La mirada desde Varsovia- Por Julia Zimmermann

Osetia, el bastión de Polonia

Desde que estalló la guerra de Georgia en Polonia… La situación en Polonia continúa siendo la misma lucha por el Poder entre el presidente Kaczyński y el primer ministro Tusk.

Esta vez, el punto de arranque de la eterna pelea parece claro; los polacos apoyan a cualquier nación en guerra con Rusia. La solidaridad con Chechenia era corriente en su día y tan importante para los políticos que incluso hay una rotonda en Varsovia en honor a Dzojar Dudáyev, el primer presidente de Chechenia (a pesar de las protestas de la embajada rusa). El apoyo a la Revolución Naranja en Ucrania fue muy fuerte y no sólo se tradujo en una fuerte implicación del entonces presidente, Aleksander Kwaśniewski, en la mediación entre el Bando Naranja y el Bando Azul. Mucha gente corriente salió a la calle a manifestar su opinión sobre la situación en Ucrania, especialmente gente joven, plantaron un campamento frente a la embajada rusa y muchos se fueron a Ucrania. Toda revolución no violenta que después comenzara en Europa y en los países post-soviéticos, incluyendo la Revolución de las Rosas georgiana, fue recibida con el mismo entusiasmo, y por exactamente la misma razón: todas fueron consideradas antirusas.

Este aparente automatismo antirruso de la sociedad polaca, expresado claramente por casi todo el espectro político puede crear la falsa imagen de una nación completamente rusófoba. Las declaraciones del primer ministro del PiS (Ley y Justicia), el partido que gobernó entre 2005 y 2007 y cuyo candidato a la presidencia ganó las elecciones de 2005, tenían un componente xenófobo evidente, con tendencias sobre todo rusófobas y germanófobas. Sin embargo la forma en que expresaron esas fobias en la diplomacia, que llevo a un enfriamiento de las relaciones con Alemania y casi congeló las relaciones con Rusia, fue una de las razones por las que perdieron las elecciones legislativas de 2007. A pesar de que en la historia polaca, Rusia ha logrado el título de opresor maximo (disputado a veces por Alemania), esto nunca fue motivo de odio hacia el pueblo ruso. De hecho, el mercado ruso, después de 50 años interdependencia con el bloque soviético, se ha convertido en una pieza fundamental para varias ramas de la economía polaca. Las tensiones entre Polonia y Rusia desde 1989 llevaron a situaciones como el embargo ruso a la carne o la fruta polaca y forzaron a muchos a buscar otros mercados, pero esto no alteró el cuadro general.

Cuando estalló la guerra en Georgia, las victorias georgianas del principio no levantaron mucho interés: un país amigo recupera unos territorios separados ilegalmente hace unos años después de una provocación militar. La rapidez de la victoria georgiana era sorprendente, tal vez un tanto sospechosa, pero eso era todo. Cuando la situación cambió y las tropas rusas comenzaron a tomar el país con una rapidez igualmente sospechosa, la guerra se convirtió en una de las noticas más importantes en Polonia. La embajada polaca en Tbilisi fue el principal organizador de la evacuación de civiles de la Unión Europea.

El presidente Kaczyński, junto a los presidentes de Estonia, Letonia, Lituania y Ucrania fue a Georgia a mostrar el apoyo de sus países al pequeño país oprimido por el oso ruso. La idea de un viaje triunfal al Cáucaso nacida en el gabinete del presidente se convirtió en una comedia desde el primer momento de su puesta en escena. Primero, la flota aérea del gobierno polaco se encuentra en condiciones lamentables desde hace años, lo que en alguna ocasión lleva al aterriazaje imprevisto de alguna delegación oficial para reparar el avión. En un primer momento, sólo disponían de un aparato listo para volar, y había sido usado para la evacuación ya mencionada. Esto llevó a una pelea entre el presidente y el primer ministro por el único avión que funcionaba. 

Entonces pensaron que poner a tantos jefes de estado en un mismo avión era demasiado peligroso. Finalmente, el primer ministro cedió el avión y envió también al ministro de Asuntos Exteriores, Radek Sikorski. Lech Kaczyński, cuya antipatía mutua con Sikorski es bien conocida, no dejó pasar la oportunidad de informar a los periodistas reunidos en el aeropuerto de su sorpresa por la compañía del ministro. Era evidente que la razón por la que habían enviado a Sikorski era para mantener el control de la diplomacia durante la visita presidencial. Y parecía una buena idea hasta el discurso del presidente el día 12 de agosto en Tbilisi, evocando la imagen de Rusia atacando a sus países vecinos uno a uno, comenzando con Georgia y terminando con Polonia. El presidente dijo “firmemente no” a este plan en nombre de todos los presidentes reunidos ante la multitud de georgianos congregados en la calle. El ministro Sikorski sólo pudo quedarse tras el escenario maldiciendo entre dientes.

En Polonia, la gente comenzó a bromear sobre la falta de petróleo y gas para el día siguiente. Hay algunos que consideran este discurso el mejor de Kaczyński desde que llegó al poder. La mayoría cree que el viaje no fue más que una provocacion innecesaria a Rusia, según las encuestas, aunque una mayoría similar apoya a los georgianos. Las noticias sobre los soldados rusos robando en las zonas ocupadas trajeron a la memoria nacional al Ejército Rojo saqueándolo todo en su marcha hacia Berlín. El presidente todavía trata de desempeñar el papel de líder de los países del Este de Europa; desafortuandamente, todavía tiene que competir con un primer ministro que tiene una visión completamente distinta de la diplomacia y su propio papel en ella. 

Este problema volvió en los ultimos días durante la preparación de la cumbre de la UE sobre Georgia (que tiene lugar hoy) donde el presidente, acompañado del primer ministro y el ministro de Asuntos Exteriores, deberá presentar supuestamente la postura del gobierno polaco… Si tan sólo sus asistentes más cercanos no sugirieran que todo podría cambiar durante la cumbre.

La postura del gobierno (centrarse en la ayuda a Georgia) no coincide con las encuestas (sanciones económicas contra Rusia) y el presidente ya mostró en Tbilisi que lo que realmente le importa es el aplauso de la multitud, aunque probablemente nunca vuelva a hablar ante tanta gente de nuevo. A no ser que comience una nueva guerra con Rusia, sólo que en ese caso los aplausos de la multitud son, más bien, poco probables.

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