La mirada desde Varsovia- Por Julia Zimmermann

Enterrando la cabeza en la arena

 

Hace unos días, el ministerio polaco de Trabajo y Asuntos Sociales presentó los datos de la segunda ola del proyecto SHARE. La encuesta sobre envejecimiento y jubilación en Europa (SHARE) se centra en distintos aspectos de la vida de los europeos mayores de 50. Polonia ha tomado parte por vez primera, junto a la República Checa, como representante de los nuevos países de la Unión Europea.

La prensa ha aireado enseguida los datos de las cuestiones sobre la jubilación y la disposición a convertirse en pensionista. Más del 60% de los ciudadanos de más de 50 años en Polonia no quiere trabajar. La atención que ha despertado esta parte de la encuesta, se debe a un largo debate acerca de la jubilación y otros asuntos.

Todavía hoy, 65 años es la edad de retiro para los hombres, y 60 para las mujeres. Pero desde hace años, la edad real de jubilación es sustancialmente menor: sólo un tercio de la población entre 50 y 64 años trabaja. La situación podría cambiar pronto, sobre todo el próximo año. En primer lugar porque este es el último año de retiro anticipado, que permite a los hombres de 60 años y a las mujeres de 55 optar por la jubilación. También entra en vigor el nuevo sistema de pensiones, una de las cuatro grandes reformas de 1997 (junto a la educación, salud pública y la Administración). Y en tercer lugar, por demografía: como otros países occidentales, la sociedad polaca adolece de una población en progresivo envejecimiento.

La reforma del sistema de pensiones tendría que haber eliminado la opción de retiro anticipado. El viejo sistema (que coexistirá con el nuevo durante 20 o 30 años más) era del tipo paga mientras envejeces (los impuestos de los trabajadores sirven para pagar las pensiones de los jubilados). El nuevo es una amalgama de sistemas de otras partes del mundo y fue introducido al constatar que, de continuar con el viejo, el sistema haría implosión. Su complejidad queda clara si recordamos que durante los debates en el Sejm (la Cámara Baja polaca), el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales utilizó botellas de agua para explicar cómo funciona. La idea principal es que el dinero del futuro pensionista ya no va a una caja común, sino que es apartado en una cuenta distinta, donde irá creciendo y de donde será tomado más tarde para pagar la pensión.

La idea de retirarse anticipadamente debería parecer menos atractiva por una razón: el sistema está diseñado para que cada año de trabajo cuente más, especialmente tras la edad que permite pensar en retirarse. Desafortunadamente, algunos sectores profesionales tienen el retiro anticipado garantizado por ley, lo que ha llevado a la creación de las pensiones puente, una figura muy parecida a las pensiones anticipadas para las profesiones de especial importancia para el Estado. 

Al menos, ese era el plan. Pero desde que la reforma fue introducida, cada gobierno que ha intentado el número de trabajadores con derecho al retiro anticipado ha fracasado por las protestas masivas que la medida ha levantado. El Gobierno de Plataforma Cívica (PO), que gusta de llamarse conservador-liberal (en lo económico) parecerse verse forzado a tomar medidas porque todas la leyes previas expiran a finales de este año.

Sin embargo, la nueva ley se encuentra en una fase muy temprana de desarrollo, lo que lleva a algunos a pensar que, en un intento de lograr sus metas sin levantar protestas, el Gobierno quiere esperar a que la ley actual expire y nos encontremos sin una ley de recambio. De este modo, la situación de hecho sería que todos contaríamos con los mismos derechos para retirarnos. Pero no es así.

El nuevo sistema de pensiones discrimina a la mujer de un forma muy particular. Si un hombre y una mujer perciben el mismo salario durante su carrera, la mujer recibirá una pensión de dos tercios la del hombre debido a los cinco años de retiro anticipado. El ministro de Trabajo y Política social de Jarosław Kaczyński (2006-2007) (conocido por su incompetencia en el campo) respondió al ser preguntado por esto que Polonia tiene una amplia tradición de abuelitas que cuidan a los nietos mientras las madres trabajan.

Claro está que uno puede pensar que la edad de retiro en la ley sólo es un derecho, uno no tiene porqué retirarse al cumplirla. Pero muchos años de desempleo junto a un incremento en el nivel educativo de los jóvenes han convertido el derecho en una obligación. Además, a medida que la sociedad cambia, las abuelas ya no quieren hacer de niñeras gratuitas, pero sus pensiones son demasiado bajas para vivir como jubilados alemanes. Así que Polonia se enfrentará pronto a un ejército de pensionistas aburridos y con bastante energía.

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