La mirada desde Yereván- Por Azniv Andreasyan

El ‘paraíso’ del cobre

(especial para La mirada al Este desde Alaverdi)

 

No es un milagro cuando el Debed, el río más profundo de Armenia, al norte del país, se vuelve blanco durante la noche y continúa así hasta la mañana. Los habitantes del Valle del Debed saben que se trata de la Planta de Enriquecimiento Minero de Ajtala (PEMA), arrojando sus residuos al río. Han de regar sus jardines y plantas y dar de beber a su ganado del Debed. En algunos lugares, la gente incluso bebe de aquel agua, cavando pequeñas lagunas junto al río, donde el agua se ha filtrado a las corrientes subterráneas ¿Pero logra el suelo purificar el agua de sus metales pesados?

De hecho, la PEMA contaba con una presa para residuos durante la época soviética, situada en el barrio de Svinets, en Alaverdi. Pero era demasiado pequeña para albergar las aguas venenosas de la planta en su totalidad. Así que construyeron otra presa entre la aldeas de Ayrum y Joikan, y los residuos de la fábrica eran trasvasados por una red de conductos hasta ahí. Pero a comienzos de los ’90, cuando la planta metalúrgica fue cerrada, los conductos se volvieron inútiles y fueron desmantelados. Hoy, la planta ha entrado en funcionamiento de nuevo y los dueños de la PEMA, en lugar de reconstruir unos kilómetros de tuberías, han preferido ahorrarse la inversión y verter los residuos directamente al Río Debed…

Esto es sólo una parte del desastre que la industria metalúrgica ha traído a la ciudad de Alaverdi. Más aún, en las tardes de verano, una apenas puede caminar por la calle sin jadear por la asfixia. La razón son las emisiones de los conductos de la fundición de cobre pertenecientes a la Compañía del Programa Armenio del Cobre (PAC). Últimamente, las emisiones exceden 20 veces el límite permitido. El gerente de la empresa, Gagik Arzumanyan, no lo oculta: “Tenemos un problema ecológico muy importante y, si no lo superamos, tendremos que cerrar la fundición”. Pero aunque la idea se ha barajado durante la última década, la fundición sigue en funcionamiento, rompiendo todas las normativas y pagando muy honestamente todas las multas que el Gobierno le impone.

La gente de Alaverdi ya sabe que por las tardes no debe salir a la calle, sino cerrar todas las ventanas y quedarse en casa. Lo aprendieron en los tiempos soviéticos, cuando la factoría ya funcionaba sin ningún tipo de protección. Las montañas que rodean la ciudad estaban negras por entonces: el humo se acumulaba en ellas. Shushan Hovhannisyan, profesora de 50 años de Alaverdi, recuerda las consecuencias que la planta ya tenía por entonces: “Cada vez que me pillaba la lluvia fuera de casa, me agujereaba el nylon de las medias”.

Pero hoy, los problemas causados por una ecología echada a perder son aún más serios: Alaverdi tiene una alta tasa de anormalidades en el nacimiento. Los niños nacen con enfermedades extrañas y muy raras. Pero, desde luego, el Gobierno cuida de la gente de Alaverdyi: en lugar de arreglar el problema ecológico, han decidido caritativamente ayudar a las mujeres embarazadas con niños con malformaciones de una forma más barata y menos desagradable que un aborto. Acaban de ofrecerles una medicina que termina con el embarazo…

Imagen: Fundición de cobre de Alaverdi (Inna Mkhitaryan / Agencia Patker)

 

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