¿Mucho ruido y pocas nueces?- Por Julia Zimmermann (Varsovia)

 

La Iglesia Católica ha desempeñado un papel muy concreto en la historia polaca. Durante el periodo del reparto de Polonia, cuando Polonia estaba dividida entre Rusia, Prusia y Austria (1795-1918), fue el núcleo de la resistencia. Esto fue especialmente cierto en Rusia y Prusia, cuyos regímenes eran percibidos como más opresivos y donde las religiones eran el Cristianismo Ortodoxo y el Luteranismo, respectivamente. Esto, desde luego, contribuyó a facilitar la relación entre religión y política). Durante la Segunda República polaca (1918-1939), al Iglesia perdió algo de su significado anterior, pero lo recuperó rápidamente durante la República Popular de Polonia. En un país comunista, la religión estaba amenazada. Los nuevos amos de Polonia se dieron cuenta pronto de que la Iglesia era algo más que “el opio del pueblo”, lo que derivó en una lucha por el alma de los ciudadanos. Pronto se hizo evidente que el competidor, a diferencia de los nuevos gobernantes, sí estaba bien arraigado en su papel de eje de la vida social en torno a la que se terminaría configurando la resistencia.

Las autoridades comunistas intentaron acabar con este obstáculo de muchas formas, pero fracasaron en la mayoría de los casos. Nada salió de la creación de una Iglesia leal al Estado, sólo un grupo de laicos que, a pesar de las oportunidades que les dieron, nunca se convirtieron en un grupo de referencia. El arresto de un icono sagrado en peregrinación por el país para celebrar el milenio de cristianismo sólo consiguió enfurecer a la gente. Los impedimentos para la construcción de nuevas iglesias sólo lograron que las comunidades locales se implicaran más en las nuevas parroquias. Los intentos de reclutar la mayor cantidad posible de sacerdotes para el SB (Służba Bezpieczeństwa, el servicio de seguridad) mediante el soborno, el chantaje y las amenazas hacia monjes y sacerdotes funcionaron a veces, pero no a gran escala. Los ataques a los partidarios más fervientes de la oposición entre los curas, que culminaron en el secuestro y asesinato de Jerzy Popiełuszko, impulsaron una resistencia más fuerte y crearon un nuevo mártir.

Mientras tanto, los KIKs (Kluby Inteligencji Katolickiej), clubes de la intelligentsia católica se convirtieron en centros de pensamiento no sólo religioso, sino también independiente. La carta de los obispos polacos a los obispos alemanes abrió el camino a la reconstrucción de las relaciones con la Alemania Federal en 1960. En 1977, Adam Michnik, uno de los opositores de izquierda más prominentes publicó un libro, “La Iglesia y la izquierda” mostrando que el ateísmo político de la izquierda no se sostenía y resultaba improductivo y, por tanto, proponiendo una alianza. El temible cardenal Karol Wojtyła, percibido como un posible sucesor del primado Wyszyński, símbolo de la resistencia pacífica, fue elegido Papa en 1978.

Y así, la Iglesia Católica polaca ha entrado en la nueva República de Polonia con la gloria de los luchadores por la libertad. En 1990, volvió a haber clases de religión en los colegios (dando a luz a muchas polémicas posteriores). Pronto comenzó la lucha por una ley del aborto (en el periodo comunista se empleaba más bien como un anticonceptivo más); ahora es posible bajo los mismos tres supuestos que en España; pero, en la práctica, aunque el aborto quede amparado por la ley, resulta muy difícil encontrar un médico que lo prescriba y otro que lo lleve a cabo sin alegar la cláusula de conciencia. Esto ha producido un floreciente negocio de abortos clandestinos. Ninguna fuerza política consolidada sacará el tema del matrimonio gay por miedo a la posible reacción de la Iglesia.

Pero lo que ha quedado en discusión ahora es la devolución de las propiedades que la Iglesia perdió durante el periodo comunista. Desde 1991, la Comisión Estatal trabaja a partir de las solicitudes de las parroquias y órdenes. No habría ningún problema si las propiedades pudieran ser devueltas, pero, tras la nacionalización, solían ser destinadas a uso público y ahora no pueden ser devueltas. Así que los solicitantes buscan otra propiedad del Estado de valor similar a la perdida y la piden a cambio. La reprivatización va mucho más despacio para los otros propietarios. Un experto de los solicitantes tasa el valor de la zona, al Comisión no lo comprueba y otorga la propiedad sin informar a otras partes interesadas, como las autoridades locales, sobre el movimiento antes de ser legal. Y la decisión es inapelable.

En las últimas semanas, algunas ciudades han protestado porque la comisión ha otorgado terrenos en los que planeaban construir, por ejemplo, colegios o comisarías, y porque el valor de los terreno había sido subestimado (en Varsovia, los expertos de la Iglesia tasaron un área en 30 millones de zlotys y las autoridades locales en 240 millones). La ciudad de Cracovia prepara una demanda al Tribunal Constitucional, alegando que la imposibilidad de apelar viola la Constitución. Ya se habla de introducir nuevas normas para el trabajo de la Comisión, como una segunda opinión sobre el valor de la zona e invitar a participar a las autoridades locales y estatales dueñas del suelo. Todo va muy bien, pero llega demasiado tarde: sólo quedan por resolver una décima parte de las solicitudes. Y la Iglesia dice que no existe ningún tipo de conversación al respecto.

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2 comentarios

  1. Espléndido post. Ya era hora de volver!!!

  2. me uno a las palabras de Ángel!

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