Plantígrados- Por Juan Rodríguez Morales (Madrid)

 

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Plantígrados- Por Juan Rodríguez Morales

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¡Derechos Humanos en Rusia, YA!

¿Quién ordenó asesinar a los opositores políticos?- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

Una acción callejera tuvo lugar en Minsk el 16 de enero. Una cadena humana con los retratos de los desaparecidos recordó uno de los eventos más importantes en la historia de la independencia de Bielorrusia. Como es habitual, fueron dispersados por la policía especial casi inmediatamente.

La historia de las desapariciones violentas de políticos en Bielorrusia es bien conocida en Europa. Una investigación independiente y adecuada de los casos de estas personas fue uno de los requisitos que la Unión Europea puso para mejorar las relaciones con Bielorrusia. Esto hace referencia a cuatro personas: Yuri Zajarenko (anterior ministro del Interior, desaparecido el 7 de mayo de 1999), Victor Gonchar (ex vicepresidente del Parlamento de Bielorrusia, desaparecido el 16 de septiembre de 1999), Anatoly Krasovski (empresario desaparecido con el señor Gonchar) y Dimitri Zavadski (cámara del canal ruso de televisión ORT, desaparecido el 7 de julio de 2000). Es de señalar que se celebraron elecciones presidenciales en 2001.

Cuatro personas del círculo más próximo a Lukashenko son sospechosas de asesinato político: el ex secretario del Consejo de Seguridad, previamente Fiscal General, Viktor Sheiman; el anterior ministro del Interior y ex ministro de Deportes y Turismo, Yuri Sivakov; el actual ministro del Interior, Vladimir Naumov y el anterior comandante de la Unidad de Reacción Rápida Especial bielorrusa, Dimitri Pavlichenko.

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Hoy en día, parece claro que, anteriormente a las desapariciones, fueron empleados escuadrones de la muerte (unidades paramilitares) para hacerse cargo de jefes criminales y empresarios desleales al régimen.

Christos Pourgourides, miembro del Comité de Asuntos Legales y Derechos Humanos del Consejo de Europa, hizo constar su preocupación y sugirió que Dimitri Pavlichenko, junto a “altos cargos del Estado” habrían estado implicados en los asesinatos de varios personas, incluyendo a políticos veteranos. Afirmó que el entonces Jefe de la Policía Criminal de Bielorrusia, el general Lapatik, había acusado a Dimitri Pavlichenko del asesinato de Yuri Zajarenko en una nota manuscrita fechada el 21 de noviembre de 2000. También hizo constar sus sospechas de la implicación de Pavlichenko en las desapariciones de Victor Gonchar y Anatoly Krasovski.

Premio al acusado

La orden de arresto de Pavlichenko por el jefe del KGB bielorruso en 2000 aseguraba que  “los materiales recogidos en la investigación contienen datos fiables que confirman que Dimitri Vasiliyevich Pavlichenko es el organizador y cabecilla de un cuerpo criminal dedicado al secuestro y a la desaparición física de personas. En concreto, el grupo criminal encabezado por D.V. Pavlichenko estuvo implicado en el asesinato de G.V. Samoylov, líder del RNE [una organización regional bielorrusa no registrada], así como en el asesinato de otros individuos”. Los funcionarios de la Oficina del Fiscal General también emitieron una orden de arresto para el Secretario del Consejo de Seguridad Viktor Sheiman, sospechoso de secuestro y asesinato de personas.

Sin embargo, todo cambió radicalmente en unos días. Pavlichenko salió de la cárcel por una orden personal de Lukashenko. El 27 de noviembre de 2000, el presidente también reemplazaba al Fiscal General y al jefe del KGB. El Fiscal General fue sustituido por… Sheiman.

Una cosa bastante divertida ocurrió en 2004. El diario local Udarnyj Front publicó una carta en apoyo a Lukashenko. Había en ella un poema que ensalzaba al Jefe de Estado. Incluía las siguientes líneas:

“Con paso firme y tranquilo

Unidos en el recto camino

Ni tormentas ni guerras nos acecharán

¡Con un presidente como éste!”

Sin embargo, los cumplidos resultaron ser una trampa: componían un acróstico con la frase “Lukashenko es un asesino”. El subdirector del periódico fue despedido fulminantemente. El poeta nunca fue encontrado, ya que los redactores habían tirado el sobre en que el texto llegó al rotativo.

 

Imagen: Manifestantes con retratos de los desaparecidos forman una cadena humana en las calles de Minsk el pasado día 16 (Julija Darashenka / Nasha Niva).

Asesinado de un tiro en la nuca un prominente abogado pro Derechos Humanos en Moscú- Por Pablo Veyrat (Madrid)

 

El agresor mató también a la periodista que le acompañaba

 

markelovEl abogado defensor de los Derechos Humanos Stanislav Markelov y la periodista del semanario Novaya Gazeta Anastasia Baburova fueron asesinados a tiros ayer a plena luz del día en el centro de Moscú. Salían de una rueda de prensa en la que Markelov, de 34 años, había anunciado que haría todo lo posible para evitar la puesta en libertad anticipada de un criminal de guerra condenado por el asesinato, y, según otras fuentes, también violación, de una joven chechena de 18 años en 2000. 

El asesino se acercó por detrás de Markelov y le descerrajó un tiro en la nuca y otro en la espalda con una pistola con silenciador, según fuentes de la investigación citadas por la prensa rusa. Falleció en el acto. Baburova, de 24 años, trató de perseguir al asesino, pero este se revolvió y le pegó un tiro en la cabeza. Llegó en coma al hospital y falleció horas más tarde. El autor de los disparos escapó por una boca de metro cercana. Testigos presenciales señalaron que tapaba su rostro con una máscara de esquí.

Markelov, conocido por defender a sindicalistas, activistas políticos y haber procesado a varios militares por abusos contra la población, había recibido amenazas de muerte recientemente, según el padre de la joven chechena Eliza Kungayeva. “ Me dijo el jueves por la noche:

anastasiababurova– Visa, estoy recibiendo amenazas.

– ¿Qué tipo de amenazas?- le pregunté.

– Si no dejo este caso, me matarán.

– ¿De quién son estas amenazas?- le pregunté.

– Estoy recibiendo mensajes de texto anónimos.

Entonces le dije que tal vez debería buscarme otro abogado. ‘No, voy a perseverar’, fue su respuesta”, ha explicado Visa Kungayev, padre de la joven chechena, al canal Russia Today.

El abogado había llevado varios casos contra el Estado ruso al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Sus actuaciones contra neonazis rusos y mafiosos chechenos llevan a la Policía a sostener varias hipótesis sobre la autoría de su muerte. El Fiscal General del Estado, Yuri Chaika, se ha hecho cargo del caso. Había amenazas de muerte contra él en las páginas de Internet de varios grupos neonazis. Últimamente, trabajaba en el caso del asesinato en 2001 del también periodista de Novaya Gazeta, Igor Dommikov, muerto a martillazos por investigar una caso de corrupción en la petrolera Lukoil. Unos empleados de la petrolera enviaron una carta denunciando que la intención de los asesinos era intimidar a toda la redacción, según denunció en su día el Comité para la Protección de los Periodistas en una carta dirigida al entonces presidente, Vladimir Putin.

Paliza en el metro

En 2004, fue atacado por cinco hombre jóvenes en el metro de Moscú que, al grito de “¡Ya tienes lo que buscabas! ¡No habrá más discursos contigo!”, le dejaron inconsciente de un golpe en la cabeza, según denunció Amnistía Internacional en un memorando expresando su preocupación por la seguridad del letrado. Al recuperar la consciencia, habían desaparecido su teléfono móvil (donde guardaba los números de todos sus clientes), su pasaporte, documentos de identidad y su licencia como abogado. Su caro reloj suizo y su cartera sí estaban. No así varios documentos relacionados con sus casos. La Policía le acusó haberse autoinfligido las heridas y de falsificar los informes médicos y se negó a admitir ninguna denuncia del ataque. Por entonces, Markelov investigaba la desaparición y tortura de un ciudadano en Chechenia a manos de un miembro de la policía antidisturbios. El también abogado Robert Amsterdam cita además otro intento de asesinato, a manos de un borracho, al parecer inducido por la policía.

Markelov era también presidente y fundador del Instituto por el Imperio de la Ley, una ONG dedicada a la defensa de los Derechos Humanos en las zonas de Rusia más peligrosas, entre ellas Chechenia.

Estudiante de periodismo

Anastasia Baburova era estudiante nocturno de periodismo en la Universidad Estatal de Moscú y colaboraba con el semanario independiente Novaya Gazeta desde octubre del año pasado. Se especializaba en grupos políticos juveniles. El sábado pasado, citaba a Markelov en un reportaje sobre los neonazis rusos. Dos horas antes de su muerte, había entrevistado al abogado, según el director del semanario, Dimitri Muratov, que ha anunciado que la publicarán próximamente. Con esta última muerte, ya son al menos cuatro los periodistas que la revista de investigación ha perdido desde 2000, asesinados por hacer su trabajo. Entre ellos, figura Anna Politkovskaya, tiroteada a la puerta de su casa en 2006. Markelov había llevado varios casos sacados a la luz por la veterana periodista.

El asesinato de Markelov y Baburova ha conmocionado a la sociedad rusa por el descaro con que ha sido llevado a cabo: después del mediodía y a unos cientos de metros del Kremlin. “Incluso cuando el crimen organizado era rampante en los ’90, un asesinato de este tipo era considerado atrevido y horrible”, ha afirmado el corresponsal de la cadena de televisión rusaVesti.

Imágenes: El abogado Stanislav Markelov (arriba a la izquierda) y la periodista Anastasia Baburova (abajo a la derecha).

En el segundo aniversario del asesinato de Anna Politkovskaya- Por Pablo Veyrat

 

“(…) No soy analista política. Soy sólo un ser humano entre muchos, un ser humano entre las multitudes de Moscú, de Chechenia, de San Petersburgo o de cualquier otro lugar. [Este libro] Son mis reacciones emocionales garabateadas en los márgenes de la vida tal y como se vive hoy en día en Rusia. Es demasiado pronto para distanciarse, que es lo que hay que hacer si se quiere analizar algo desapasionadamente. Yo vivo el presente y tomo nota de lo que veo”.

ANNA POLITKOVSKAYA, La Rusia de Putin

 

Los escritos de Anna Politkovskaya te atrapan y obligan a mirar a la cara la vida en la Rusia de los primeros años del milenio. Hay algo muy fuerte en su escritura y a la vez muy sencillo: siempre escribió sobre la gente corriente y para la gente corriente para denunciar los abusos a que ésta es sometida. Ese es el único secreto de su legado, a dos años de su cobarde asesinato por encargo la víspera del cumpleaños del entonces presidente, Vladimir Putin.

¿Qué hacer cuando el horror se materializa en tu propio país? Cuando el estado deja de estar para ayudarte y la policía y el ejército se convierten en instrumentos de represión de cualquier voz disidente o de quien la autoridad diga; cuando los medios de comunicación pasan a estar monopolizados por el Estado y los medios independientes cerrados con cualquier tipo de artimaña legal; cuando una región entera de tu país, Chechenia, pasa a ser ocupada por decenas de miles de soldados de tu ejército, su capital arrasada a cañonazos y su población diezmada a diario de forma ora medieval, ora nazi; cuando esos mismos soldados, reclutas adolescentes en su mayoría, son maltratados hasta la muerte por sus propios oficiales como carne de cañón… y un largo y desolador etcétera.

Anna Politkovskaya, aterrada de miedo por las amenazas que recibía de grupos de ultraderecha o de los propios servicios de seguridad, por el simulacro de fusilamiento a que fue sometida por su propio ejército cuando informó desde el frente en Chechenia, por el intento de envenenamiento que sufrió yendo de camino a Beslán para mediar con los secuestradores de la Escuela Nº 1, por el horror que presenció cuando los propios terroristas del teatro Dubrovka de Moscú pidieron su presencia para negociar, sólo optó por ser periodista de la única  forma posible. Optó por la honestidad y contar la verdad sin ambages y con ira acerca de un estado en que la justicia está en venta y en el que las peores prácticas de la psiquiatría soviética vuelven a entrar en acción.

El eje principal del trabajo que le granjeó la enemistad del Gobierno ruso fue Chechenia. Allí documentó los asesinatos, ejecuciones sumarias y violaciones que tanto el ejército ruso como sus aliados chechenos cometieron y cometen contra su propia población civil. Ciudadanos de la Federación Rusa, con pasaporte ruso. Pero también denunció la corrupción de las autoridades rusas en cualquier estamento, la crueldad e indiferencia hacia el dolor de los ciudadanos, incluidas las madres de los soldados muertos en la guerra del Cáucaso, o el creciente acoso racial hacia los propios chechenos, extendido a cualquier “negro” del Cáucaso, en el interior de Rusia. En uno de sus trabajos más conmovedores, Una historia de amor y fascismo, denunció el abuso de la policía, encargada de detener su cuota diaria de chechenos, ya en 1999, de cualquier manera. Decía entonces:

“La teoría de la nación criminal era elegante en la Alemania nazi. Entonces se centraron en judíos y gitanos. Los campos de filtración y concentración para ellos fueron abiertos por doquier. También fueron confinados en ghettos. No parece haber mucha diferencia entre aquello y lo que ocurre hoy en Moscú con nuestra silenciosa (y a veces clamorosa) colaboración ¿Nos veremos obligados a admitir ante nuestro nietos que contribuimos a este fascismo y que no hicimos nada para prevenir su ocurrencia?”

El estilo de Politkovskaya puede parecer exagerado, hiperbólico, poco riguroso y, para algunos, histérico. Pero leer sus libros, los de otros autores que escriben sobre Rusia y contrastarlos con las noticias que publica la prensa mundial no deja lugar a dudas: el gigante que pretende erigirse en potencia mundial alberga un horror totalitario más o menos suavizado con una fachada democrática, una relativa prosperidad material y el control de los medios de comunicación por parte del Estado. Con una elite al mando integrada por los servicios de seguridad descendientes directos, y sin transición alguna, del aparato represor de uno de los regímenes más despiadados con los Derechos Humanos que vio el siglo XX. 

Pasarán los aniversarios de su muerte, el Gobierno ruso podrá hacerse más honorable o sus ofertas energéticas más atractivas. Pero Politkovskaya ya nos advirtió de cuanto no quisimos ver durante su vida.

“(…) A Occidente le complacen muchas cosas de Rusia: el vodka, el caviar, el gas, el petróleo, los osos, los propios rusos, tan especiales… El exotismo ruso tiene muy buen mercado. Ni a Europa ni al mundo le interesa, pues, lo que suceda en la séptima parte del planeta que ocupa nuestro país.

Y, entretanto, vosotros seguís con lo mismo, que si Al Qaeda por aquí, que si Al Qaeda por allá… Maldita jerigonza que os permite descargar la responsabilidad de tantas sangrientas tragedias: por aquí, pues por aquí; cogemos a aquel, pues a cogerlo… No puede uno imaginarse cantinela más primitiva para adormecer la conciencia de una sociedad que no hay nada que desee más que hundirse en el sueño”.

Tráiler del documental Letter to Anna (disponible íntegro en ruso en Novaya Gazeta)

 

 

 

Biografía en Wikipedia

Libros de Politkovskaya en español

Listado de periodistas asesinados en Rusia desde 2000

 


Otro periodista asesinado y uno apaleado en Rusia

Dos desconocidos dispararon contra el periodista Abdulla Telman Alishaev cuando circulaba en su coche el martes pasado en torno a las ocho de la tarde, en Majachkala, Daguestán (en el Cáucaso Norte, Rusia). Las balas le hirieron en la cabeza y en el hombro y murió al día siguiente en el hospital. 

El diario oficial Rossiskaia Gazeta ha citado a una fuente del ministerio del Interior que relaciona su muerte con su oposición al islamismo wahabita, sobre el que había informado en abundancia, que nutre el extremismo religioso en todo el Cáucaso y cuyos militantes integran buena parte de la guerrilla chechena en la república vecina. Esa misma mañana, había sido asesinado un jefe de policía en la ciudad apellidado Zakaryaev.

Alishaev trabajaba en el canal de televisión musulmán TV- Chirkey, perteneciente a una empresa de televisión islámica. Esto sucede dos días después del asesinato de Magomed Yevloyev en otra república norcaucásica, Ingusetia.

En la misma noche en la que Alishaev era asesinado, Miloslav Bitokov, de 56 años y director del diario Gazeta Iuga, fue apaleado por tres desconocidos, uno de ellos enmascarado, en la puerta de su casa en Nalchik, la capital de la república de Kabardino-Balkaria (también en el Cáucaso Norte). Bitokov, hospitalizado con fracturas en el cráneo y la nariz rota, había sido amenazado por publicar artículos críticos con las autoridades locales, según sus compañeros del periódico.

El New York Times citó ayer a Dzhamilya V. Khagarova, ex compañera de Bitokov hoy jefe del gabinete de prensa de la presidencia de Kabardino-Balkaria: “Mi opinión es que esto es una provocación que trata de desestabilizar el Cáucaso (…). Una coincidencia puede ocurrir una vez, tal vez dos, pero cuando ocurre tres veces ya no es ninguna coincidencia”.

Han muerto asesinados 60 periodistas en Rusia desde el año 2000, según la lista recopilada por los usuarios de la Wikipedia. Las organizaciones de Derechos Humanos aseguran que sólo salen en la prensa los asesinatos escandalosos de periodistas con cierto nivel de popularidad o cuya muerte resuulta escandalosa, pero añaden que la mayoría de los periodistas asesinados en provincias nunca son mencionados.

P.V.                   

¡Hasta siempre, Magomed!- Por Andrei Babitsky

(Especial para el Prague Watchdog, organización dedicada a documentar e informar sobre los abusos de los derechos humanos en el Cáucaso Norte. Traducido con autorización de la organización)

(Contexto para el lector de habla española: Magomed Yevloyev fue asesinado el domingo pasado al aterrizar en Nazrán. La república soberana de Ingusetia está integrada en la Federación Rusa. Limita con Chechenia al Oeste y con Osetia del Norte al Este. Mantiene con esta última un conflicto territorial derivado de la deportación estalinista que el pueblo ingús padeció durante la URSS y que en 1992 desembocó en un conflicto entre las dos regiones que se saldó con el intercambio forzado de población entre ambas, resultando entre 60.000 y 90.000 inguses expulsados de Osetia del Norte y 9.000 osetios expulsados de Ingusetia. 

Al término del conflicto, Ruslán Aúshev fue elegido presidente y logró calmar la situación prolongando su mandato hasta que perdió las elecciones en circunstancias poco claras frente a Murat Zyazikov, antiguo general del KGB. Desde entonces la situación en la república ha empeorado hasta el punto de que la organización de Derechos Humanos Humans Right’s Watch publicó el pasado agosto un informe sobre los abusos, secuestros y desapariciones en ésta república norcaucásica)

 

*   *   *

 

Por alguna razón, cuando supe de la muerte de Magomed Yevloyev, fui inmediatamente a la lista de contactos de mi teléfono móvil y miré a ver si su nombre estaba ahí. La entrada con su nombre apareció en la pantalla como si nada hubiera pasado y como si todavía pudiera llamarle y estuviera vivo. Por un segundo, llegué a dudar si al apretar la tecla de llamada, escucharía su voz al instante. Pero no hice esa llamada, porque a mi edad ya sé que hacer una llamada no trae a nadie de vuelta a la vida.

Nos conocimos por primera vez hace unos meses en un foro de Derechos Humanos en Helsinki, aunque ya solíamos hablar por teléfono a menudo desde antes. Recuerdo que, antes de conocerle, lo había imaginado como un luchador infatigable, bravo e incondicional, uno de los que son absoluta y desinteresadamente leales a una sola verdad y que no pueden concebir su existencia sin ella. La página Ingushetiya.ru, de la que Magomed era dueño y director de hecho, no era precisamente un modelo de tolerancia y ecuanimidad, especialmente en el terreno de las relaciones internacionales. Así que pensaba que los foros inflamados y las críticas feroces y llenas de ira a las autoridades inguses que caracterizaban a la página eran la creación de un temperamento concreto, análogo al que había visto en la persona del luchador revolucionario Eduard Limonov, del Partido Nacional Bolchevique.

Pero todo fue muy diferente. Del avión que aterrizó en el aeropuerto de Praga, donde le conocí, bajó un hombre que ya no era joven. Parecía algo confundido y extremadamente inteligente. Con su traje y su corbata y el maletín que llevaba, me recordaba más a un tipo de funcionario ya medio olvidado que uno podía encontrar en tiempos soviéticos: paciente, delicado y preocupado por no crearle problemas a los que le rodean. O a un ingeniero de un instituto de investigación de provincias o al capataz de una fábrica en decadencia.

Pero aquella primera impresión también era errónea. Bajo el modesto aspecto de antiguo empleado en la oficina del fiscal se escondían una inmensa vitalidad y una increíble tenacidad. Durante los pocos días que pasamos en la habitación de un hotel, me explicó las circunstancias de su carrera política paralela, él mismo sorprendido por cómo había sido todo. Pero más aún, su destino como líder de oposición no deseado ni buscado nunca. Una vez dejó la oficina del fiscal para meterse en el mundo de los negocios, jamás imaginó que su vida iría en esa dirección. Le fue bien en los negocios y, en un momento dado, decidió crear una página web para dar a conocer la historia, la cultura y las costumbres del pueblo ingús. Eso era todo.

Pero los acontecimientos siguieron su propio curso. Rápidamente, la página tomó un cariz político, sobre todo los foros, después de que los conflictos recientes tornaran cualquier asunto de historia, e incluso cultura, en temas de máximo interés en medio de un contexto político explosivo ¿De qué iban las discusiones? Una cosa estaba clara: Ingushetia.ru se convirtió, sobre todo, en un foro para las quejas inacabables contra los osetios y para debatir las consecuencias del conflicto osetio-ingús. Pero habría más: rápidamente, el tema principal de discusión fue la operación anti-terrorista que Rusia llevaba a cabo, durante la que los agentes de los servicios especiales y los policías locales secuestraron y mataron a docenas de personas. Información acerca de torturas, “batidas”, arrestos de líderes de la oposición y las muertes accidentales de personas durante las operaciones especiales: todo estaba disponible al instante entre las noticias de la página.

Ingushetia.ru se convirtió rápidamente en la página más visitada de todo el Cáucaso Norte. Mientras tanto, las autoridades comenzaron a pelear con la página, tratando de cerrarla con cualquier pretexto. Magomed y su creación se enfrentaron a un torrente de acusaciones, fue puesto en la lista de buscados, había una auténtica cacería contra él en Ingusetia. Y aún así, sin mucho esfuerzo por esconderse, siguió volando a casa a ver a sus padres. Su padre le hizo prometer que dejaría sus actividades opositoras, y él prometió hacerlo porque, según la tradición ingús, uno no puede ir contra los deseos de sus padres. Pero sólo mantuvo su palabra en apariencia. De hecho, su activismo político ya se ahogaba confinado en los límites de su página de Internet. Magomed tomó parte en una campaña llamada “¡Yo no voté!” y se implicó personalmente en la recogida de datos de gente que no había votado en las elecciones parlamentarias. Organizó y financió la recogida de firmas para pedir la dimisión del presidente de la República de Ingusetia, Murad Zyazikov y por el regreso de Ruslán Aushev para reemplazarle. La última campaña de la oposición (la recogida de firmas para separar Ingusetia de Rusia) no fue un acto de provocación política o un coletazo de radicalismo rampante. Era la forma en que Magomed Yevloyev veía las cosas: pensaba que la única forma de detener la matanza del pueblo ingús por parte de Zyazikov y de las fuerzas especiales era llamar a la independencia nacional.

El presidente ingús odiaba a Magomed con una mezcla de histeria y esquizofrenia. No logró cerrar la página a través de medios legales, por lo que su gobierno ofreció comprarla  por un millón y medio de dólares, y estaban dispuestos a subir el precio. Recientemente, Zyazikov había amonestado en público a sus subordinados de los cuerpos de seguridad. Durante las reuniones del gobierno, les acusó de no tener “hombres de verdad” en sus filas capaces de detener a Yevloyev. Y, finalmente, encontró a esos hombres, que no dudaron en descerrajar dos tiros a bocajarro en la cabeza de un hombre desarmado.

Magomed no era un luchador por naturaleza, un caballero sin miedo ni tacha. La política le agarró por casualidad y no le soltó hasta su muerte. Siempre me pareció muy curioso que la principal figura de la oposición en Ingusetia fuera un hombre paciente con el desorden en su página web y entre sus seguidores. Solía ser tolerante con las debilidades de su equipo editorial. Incluso con los que, por varias razones, a menudo frívolas, no iban a trabajar por días y a veces semanas. Sólo se le ocurría hacer el trabajo desatendido en su lugar. Carraspeaba, se llevaba las manos a la cabeza, pero nunca echaba la bronca o castigaba a nadie. Le dije que la lectura de los foros de su página, sobre todo los dedicados al conflicto oseto-ingús era deprimente por el nacionalismo desatado que albergaban. Estaba de acuerdo, pero no podía hacer nada. Carecía de las habilidades de un director de prensa y era incapaz de manejar a la gente ¿Cómo podía un hombre así ser la peor pesadilla de Murad Zyazikov? La respuesta es simple: a pesar de su naturaleza tranquila y amable se negó a convivir con lo que creía que era el genocidio del pueblo ingús, por muy discutible que tal categoría legal fuera.

Ahora, todos sus problemas pertenecen al pasado. Magomed ha sido asesinado. Docenas de personas fueron enviadas a arrestar a un hombre cuya única arma era un maletín lleno de documentos. Y le dispararon a plena luz del día, delante de toda Ingusetia. Sin embargo, los problemas de las autoridades inguses y rusas no sólo no se han resuelto, sino que se han multiplicado por varias docenas de veces. Las iniciativas de Magomed Yevloyev, incluyendo la independencia de la república, se han cobrado un precio en sangre y han dejado de ser un proyecto político abstracto para convertirse en una causa por la que ha sido arrebatada una vida. Ahora, estas iniciativas se han encarnado y tienen un futuro lejano y sombrío. 

En cuanto a Zyazikov, no sobrevivirá, ni como político ni como ingús, a la muerte de Yevloyev. Aún para los estándares sin ley de hoy en día, disparar contra tus rivales políticos sin tratar de ocultarte es un asunto excepcional. Ni siquiera el Kremlin se imagina asumiendo la responsabilidad de la muerte violenta de los que considera sus enemigos y aquí tenemos, abierta y desvergonzadamente, uno de los asesinatos más cobardes. O reconocen este comportamiento como norma o tienen que hacer algo con la persona que ocupa el cargo de Presidente de Ingusetia.

El pueblo ingús no perdonará, simplemente porque no entra en sus costumbres perdonar tales cosas, aunque las haga un conductor de tractores o el funcionario protegido por el ejército y los cuerpos de seguridad del estado. 

¡Hasta la vista, Magomed! Siento tanto que ya no estés aquí.

¡Hasta la vista, Murad Zyazikov! A quien lleva ese nombre no le aguarda un buen futuro. 


Andrei Babitsky es periodista ruso

Traducción: Pablo Veyrat

 

(Foto: Magomed Yevloyev, blog en inglés de Ingushetiya.ru, la página original resulta inaccesible)