La mirada desde Varsovia- Por Julia Zimmermann

¿Cómo gestionar una crisis económica?

 

No hay crisis económica en Polonia. Una constitucional parece ser una opción mucho más interesante. El presidente ha intentado causar el pánico en los mercados alguna que otra vez. Pero como no le ha funcionado, básicamente por las declaraciones de calma del Gobierno, ha dejado el tema y la ha emprendido con otro.

El primer ministro y el Gobierno en pleno se han esforzado desde el principio en asegurar que, de ninguna manera, hay crisis, así que han entrado fácilmente al juego del presidente. Los únicos que están preocupados por la crisis económica son aquellos que tienen créditos en divisas extranjeras, depósitos en el banco o los que han jugado en la bolsa.

Durante las últimas dos semanas, el resto del país ha estado ocupado con el asunto de quién debe encabezar la delegción polaca en la reuniones de la Unión Europea en Bruselas. Tenemos dos posibilidades: o enviamos un equipo de tres personas con el primer ministro [Donald] Tusk al frente, o un equipo de cuatro personas encabezado por el presidente. Finalmente, nuestros líderes políticos han logrado alcanzar una postura intermedia, que consistirá en enviar un equipo de cuatro personas dirigido por el primer ministro con el presidente sonriendo como un maníaco y tratando de mostrar su utilidad en la reunión. Antes, ya habíamos presenciado una extraña lucha por los aviones de la flota oficial y, durante la reunión, el asunto más discutido fue quién se sentaría en el pasillo ¿En qué consiste este circo?

La Constitución polaca de 1997 creó un sistema parlamentario. Pero no uno bien cohesionado. Para entender los obstáculos, hay que conocer la historia de su redacción. Después de la gran victoria de la, hasta entonces, oposición en las parlamentarias de 1989 resultaba evidente que había que redactar una nueva constitución. Uno de los primeros cambios en esa dirección fue la creación de la Oficina del Presidente, en sustitución del Consejo de Estado, un órgano colectivo. Aún no estaba muy claro si Polonia tendría un sistema parlamentario o presidencial, pero, en el entusiasmo que siguió a la recién recobrada democracia, se adoptó una solución típica de un sistema presidencial: elegirlo por decisión popular. 

Y así, Lech Wałęsa se convirtió en el primer presidente de la (Tercera) República de Polonia. Esta elección tuvo un peso muy importante en el proceso posterior de diseño de la nueva constitución. era, y todavía es, un gran partidario del sistema presidencial en Polonia y, durante su mandato, hizo uso de varios trucos legales para acumular el mayor número de competencias posible (este proceso fue llamado falandisación, por el asesor legal del presidente en ese momento, Lech Falandysz). Esto llevó a los miembros del parlamento (dominado durante esta etapa crucial por los herederos del Partido Comunista y sus aliados) enfrascados en la redacción del borrador de la nueva constitución a decantarse de forma casi unánime por un sistema parlamentario.

Sin embargo, las elecciones de 1995 las ganó un representante de los ya mencionados herederos del Partido Comunista, Alexander Kwaśniewski. La redacción de la nueva constitución cambió de rumbo e introdujo inesperadamente nuevas prerrogativas para el presidente. De modo que acabamos con una constitución que obliga al presidente y al primer ministro a colaborar. Esto pareció funcionar durante los dos mandatos de Kwaśniewski, a pesar de que tuvo que cohabitar con primeros ministros o bien de los partidos de derecha o de su mismo partido, pero con los que tenía una mala relación personal, durante buena parte de su mandato.

Pero desde el momento en que el presidente Kaczyński tuvo que cohabitar, quedaron en evidencia las muchas debilidades de este sistema. El último enfrentamiento sólo ha sacado a la luz problemas que estaban resultando cada vez más patentes durante el ultimo año. Por si nadie se había dado cuenta, el presidente había dicho que podía hacer lo que le pareciera oportuno porque había sido elegido por voto popular.

En este momento, la Plataforma Cívica (PO, el partido del primer ministro Tusk) ha iniciado un proceso en el Tribunal Constitucional para obtener una definición clara sobre parte de las competencia del Presidente y del Primer Ministro en política exterior. Esperan aprobar una Ley de Competencias que regule todas las demás esferas de conflicto posibles, pero los últimos eventos han dejado claro que hace falta un cambio constitucional. Esto, sin embargo, no es tan fácil. Primero, porque el proceso es complicado y requeriría el apoyo del PiS, el partido del presidente. Y, en segundo lugar, porque parece que, de momento, el primer ministro Tusk todavía tiene en mente convertirse él mismo en Presidente en 2010, lo que llevaría a una situación similar a la ucraniana.

Pero, aún así, no tenemos que preocuparnos por ninguna crisis económica.

 

Imágenes : Arriba a la derecha, el primer ministro polaco, Donald Tusk (bartheq). El presidente Lech Kaczyński, abajo a la izquierda (Natalia Dobryszycka) 

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