] de la divisa. Sin embargo, el pueblo tiene una memoria reciente muy vívida para dejar de creer en las autoridades, ya que Lukashenko les aseguró a lo largo de diciembre que la variación de la tasa de cambio no pasaría del 5%, para aprobar posteriormente una devaluación del 20,5%. De modo que muchos no creen ya y los rumores acerca de una posible y cercana renominalización se extienden con rapidez.

Renominalización es término familiar para muchos bielorrusos. Ya ha ocurrido dos veces desde la independencia: una en 1992 y la otra en 2000. Lo interesante esta vez es la posibilidad de la paridad entre los rublos ruso y bielorruso. Como 29 rublos rusos y 2.700 bielorrusos equivalen en este momento a un dólar, la paridad requeriría una mayor devaluación del rublo bielorruso y una renominalización de dos “ceros” para hacerlo similares a la divisa rusa.

Hace un par de meses, Putin expresó su creencia en que el rublo ruso se convertiría en la moneda regional. Más aún, el nuevo precio del gas ruso para Bielorrusia en 2009 no ha sido anunciado todavía ni por Minsk ni por Moscú. Las negociaciones están todavía en proceso y deben estar siendo bastante tensas. El lado ruso puedo aprovechar esta situación para presionar a Lukashenko a que admita al rublo ruso como moneda común de la llamada Unión de la Federación Rusa con Bielorrusia.

Imagen: Edificio del Banco Central de Bielorrusia en Minsk (Banco Nacional de Bielorrusia)

¿Qué es recesión en Rusia?- Por Valeria Mingova (Moscú)

 

Por alguna razón, la noticia de que Rusia ha entrado en recesión no ha causado ninguna sorpresa ni entre la comunidad de expertos ni entre las masas o los representantes de la autoridad. O ya lo esperaban y por eso a nadie le sorprendió, o nadie imagina cómo nos puede afectar.

Nadie dudaba que Rusia se encaminaba hacia la recesión, pero preferimos aferrarnos a la esperanza de las bravas declaraciones del Gobierno acerca de que “la crisis rusa está en las bolsas y terminará a comienzos de 2009”, y pensar que los representantes del Gobierno ruso estaban en lo cierto cuando bombeaban dinero hacia los bancos.

petroleoruso1El sector bancario o, como es también conocido, el sistema circulatorio de la economía sobrevivió. Más aún, hoy en día, el sistema está saturado de liquidez y ni las obligaciones ni los activos de los bancos han sufrido crisis alguna. Pero esto no es ni bueno ni malo. Al dar dinero a los bancos, el Gobierno esperaba obtener a cambio una reactivación de la actividad económica, créditos a la actividad productiva, pero el dinero ha terminado encerrado en sus depósitos y no lo han compartido con nadie.

Por una parte, la decisión fue correcta. El superávit no es lo suficientemente grande para “poner a todos a cuenta”, y, si ocurre así, el dinero se termina y nadie puede sacar más. Pero por otra, ¿quién necesita un sistema bancario fuerte si los mecanismos crediticios están congelados y, peor aún, no tenemos a nadie a quien otorgar créditos? La producción se va a detener y nadie quiere o puede comenzar nuevas empresas. Y las que tenemos van a quebrar o vender y deslocalizar sus inversiones.

Mientras tanto, la crisis era considerada un problema de los mercados financieros. Sólo que los principales economistas del país subestimaron, parece, el hecho de que la crisis podía trasladarse a la economía real. Por eso no estaba listo el airbag de nadie. Y cuando, finalmente, el crecimiento industrial cayó un 8,5% en noviembre, comenzaron a alarmarse y declararon que la recesión estaba comenzando. Me parece a mí que de bene esse.

Por los libros de economía, sabemos que la recesión consiste en la reducción de la economía y de la producción industrial. Pero, ¿a la reducción de qué producción industrial nos referimos cuando hablamos de Rusia? O más exactamente, ¿a qué tipo de industria nos referimos? Según las estadísticas, los primeros lugares en la industria los ocupan las de la producción de petróleo, carbón, gas y metales pesados, su procesamiento y su distribución. Y, muy por detrás, tenemos a la metalúrgica, la alimenticia, la construcción y la fabricación de automóviles. 

Un PIB debilitado

Pero miremos más de cerca estos datos. Por ejemplo, qué podríamos imaginar al hablar de recortes en la producción de materiales de construcción cuando no eran, ni son ahora, suficientes para terminar los proyectos iniciados. Lo compramos todo en los países europeos. Más todavía, difícilmente encontrarán a nadie en Rusia que niegue que la mayor parte de los alimentos que consumimos procede de la importación y que la producción de comida en Rusia es sólo una pequeña parte de lo que se consume.

El mismo problema, lo tenemos con la microelectrónica, la producción aeronáutica, el sector de las telecomunicaciones y el de materias primas. Todo esto es PIB real, y en esto es en lo que debería consistir el PIB, tomado como un indicador real del desarrollo de un país, no como una bonita cifra que podemos enseñarle a todo el mundo presumiendo. De hecho, el crecimiento del PIB se debió exclusivamente a los precios del petróleo y el gas. Todo aquello relacionado con el abastecimiento energético se ha desarrollado sólo gracias a los altos precios de la energía.

Por cierto, la idea de que el PIB ruso crece gracias al petróleo y el gas se ve confirmada por las acciones del Gobierno. Es precisamente ahora cuando se empiezan a preocupar por el sector del gas y el petróleo. Los precios han caído y es por eso que se ha declarado la recesión en Rusia, el encogimiento del crecimiento económico. Y es nuestra caída productiva lo que deberían combatir en este momento. Y es por eso que, hace unos días, el primer ministro Vladimir Putin anunció otro plan para salvar la economía rusa, explicando que el Gobierno está desarrollando un nuevo plan para apoyar a… ¿a quién? A Gazprom, por supuesto. Otra producción de la carecemos.

Imagen: Pozo petrolífero ruso (Wikipedia)

Entre la crisis y la cultura- Por Viktor Denisenko (Vilnius)

 

El próximo año, la capital de Lituania y la ciudad austriaca de Linz ostentarán el título itinerante de Capital Europea de la Cultura. Esto coincide con la celebración de los mil años del nombre de Lituania, en alusión a la primera vez que esta palabra es mencionada en una de las crónicas europeas, en 1009. Han sido anunciadas varias actividades culturales a lo largo del año. Se esperan oleadas de turistas. Sin embargo, hay preocupación por la posibilidad de que la crisis económica y las medidas tomadas por el Gobierno para enfrentarla fuercen a cambios en el programa.

 

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La empresa pública “Vilnius, Capital Europea de la Cultura”, establecida para gestionar el proyecto, teme ver su presupuesto reducido a la mitad. Inicialmente, contaban con 105,38 millones de litas (unos 30,1 millones de euros) para los eventos rincipales entre 2008 y 2010. Pero el director de la organización, el ex alcalde de Vilnius Artūras Zuokas, ha informado de que la decisión del comité directivo de recortar el presupuesto para 2009 hata los ocho millones de litas (4,5 millones de euros) sin ningún tipo de consecuencia. Si el presupuesto vuelve a ser recortado, el comité amenaza con dimitir. Los representantes de la organización advierten de que recortando el presupuesto, Lituania puede estar dañándose a sí misma. Algunas fuentes avisan de que el presupuesto puede verse reducido en tres veces el año que viene.

“Vilnius, Capital Europea de la Cultura” ya había saltado a la luz a raíz de un escándalo previo. A principios de año, una auditoría del Ministerio de Cultura mostró que el organismo público tenía gastados 1,3 milones de litas sin justificar (370.000 euros).

El hecho de que Vilnius sea la Capital Europea de la Cultura tiene gran importancia para Lituania. Forma parte del proceso de “retorno del país al mapa de Europa”, tras largos años de ocupación soviética. Aparentemente, el éxito que Vilnius tenga no sólo afectará a su imagen, sino a la de todo el país. El asunto de qué parte del presupuesto será asignada está todavía sobre la mesa. De cualquier modo, la respuesta será dada en el futuro próximo. Literalmente, en unos días.


Imagen: Día de la Música en Vilnius, una de las actividades de 2008 proyectadas dentro de la capitalidad cultural de la ciudad (Kęstutis Vanagas)

Una política económica soviética agrava la crisis- Por Aleg Pershanka (Minsk)

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Como las críticas en un régimen autoritario son mucho menores que en las democracias, la posibilidad de acertar en las decisiones del Gobierno es menor, y la posibilidad de poner en marcha una política fatal mucho mayor. Especialmente si los funcionarios, sobre todo el principal (el Presidente), se empeñan en seguir conceptos de gestión de la época pasada, por ejemplo, del sistema soviético.

Uno de los eslóganes más importantes de la propaganda del régimen, si no el que más, es que Bielorrusia representa una isla de estabilidad, mientras que los conflictos sociales, económicos, políticos y militares ocurren, sobre todo, en los países vecinos y, por lo general, en el resto del mundo. 

A diferencia de en otros países postsoviéticos, ni la terapia de choque ni las mínimas reformas económicas fueron llevadas a cabo en el país. Por un lado, esto evitó un período de escasez y alto desempleo, como sucedió en los países bálticos. El paro en Bielorrusia no solía ser tan alto como en los países vecinos y la gente trabajaba por, al menos, el salario mínimo. Desde que Lukashenko comenzó a desarrollar una política prorrusa, el régimen ruso pagó su lealtad política con ciertas regalías económicas. Bielorrusia podía comprar gas ruso al precio del mercado interior y revender petróleo ruso refinado a Occidente. El negocio con la energía rusa barata apoyó la economía del país hasta constituir un 10% de su PIB anual. Además, los bienes bielorrusos no se veían sujetos a ninguna restricción en el vasto mercado ruso.

Estos dos privilegios jugaron una mala pasada a la economía del país. Al obtener beneficios de la nada, Lukashenko y sus gestores no reformaron la economía, sino que levantaron un sistema centralizado de tipo soviético que, consistentemente, oprimía la iniciativa privada y el desarrollo de la pequeña y mediana empresa. Como resultado, la tasa de paro actual en Bielorrusia supera a la de cualquier país vecino, mientras que más de un millón de ciudadanos trabaja estacionalmente fuera, la mayoría en Rusia. Por descontado que el paro en Bielorrusia es, oficialmente, del 1%, ya que los estadísticos emplean los trucos más retorcidos posibles.

Hace como un mes, Lukashenko, negándose a admitir las consecuencias de la crisis económica y a renunciar al concepto de estabilidad, anunció que la crisis no llegaría a Bielorrusia. Sin embargo, las declaraciones optimistas del Gobierno se terminaron a las dos semanas, cuando se hizo evidente la velocidad a que caían las reservas de oro y la cotización del rublo bielorruso. Como muchas empresas ya no podían vender su producción en el extranjero, comenzaron los despidos en masa y la caída de los salarios.

Las autoridades respondieron a la manera soviética. En lugar de otorgar más libertad a la iniciativa privada, decretaron la prohibición de importar una gran cantidad manufacturas y productos de alimentación. Desde luego, la medida haría subir los precios para los consumidores, pero difícilmente estimularía la compra de la producción bielorrusa. Sin embargo, esto resulta incomprensible para los gerentes de tipo soviético.

Marcha de protesta

Las pequeñas y medianas empresas, la base de las economías de los países más desarrollados, son constantemente oprimidas en Bielorrusia. El último informe del Banco Mundial y del proyecto Doing Business sitúa a Bielorrusia en el último lugar del mundo, el 178, en materia de impuestos y obligaciones (hasta 124). El 1 de enero de 2009, el punto 3 del decreto presidencial “Acerca de algunas medidas para regular las actividades emprendedoras” espira. Esto significa que los empresarios tendrán que pagar los aranceles por los bienes que importen de Rusia, lo que terminará con los negocios de muchas pequeñas empresas.

Ayer, los empresarios organizaron una marcha de protesta en Minsk por esta razón. El invierno pasado ya organizaron otros tres eventos similares, pero no resultaron muy numerosos. Es de señalar lo activos que en ellos se mostraron los jóvenes. Como resultado, las autoridades abrieron procesos políticos contra 14 activistas juveniles. El último de ellos, Aliaksandar Barazenka, de 20 años, fue sentenciado a un años de libertad vigilada, sin necesidad de ingresar en ninguna institución especial, hace tan sólo unos días. Aunque los testigos no le incriminaron y las grabaciones presentadas no le mostraban cometiendo ninguna ilegalidad, el juez lo halló culpable de infringir el artículo 341-1 del Código Criminal (organización y preparación de acciones que violan flagrantemente el orden o tomar parte activa en ellas).

Aunque las actuales autoridades busquen eliminar del todo los pequeños negocios privados, y el propio Lukashenko prometiera hace algunos años estrecharle la mano al último emprendedor, parece que la crisis mundial y el hundimiento de la economía les hará corregir los planes. Sería estúpido por parte del Gobierno eliminar miles de pequeños negocios y convertir en parados a miles de personas. Sin embargo, los economistas de tipo soviético pueden pensar de otra forma, de modo que otra equivocación económica fatal es bastante probable.

Imagen: Vista de la manifestación de pequeños empresarios celebrada ayer por la tarde en Minsk que reunió a unas 3.000 personas (Yulya Darashkevich / Nasha Niva)

La mirada desde Varsovia- Por Julia Zimmermann

¿Cómo gestionar una crisis económica?

 

No hay crisis económica en Polonia. Una constitucional parece ser una opción mucho más interesante. El presidente ha intentado causar el pánico en los mercados alguna que otra vez. Pero como no le ha funcionado, básicamente por las declaraciones de calma del Gobierno, ha dejado el tema y la ha emprendido con otro.

El primer ministro y el Gobierno en pleno se han esforzado desde el principio en asegurar que, de ninguna manera, hay crisis, así que han entrado fácilmente al juego del presidente. Los únicos que están preocupados por la crisis económica son aquellos que tienen créditos en divisas extranjeras, depósitos en el banco o los que han jugado en la bolsa.

Durante las últimas dos semanas, el resto del país ha estado ocupado con el asunto de quién debe encabezar la delegción polaca en la reuniones de la Unión Europea en Bruselas. Tenemos dos posibilidades: o enviamos un equipo de tres personas con el primer ministro [Donald] Tusk al frente, o un equipo de cuatro personas encabezado por el presidente. Finalmente, nuestros líderes políticos han logrado alcanzar una postura intermedia, que consistirá en enviar un equipo de cuatro personas dirigido por el primer ministro con el presidente sonriendo como un maníaco y tratando de mostrar su utilidad en la reunión. Antes, ya habíamos presenciado una extraña lucha por los aviones de la flota oficial y, durante la reunión, el asunto más discutido fue quién se sentaría en el pasillo ¿En qué consiste este circo?

La Constitución polaca de 1997 creó un sistema parlamentario. Pero no uno bien cohesionado. Para entender los obstáculos, hay que conocer la historia de su redacción. Después de la gran victoria de la, hasta entonces, oposición en las parlamentarias de 1989 resultaba evidente que había que redactar una nueva constitución. Uno de los primeros cambios en esa dirección fue la creación de la Oficina del Presidente, en sustitución del Consejo de Estado, un órgano colectivo. Aún no estaba muy claro si Polonia tendría un sistema parlamentario o presidencial, pero, en el entusiasmo que siguió a la recién recobrada democracia, se adoptó una solución típica de un sistema presidencial: elegirlo por decisión popular. 

Y así, Lech Wałęsa se convirtió en el primer presidente de la (Tercera) República de Polonia. Esta elección tuvo un peso muy importante en el proceso posterior de diseño de la nueva constitución. era, y todavía es, un gran partidario del sistema presidencial en Polonia y, durante su mandato, hizo uso de varios trucos legales para acumular el mayor número de competencias posible (este proceso fue llamado falandisación, por el asesor legal del presidente en ese momento, Lech Falandysz). Esto llevó a los miembros del parlamento (dominado durante esta etapa crucial por los herederos del Partido Comunista y sus aliados) enfrascados en la redacción del borrador de la nueva constitución a decantarse de forma casi unánime por un sistema parlamentario.

Sin embargo, las elecciones de 1995 las ganó un representante de los ya mencionados herederos del Partido Comunista, Alexander Kwaśniewski. La redacción de la nueva constitución cambió de rumbo e introdujo inesperadamente nuevas prerrogativas para el presidente. De modo que acabamos con una constitución que obliga al presidente y al primer ministro a colaborar. Esto pareció funcionar durante los dos mandatos de Kwaśniewski, a pesar de que tuvo que cohabitar con primeros ministros o bien de los partidos de derecha o de su mismo partido, pero con los que tenía una mala relación personal, durante buena parte de su mandato.

Pero desde el momento en que el presidente Kaczyński tuvo que cohabitar, quedaron en evidencia las muchas debilidades de este sistema. El último enfrentamiento sólo ha sacado a la luz problemas que estaban resultando cada vez más patentes durante el ultimo año. Por si nadie se había dado cuenta, el presidente había dicho que podía hacer lo que le pareciera oportuno porque había sido elegido por voto popular.

En este momento, la Plataforma Cívica (PO, el partido del primer ministro Tusk) ha iniciado un proceso en el Tribunal Constitucional para obtener una definición clara sobre parte de las competencia del Presidente y del Primer Ministro en política exterior. Esperan aprobar una Ley de Competencias que regule todas las demás esferas de conflicto posibles, pero los últimos eventos han dejado claro que hace falta un cambio constitucional. Esto, sin embargo, no es tan fácil. Primero, porque el proceso es complicado y requeriría el apoyo del PiS, el partido del presidente. Y, en segundo lugar, porque parece que, de momento, el primer ministro Tusk todavía tiene en mente convertirse él mismo en Presidente en 2010, lo que llevaría a una situación similar a la ucraniana.

Pero, aún así, no tenemos que preocuparnos por ninguna crisis económica.

 

Imágenes : Arriba a la derecha, el primer ministro polaco, Donald Tusk (bartheq). El presidente Lech Kaczyński, abajo a la izquierda (Natalia Dobryszycka)