¿Por qué hacen rehenes a los niños?- Por Aleg Pershanka (Minsk)

 

El 13 de octubre, Lukashenko firmó el decreto número 555, que altera lo previsto en el decreto número 98, “Sobre los viajes por razones de salud de niños al extranjero sufragados con ayuda gratuita”. Según el nuevo documento, las organizaciones de caridad bielorrusas sólo pueden enviar niños a aquellos estados que hayan suscrito acuerdos internacionales con Bielorrusia que garanticen la seguridad y el retorno en el momento pactado de los niños que participen.

A primera vista, el contenido del decreto parece normal, pero examinémoslo más de cerca. El presidente de la Fundación Niños de Chernobil, Henadz Hrushawy, asegura que el decreto exige cambios de legislación a los países que quieran llegar a un acuerdo con Bielorrusia. “Pretenden que el Estado tenga derecho a intervenir en las actividades de las ONGs, como en nuestro país. Pero esto arruina la esencia de la caridad. La caridad tiene que ser llevada a cabo por actores no estatales, nunca por instituciones del Estado”, explica. El Gobierno suspendió las actividades de su fundación en agosto.

El único estado que ha llegado a un acuerdo de este tipo con Bielorrusia ha sido Italia. La razón es que, a finales de los ’90, establecieron un cierto tipo de Departamento de Asuntos Humanitarios. Era una estructura estatal que, encuadrada en un ministerio, otorgaba permiso a las organizaciones caritativas para llevar a cabo sus actividades.

Los problemas para los programas de salida al extranjero para niños bielorrusos comenzaron después de que Taciana Kazyra, de 16 años, no se presentara el pasado 5 de agosto en el aeropuerto de San Francisco para volar de vuelta a Minsk con otras 24 chicas y chicos y dos monitores de las organizaciones benéficas después de haber pasado el verano en Estados Unidos. Las autoridades bielorrusas exigieron el regreso de la chica y suspendieron los programas de salud. Por una ironía del destino, hace unos días se supo que, al parecer, Taciana está pensando en regresar a Bielorrusia y, con seguridad, volará pronto de vuelta.

Pero sería ingenuo pensar que la razón para suspender los programas de verano y tomar a los niños como rehenes es la mera respuesta al comportamiento estúpido (como dicen algunos) de Taciana, que provocó un escándalo internacional. Recordemos las palabras del hombre que toma las decisiones en este país. El 17 de noviembre de 2004, Lukashenko dijo: “La adopción de niños por extranjeros es una vergüenza para nuestro Estado, tenemos que deshacernos de ella de una vez por todas (…) Este proceso ha de ser reducido no sólo al mínimo, sino a cero (…) Tenemos que criar nosotros a nuestros niños”. Lo más interesante son las razones para argumentar de esta manera: “¿No veis en quién se convierten al regresar? ¿Cómo nos beneficiamos de esa forma de vida? El consumismo se propaga entre nuestra juventud y por nuestro país. No necesitamos esa crianza”.

Lukasenko esconde la razón verdadera utilizando el concepto de consumismo como excusa. Teme el contagio de los valores democráticos entre la juventud. No es un secreto que muchos de los que tuvieron la oportunidad de pasar un tiempo en el extranjero y de ver las ventajas de las sociedades democráticas, libres de la propaganda de los medios estatales, terminan convirtiéndose en partidarios de la democracia y participando en actividades y mítines de la oposición. De modo que el objetivo del régimen autoritario está claro. Pretende sobrevivir a largo plazo aislando de influencias externas a los jóvenes tanto como pueda.

“Me gustaría señalar un aspecto importante. Existe [en Bielorrusia] la prohibición de abandonar el país para aquellos que hayan quebrantado la ley y tengan algún proceso en trámite. Desconozco cuánta gente ha perdido su derecho (…) Pero el decreto número 555 metió a 30.000 niños directamente en esa lista. No se les permite salir”, señaló Henadz Hrushawy.

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Una respuesta

  1. La realidad es que nuestra juventud aquí en España está inhibida de los asuntos políticos en su gran mayoría.

    Las fiestas de “botellones”, donde en cientos de ciudades miles de jóvenes se reunen para beber casi hasta la extenuación, es una prueba evidente de ello.

    Y la “compra” por parte de nuestra “rica” sociedad que adoptando niños como si fueran juguetes que enseñar, está llevando a muchos inocentes a un futuro que aterra.

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