Vilnius aguarda nuevas protestas- Por Viktor Denisenko (Vilnius)

 

Las autoridades lituanas serán puestas de nuevo a prueba el 3 de febrero. Una nueva manifestación de los sindicatos ha sido autorizada frente al Parlamento para ese día.

A diferencia de las del pasado 16 de enero, que desembocaron en protestas masivas, ésta tendrá lugar frente a otra parte del edificio. La Policía ya ha prometido implementar medidas de seguridad sin precedentes para evitar el escenario de enero. La concentración que se avecina no será menos que la anterior. Se esperan no menos de 20.000 personas de todo el país.

Las autoridades están preocupadas por la protesta. Algunos líderes parlamentarios han pedido ya al Gobierno local que no autorice la marcha ante el Parlamento o que propongan un emplazamiento alternativo. Entre estos lugares han estado el Parque Nagorny, en el centro histórico, pero lejos de los edificios gubernamentales, o el Parque Vingis, donde se organizan tradicionalmente las fiestas y grandes conciertos. El Gobierno local ha decidido, sin embargo, que los ciudadanos tienen derecho a expresarse en las cercanías de las autoridades y ha ignorado estas propuestas.

Prestemos atención a algunos aspectos de esta situación. La reacción de las autoridades, cercana a la histeria ante la ira de los ciudadanos, muestra la inestabilidad del actual Gobierno lituano. Sencillamente, quiere tener a los ciudadanos lejos. Por eso querían que la manifestación no se celebrara cerca de edificios gubernamentales. En este sentido, la reacción del Gobierno municipal es elogiable. 

El comportamiento de los manifestantes dependerá una vez más de cómo reaccionen los representantes de las elites. Han de tener el valor de acercarse a hablar a pesar del riesgo de recibir algún que otro huevazo y de asumir parte de la responsabilidad por la desconfianza y los sentimientos encontrados. Las autoridades no están escuchando a la sociedad. Ese es el problema en Lituania (y no sólo aquí). Los políticos sólo escuchan en período preelectoral.

Plantígrados- Por Juan Rodríguez Morales (Madrid)

 

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El régimen bielorruso muestra un gran ingenio en su trato a la oposición- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

Emblema del Ministerio de Defensa de BielorrusiaEn octubre de 2008, a pesar de el fraude en las elecciones recientes había sido evidente, la Unión Europea levantó las sanciones contra funcionarios bielorrusos, incluido Lukashenko. La Comisaria de Relaciones Exteriores y Política Europea de Vecindad, Benita Ferrero-Waldner, destacó la ausencia de prisioneros políticos como un paso adelante por la parte bielorrusa. Sin embargo, existen.

Nueve personas han sido sentenciadas a dos años, otra a uno y un menor a año y medio de libertad restringida sin ser enviados a centros penitenciarios por participar en protestas pacíficas de empresarios. Los condenados a esta pena no pueden salir del país o ser candidatos en elecciones. Tampoco pueden cambiar de lugar de residencia sin autorización de la Policía o participar en la vida pública. Están obligados a permitir la entrada de la Policía a sus domicilios en cualquier momento. Podemos hablar de arresto domiciliario, ya que sólo pueden estar en su casa y en el trabajo. Pueden ser objeto de un proceso criminal por infringir el régimen de cualquier manera.

Recientemente, la dictadura ha comenzado a poner en marcha otras tácticas. Los médicos son forzados a reescribir sus informes sobre activistas políticos jóvenes después de ser reclutados forzosamente para el Ejército. En 28 enero, agentes de policía y oficiales de reclutamiento llevaron a cabo auténticas redadas contra líderes juveniles por toda Bielorrusia. Trataron de llevarse al Ejército por la fuerza al líder del Frente Juvenil Iván Shyla, al de Moladz BNF Franak Vyachorka y al joven activista Zmitser Fedaruk. Franak Vyachorka fue localizado y arrestado en plena calle antes de ser trasladado a una unidad militar. Z. Zhaleznichenka y A. Kalita ya habían caído en manos de la leva.

El 16 de enero, Franak Vyachorka fue atrapado por la fuerza en el consultorio de un hospital al que habia acudido a hacerse un chequeo y confinado en la oficina de reclutamiento. Le dijeron que le transferirían a una unidad militar en cuestión de horas. Franak tenía una dispensa debido a una operación en el ojo y algunas enfermedades cónicas que padece. Tuvo que comparecer ante otra comisión médica en el hospital militar republicano. El 17, Vyachorka apeló su recluta y las acciones de los militares y el personal médico durante la leva. El militante juvenil exigía que las comisiones militares respetasen el principio de igualdad entre todos los reclutas.

“Organización no-registrada”

El tribunal del distrito de Savetski de Minsk avisó a los oficiales de reclutamiento que Vyachorka no podía ser llamado a filas hasta que su recurso no fuera considerado. Sin embargo, su caso fue juzgado en ausencia del interesado y a puerta cerrada. A pesar de sus problema de salud, Franak Vyachorka fue declarado apto para el servicio militar.

Ivan Shyla fue encontrado culpable hace año y medio de participar en una “organización no registrada”. Hace seis meses, fue expulsado del instituto antes de pasar su último examen de la secundaria. Bielorrusia es el único país europeo y uno de los pocos del mundo en que participar en una iniciativa u organización no registradas es delito. El código penal considera una violación de la ley cualquier asociación ciudadana, sin importar la finalidad.

Así que, aunque no existen prisioneros políticos como tales, virtualmente los hay. La dictadura priva a sus opositores de libertad con otras medidas, como arresto domiciliario o reclutamiento forzoso. Hace unos días, el secretario general del Comité de Helsinki sueco, Robert Hårdh, señaló acertadamente que el regimen bielorruso muestra un gran ingenio a la hora de perseguir a la oposición.

Yo preferiría que mostrara más ingenio en superar la crisis económica que arrecia a lo largo y ancho del país, más que en privar a la gente de libertad por sus opiniones polítcas o ejercer sus derechos básicos.

Imagen: Emblema del Ministerio de Defensa de Bielorrusia.

Últimas noticias sobre las relaciones turco-armenias- Por Ali Saltan (Ankara)

(A partir de hoy, Ali Saltan, sociólogo y fotógrafo turco, contribuirá a La mirada al Este con una columna quincenal sobre la perspectiva turca sobre el Cáucaso y el Mar Negro. Ali Saltan es el fundador de la revista de fotografía FotoRöportaj.org)


El partido de fútbol entre Turquía y Armenia de las eliminatorias de la Copa del Mundo del pasado 6 de septiembre de 2008 creó una atmósfera favorable entre dos países que no mantienen relaciones diplomáticas desde mediados de los ’90. El hecho de que el presidente armenio, Serzh Sargsyan, invitara al presidente turco, Abdullah Gül, a ver juntos el partido en Yereván y que éste aceptara dio comienzo a un cambio en las relaciones entre ambos países.

Para entender mejor este cambio favorable, resultará útil examinar el mapa político y social de Turquía antes del partido, a principios de este nuevo siglo. En cierto sentido, los comienzos de esta década fueron los años en que los conservadores liberales de derecha y los liberales de izquierda pudieron hacer oír su voz. De modo que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), apoyado en la tradición conservadora y con su discurso liberal, obtuvo el poder en las elecciones de 2003 con un amplio respaldo social. 

Gracias a este apoyo, y teniendo presente la gran importancia geopolítica de Turquía, el AKP se acercó de igual a igual a la Unión Europea y revolucionó la política exterior tradicional turca proyectando una imagen más fuerte, y a la vez más flexible, en Oriente Próximo. Esta nueva imagen encaja con aquella que Estados Unidos pretende modelar como una Turquía “democrática” como anticipo y arquetipo para las administraciones de los países de Oriente Próximo y el Cáucaso y de los estados musulmanes. Un ejemplo de esto, ha sido la implicación del país como mediador en el último conflicto entre Rusia y Georgia. En un intento de mantener su influencia en el Cáucaso, ha tenido que suavizar su postura respecto a Armenia.

 

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Además, tras el asesinato del periodista y escritor Hrant Dink el 19 de enero de 2007, la reacción social, y mundial, empujaron al AKP a no descuidar el asunto armenio. A la luz de estos elementos, la situación cobra más sentido y el acercamiento turco-armenio, se nos aparece como una mutua relación benéfica de autoprotección en un mundo en el que los equilibrios de poder están cambiando.

“Pido perdón a los armenios”

Si volvemos al período inmediatamente posterior al partido de fútbol en Yereván, podemos decir que han tenido lugar varios eventos favorables y que aún quedan más por llegar. Aunque sin orden alguno, las reuniones sin condiciones entre los ministros de Exteriores de ambos países se están sucediendo. En estas reuniones, los políticos que integran ambas delegaciones intercambian gestos de simpatía constantemente.

Estos acontecimientos son una oportunidad para avanzar en el camino de la paz con iniciativas como las que comenzó Hrant Dink y propiciar la multiplicación de las voces que piden la paz. La campaña “Pido perdón a los armenios”, iniciada hace dos meses por un importante sector de los intelectuales turcos es un buen ejemplo de esto. La iniciativa invita a los ciudadanos a rechazar la insensibilidad mostrada hacia los armenios por la negación de la Gran Catástrofe a la que los armenios otomanos fueron sometidos en 1915, a rechazar esta injusticia y a empatizar con los sentimientos y el dolor de sus hermanos y hermanas armenios. A pesar de las reacciones contrarias que la campaña ha suscitado, los 30.000 firmantes han logrado constituir una plataforma social para los armenios turcos y, por otro lado, mantener frescas las relaciones con Armenia.

Además, en el transcurso del proyecto que hemos llevado a cabo con el fotógrafo Ruben Mangasaryan (un proyecto para fotografiar ambas culturas, formas de vida, etc.) hemos constatado que los habitantes de ambos lados de la frontera la quieren ver abierta. Armenios y turcos saben que el turismo y el comercio les beneficiará a todos con una frontera abierta. De modo que, con el conocimiento de que las tragedias y hostilidades del pasado no pueden aportar nada al futuro, esperan a que las fronteras sean abiertas.

 

Imagen: Vista de la marcha del funeral del periodista armenio asesinado Hrant Dink el 23 de enero de 2007. Más de 100.000 personas marcharon por las calles de Estambul en señal de duelo y protesta por su muerte (Kerem Özcan / Wikipedia).

El escenario de Riga, repetido en Vilnius- Por Viktor Denisenko

 

 

El 16 de enero, los sindicatos llevaron a cabo acciones de protesta contra la política del Gobierno en las ciudades lituanas (en Klaipeda, esto ocurrió el 17). Son ya muchos los ciudadanos insatisfechos con las estrictas medidas anticrisis. Entre ellas, una subida de impuestos sobre las gasolinas, el tabaco y el alcohol y el fin de las exenciones del IVA para algunos alimentos, servicios y otros. Las autoridades no parecen dispuestas a escuchar a los ciudadanos de a pie y mantener un diálogo con ellos. Desafortunadamente, en Vilnius y en Sauliai, tuvieron lugar varios desórdenes durante las protestas. Los choques más graves tuvieron lugar en la capital, cerca del edificio del Parlamento.

Alrededor de 7.000 personas se reunieron en Vilnius. Vinieron de todas partes del país. Unos centenares de adolescentes agresivos se convirtieron en la fuerza instigadora de los desórdenes. Las instituciones legales lituanas han llevado a cabo una investigación para determinar si los desórdenes estaban planeados y, de ser así, quién lo hizo. El primer ministro Andrius Kubilius acusó indirectamente de esto a Algirdas Paleckis, el líder partido del partido de ultra izquierda Frontas. Frontas no logró ningún escaño en las últimas elecciones parlamentarias. Por su parte, Paleckis prometió denunciar por difamación a Kubilius.

Insatisfecha con la política de las elites dirigentes, la gente arrojó piedras, palos, huevos y bolas de nieve contra el Parlamento y la policía que lo protegía. Las fuerzas de seguridad emplearon gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar a los manifestantes. Estaban preparados, ya que esperaban que los sucesos de unos días antes en la capital letona, Riga,  se repitieran en Vilnius. Y así fue.

151 detenidos

Los enfrentamientos se saldaron con 43 manifestantes y algunos policías heridos. Fueron detenidas 151 personas junto al Parlamento. Muchos fueron liberados tras rellenar los protocolos, aunque 15 permanecen todavía bajo custodia policial. Varios abogados conocidos se han ofrecido a representarles gratuitamente. Afirman solidarizarse de esta manera con los participantes en la protesta.

Los manifestantes causaron daños al edificio del Parlamento estimados en 233.000 litas (unos 68.000 euros). Rompieron ventanas y farolas alrededor del recinto y una fuente cercana quedó dañada. A pesar de que el Gobierno acusa a los sindicatos de no mantener el orden durante la protesta, los primeros responsables de la ola de indignación que ha llevado a los desórdenes son los actuales dirigentes políticos. De hecho, ningún miembro de la coalición dirigente salió a escuchar las reivindicaciones de los manifestantes. Los desórdenes se han convertido en la respuesta a la indiferencia de las elites dirigentes hacia las expectativas de la gente corriente, que teme el deterioro de las condiciones económicas y sociales.

Los sindicatos no se van a cruzar de brazos. La protesta que derivó en enfrentamientos es sólo la primera de una serie de protestas masivas programadas. La próxima será el 2 de febrero. Y puede reunir aún a más ciudadanos que la del 16 de enero. Las autoridades tienen tiempo para revisar sus acciones y sacar conclusiones.

Vídeo: Imágenes del canal Russia Today acerca de los disturbios en Vilnius (YouTube)

¿Quién ordenó asesinar a los opositores políticos?- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

Una acción callejera tuvo lugar en Minsk el 16 de enero. Una cadena humana con los retratos de los desaparecidos recordó uno de los eventos más importantes en la historia de la independencia de Bielorrusia. Como es habitual, fueron dispersados por la policía especial casi inmediatamente.

La historia de las desapariciones violentas de políticos en Bielorrusia es bien conocida en Europa. Una investigación independiente y adecuada de los casos de estas personas fue uno de los requisitos que la Unión Europea puso para mejorar las relaciones con Bielorrusia. Esto hace referencia a cuatro personas: Yuri Zajarenko (anterior ministro del Interior, desaparecido el 7 de mayo de 1999), Victor Gonchar (ex vicepresidente del Parlamento de Bielorrusia, desaparecido el 16 de septiembre de 1999), Anatoly Krasovski (empresario desaparecido con el señor Gonchar) y Dimitri Zavadski (cámara del canal ruso de televisión ORT, desaparecido el 7 de julio de 2000). Es de señalar que se celebraron elecciones presidenciales en 2001.

Cuatro personas del círculo más próximo a Lukashenko son sospechosas de asesinato político: el ex secretario del Consejo de Seguridad, previamente Fiscal General, Viktor Sheiman; el anterior ministro del Interior y ex ministro de Deportes y Turismo, Yuri Sivakov; el actual ministro del Interior, Vladimir Naumov y el anterior comandante de la Unidad de Reacción Rápida Especial bielorrusa, Dimitri Pavlichenko.

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Hoy en día, parece claro que, anteriormente a las desapariciones, fueron empleados escuadrones de la muerte (unidades paramilitares) para hacerse cargo de jefes criminales y empresarios desleales al régimen.

Christos Pourgourides, miembro del Comité de Asuntos Legales y Derechos Humanos del Consejo de Europa, hizo constar su preocupación y sugirió que Dimitri Pavlichenko, junto a “altos cargos del Estado” habrían estado implicados en los asesinatos de varios personas, incluyendo a políticos veteranos. Afirmó que el entonces Jefe de la Policía Criminal de Bielorrusia, el general Lapatik, había acusado a Dimitri Pavlichenko del asesinato de Yuri Zajarenko en una nota manuscrita fechada el 21 de noviembre de 2000. También hizo constar sus sospechas de la implicación de Pavlichenko en las desapariciones de Victor Gonchar y Anatoly Krasovski.

Premio al acusado

La orden de arresto de Pavlichenko por el jefe del KGB bielorruso en 2000 aseguraba que  “los materiales recogidos en la investigación contienen datos fiables que confirman que Dimitri Vasiliyevich Pavlichenko es el organizador y cabecilla de un cuerpo criminal dedicado al secuestro y a la desaparición física de personas. En concreto, el grupo criminal encabezado por D.V. Pavlichenko estuvo implicado en el asesinato de G.V. Samoylov, líder del RNE [una organización regional bielorrusa no registrada], así como en el asesinato de otros individuos”. Los funcionarios de la Oficina del Fiscal General también emitieron una orden de arresto para el Secretario del Consejo de Seguridad Viktor Sheiman, sospechoso de secuestro y asesinato de personas.

Sin embargo, todo cambió radicalmente en unos días. Pavlichenko salió de la cárcel por una orden personal de Lukashenko. El 27 de noviembre de 2000, el presidente también reemplazaba al Fiscal General y al jefe del KGB. El Fiscal General fue sustituido por… Sheiman.

Una cosa bastante divertida ocurrió en 2004. El diario local Udarnyj Front publicó una carta en apoyo a Lukashenko. Había en ella un poema que ensalzaba al Jefe de Estado. Incluía las siguientes líneas:

“Con paso firme y tranquilo

Unidos en el recto camino

Ni tormentas ni guerras nos acecharán

¡Con un presidente como éste!”

Sin embargo, los cumplidos resultaron ser una trampa: componían un acróstico con la frase “Lukashenko es un asesino”. El subdirector del periódico fue despedido fulminantemente. El poeta nunca fue encontrado, ya que los redactores habían tirado el sobre en que el texto llegó al rotativo.

 

Imagen: Manifestantes con retratos de los desaparecidos forman una cadena humana en las calles de Minsk el pasado día 16 (Julija Darashenka / Nasha Niva).

La lengua bielorrusa, en peligro de extinción- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

gramatica-eslavonicaUno de los programas de radio local más populares en lengua bielorrusa ha desaparecido de antena recientemente. Los habitantes de la zona y varios escritores pidieron a las autoridades que lo renovaran, pero sin éxito. Como respuesta, les fue propuesto que lo pagaran de su bolsillo al precio de 20.000 rublos bielorrusos (unos 5 euros) por cada minuto en el aire.

Este no es más que un ejemplo más de tantos en Bielorrusia. Las autoridades estrechan permanentemente la esfera del uso de la lengua bielorrusa. Desde que Lukashenko llegó al poder en 1994, la rusificación ha ido ganando terreno. Tres cada cuatro estudiantes de secundaria recibía su educación en bielorruso entonces ¡Hoy son menos del 20% los que lo hacen! Cerca de 1.000 institutos han cambiado su lengua de instrucción al ruso desde que Lukashenko fue elegido.

Precisamente un año antes de su llegada al poder, Lukashenko promovió un referéndum. Entre las preguntas, figuraba la adopción del ruso como lengua oficial y el cambio de los símbolos nacionales por una versión modificada de los soviéticos. La mayoría votó a favor. Claro, Bielorrusia fue la república nacional más sovietizada de todas. Sin embargo, los resultados oficiales continúan bajo sospecha. Más aún, la legalidad del referéndum sigue siendo muy cuestionable.

Desde entonces, la situación ha cambiado de forma dramática. Aunque de iure ambas lenguas son cooficiales, de facto sólo hay una: el ruso. Rara vez se oye a nadie hablar en bielorruso puro en las calles de las ciudades bielorrusas. Los derechos de los hablantes de bielorruso son constantemente violados. Es extremadamente difícil organizar grupos de hablantes de bielorruso en los colegios y jardines de infancia. No hay institutos con el bielorruso como lengua de instrucción. Las instituciones no la emplean como lengua de trabajo y nunca responden en esta lengua a las preguntas, orales o escritas, de los ciudadanos hablantes de bielorruso.

Lukashenko es probablemente el único gobernante del mundo que no habla la lengua que da nombre a su país. A pesar de tener un fuerte acento bielorruso, nunca hace discursos en esta lengua y denigra la lengua bielorrusa siempre que tiene ocasión.

Lengua materna

La  situación se vuelve aún más extraña si uno tiene en cuenta que la mayoría de los ciudadanos del país considera el bielorruso su lengua materna, y no el ruso. El censo de 1999 señala que un 73,7% de los ciudadanos respondió que el bielorruso era su lengua materna (el 65,5% en 1989).

Hoy en día, Bielorrusia se está convirtiendo en un país monolingüe. Muchos jóvenes estudian bielorruso como lengua extranjera y hablan mejor el inglés que una de las lenguas nacionales. Hace unos años, el ministerio de Educación reimprimió los manuales escolares de la asignatura de Historia de Bielorrusia en ruso y hace un par de años esta asignatura desapareció del currículo escolar. Hoy en día sólo se enseña historia general en Bielorrusia, y la del país es una pequeña parte de esta. Difícilmente existe algún país europeo en que la asignatura de la historia nacional no esté presente.

Bielorrusia ha sido históricamente un país multicultural. En los años 20 del siglo pasado había cuatro lenguas oficiales en la Bielorrusia soviética: bielorruso, ruso, polaco y yiddish. A partir de los años 30, dio comienzo una fuerte rusificación, sólo interrumpida con la independencia de 1991 y retomada en 1994. La lengua y la cultura bielorrusas sufren una fuerte presión y están en peligro de extinción. Si recordamos que el antiguo bielorruso disfrutó de un gran desarrollo hace siglos, siendo, de hecho, la lengua oficial del Gran Ducado de Lituania, la situación se ha invertido.

 

Imagen: Portada de la Gramatika Slavenska, editada en 1596 en Vilnius. Uno de los primeros intentos de sentar las bases de las lenguas eslavas, está considerada por algunos la primera gramática de la lengua bielorrusa.